12 junio, 2026
Dos palabras lo expresan todo: “Tesoros perdidos”. Madres que no se rajan con sus manos curtidas de tanto escarbar buscan entre 133 mil desaparecidos en México a 75 de sus hijos en Sinaloa.
Su inquebrantable fe es su único bálsamo y su único consuelo. Casi a diario rascan con esa pala para encontrarlos entre los muertos.
Un tendedero con nombres yace sobre el suelo de ese malecón del bello Mazatlán, la del Paseo del Centenario.
El sonido de la tambora, de la algarabía de las iconicas pulmonías se entrelazan con esas lagrimas perpetuas.
Su pesar tiene nombre, apellido, y más aún su ADN.
Es Sinaloa, un lugar golpeado por la violencia, por ese horripilante tatuaje de la muerte. Estoy aquí, en medio del sufrimiento rodeado madres afligidas.
Es sábado seis de junio de 2026, y un rostro cubierto atrapaba mi atención. Entre la sinfonía del mar una mujer con el rostro cubierto clamaba ayuda.
Con su altavoz llamaba a la ciudadanía a no ser indiferente, y se enfrentaba a los dueños de la apatía, mientras que agradecía a uno que otro solidario.
Un colectivo se cruzaba entre los vehículos y extendía una lona blanca, y consigo diez fotografías con nombres. Ahí, las desaparecidas y desaparecidos.
Los rayos del sol caían a plomo, y empapadas en sudor pedían minuto a minuto misericordia, un acto de amor por Dios, y así mitigar su sufrimiento.
En nuestro país desparecen entre 40 y 90 personas a diario, revelan los colectivos, una suma que le cala al gobierno federal, y la maquilla.
De acuerdo con las cifras oficiales al 30 de septiembre de 2025, había en la República Mexicana 133 mil 862 personas desaparecidas.
Adiós al pesimismo…
En una de las lonas aparecía una frase: “Si no los busco yo, no los busca nadie”.
Y es ahí, donde los colectivos de madres buscadoras de Sinaloa señalan que el Estado mexicano, no dedica recursos económicos, ni materiales menos humanos para la búsqueda.
Tampoco garantiza la protección de ellas mismas frente a esa delincuencia que crece, que se reproduce, que recluta y asesina.
De Rubén Rocha Moya, se expresan con sumo coraje.
Lo consideran el peor gobernante de ese estado norteño, y que en su larga lista de acusaciones también está la de las desapariciones.
Y en esos campos de terror ellas siguen buscando a David Ezequiel, Gabriel Hernández, Juan Luis Ribe, César Aarón Beltrán, Alan Moreno, Alex Peláez, Daniel Rivas, Moisés Ramírez, Ismael Martínez y a 65 jóvenes más.
Las fechas, los años, la fisonomía, la vestimenta yacen impresas sobre ese mismo tendedero con leyendas bíblicas en ese territorio narco.
Salmo 91: “El que habita en el abrigo del altisimo morara sobre la sombra del omnipotente”.
Un peso es esperanza…
“Tesoros Perdidos Hasta Encontrarlos”, es un grupo de madres y familiares buscadores en Mazatlán, dedicado a la localización de personas desaparecidas.
Fundado por Irma Arellanes Hernández, el colectivo realiza búsquedas en fosas clandestinas, y actividades para visibilizar esta crisis.
El mismo día en que denunció ante la fiscalía la desaparición de su hijo Irma conoció a otras mujeres que atravesaban por esa desgarradora situación, y decidieron agruparse.
Ante la escasez de fondos, ellas suelen organizar colectas públicas (“boteos”) desde 2017, en lugares turísticos como las “Letras de Mazatlán” para financiar sus expediciones.
Ellas piden un dron para facilitar sus rastreos y el gobierno, la propia suerte se los han negado, eso declaró Irma a los reporteros.
Un peso de los comunicadores solidarios selló esa dramática entrevista.
A principios de junio, y con el apoyo de autoridades recuperaron cinco osamentas humanas en una fosa clandestina, ubicada en el municipio de Rosario al sur de Sinaloa.
La prensa sinaloense destacó que tal hallazgo se dio entre explosivos, en un campo minado, y que fueron desactivados por militares.
En el lugar había ropa táctica y una identificación de un colombiano. Esa es la tremenda situación en el bastión del ahora dividido Cartel de Sinaloa.
Justo en ese lugar del país donde “La Chapiza” y “La Mayiza”, se disputan el control de ese cártel, y de las múltiples plazas de distribución de droga.
Y más allá solo buscan perpetuar el poderío de dos capos de capos Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada. Hoy encarcelados en EEUU.
El mural de la protesta
Y sobre un balón conmemorativo del Mundial de Fútbol 2026 quedó tapizado con puro nombre de desaparecidas.
Incluso, originó que una hermana buscadora fuera detenida dos días antes de mi llegada a Mazatlán.
La razón fue porque esa pelota era propiedad privada.
Eso motivó a que Nadia Berelleza fuera encarcelada solo por expresar su dolor.
Lo mismo las letras monumentales de Mazatlán fueron cubiertas con fichas de búsqueda de mujeres y hombres desaparecidos, enfundados en un jersey de la selección mexicana.
México#UnEstadioDeDesaparecidxs #LaCopaSinEllxs”, son los hashtag que aparecían abajo de cada fotografía pegada.
¿Dónde están?…
Y son esas mismas madres las que lloran, las que guardan energía, las que excavan, las que desafían a criminales, las que depositan su fe en un crucifijo sin soltarlo.
Son ellas, las que respiran profundo frente a ese mar dorado -en muchas de esas tardes- sobre esa puesta de un sol brillante cobijando un nuevo mañana.
Y cómo dice esa canción de Rubén Blades “Desapariciones”:
“¿Adónde van los desaparecidos?…
Busca en el agua y en los matorrales.
¿Y por qué es que se desaparecen?…
Porque no todos somos iguales.
¿Y cuándo vuelve el desaparecido?…
Cada vez que los trae el pensamiento.
¿Cómo se le habla al desaparecido?…
Con la emoción apretando por dentro”.
“¡Por favor!… que alguien me diga que ha visto a mi hijo…
Es estudiante de medicina. Se llama Agustín, y es un buen muchacho a veces es terco cuando opina, lo han detenido, no sé que fuerza”.
Ambas estrofas estremecen al escucharlas, pero también narran esa mendiga y cruelísima realidad.
Ellas se siguen preguntado: ¿Por qué se los llevaron?… ¿Formaban parte de esos grupos criminales?… ¿Los obligaron?…
¿Los mataron por alzar la voz?… ¿Los confundieron con alguien?… ¿Se las llevaron padrotes?… ¿Se convirtieron en sicarias o sicarios?…
Y la pregunta más recurrente, la que golpea las dudas, los temores y la propia conciencia es: ¿Dónde están?…
Un río de preguntas, y escasas respuestas.
El secuestro, la trata, la extorsión y ahora el abuso hasta con migrantes se han convertido en una industria rentable para los grupos criminales, con participación o tolerancia de las autoridades, según la CNDH.
En definitiva los colectivos afirman que se vive una crisis humanitaria en México sin precedentes
Y que protestar a favor de las y los desaparecidos tiene un alto costo, la vida para encontrar la muerte.
Y esas madres sinaloenses como muchas mexicanas no han parado de buscar en todo el país a sus familiares,
Han contabilizado 3 mil 516 fosas con 8 mil 341 cuerpos, y más de 52 mil restos humanos.
Ese es el nivel de la degradación social, y son ellas las que no se rajan, menos se rinden frente a ese tormento de la barbarie.
Son rostros que dejaron de sonreír, y manos que se agrietaron por clavar un pico o una pala en esas fosas clandestinas.
En ácido y bajo tierra
“A primera vista parecen trozos de roca marrón.
Pero el polvo y arena que las cubren esconden su terrible origen: lo que parecen piedras son restos de grasa humana, huesos y dientes de un número desconocido de personas que fueron disueltas en barriles con ácido, sosa y otras sustancias químicas.
Pertenecen a personas desaparecidas en Tijuana, Baja California, durante los primeros años de la guerra contra el narcotráfico en México.
Quedaron convertidos en una mezcla líquida que se depositó en aljibes, donde permanecieron varios años hasta que los encontraron familiares de las víctimas.
La mayor parte está bajo tierra”, relata un reportaje del periodista Alberto Nájar de la BBC News publicado en el 2014. La otra cara del infierno.
El abrazo y la fe
Son las 23:00 horas y las integrantes de “Tesoros Perdidos Hasta Encontrarlos” dan por concluido un día más de colecta.
Y justo atrás de esas enormes letras Irma, Josefina, Patricia, Obdulia, Mónica, Mercedes, Teresa, se dan un abrazo fraterno y consolador.
Mientras esas olas danzarinas se funden entre las rocas, y esa arena cobriza. Un soneto para el alma.
Un beso, y una oración de todas ellas queda en el libreto de ese malecón, en el rosario de su propia esperanza.
Sí, en espera de un nuevo mañana, aunque de por medio esté su propia existencia.
Mientras los turistas disfrutan de la música de banda, ellas tienen la mirada perdida entre el asedio de “halcones”, de militares y de la Guardia Nacional.
En esa lista la de la muerte, Amnistía Internacional documenta que en 2022 fue asesinada la sinaloense, Rosario Lilián Rodríguez, al igual que otras 15 madres buscadoras en México.
Las amenazas, los ataques, el acoso y la extorsión las persiguen, pero están decididas a ir a las propias tinieblas a buscar a sus hijas e hijos.
Un claro mensaje…
Doña Vicky Ponce, la madre que se arrodilló frente a granaderos durante la inauguración del Mundial de Fútbol le mandó un claro mensaje en X a la mujer del poder omnipotente.
“Presidenta Claudia Sheinbaum, apenas regresé a casa, al lugar que nunca debió convertirse en punto de partida para salir a buscar a mi hijo.
Pero quiero decir algo sobre lo que expresó de nosotras ayer en ‘La Mañanera’.
Le pido que no deje que las autoridades se distraigan investigando cómo le hicimos para ir a la CDMX, yo le digo:
Llegamos de la misma forma que llegamos a cada búsqueda: con los pesos contados, cansadas, con hambre, rezando y sin saber si comeremos.
Pero ahí estábamos, en la ciudad capital luchando como cada día.
Ahora que lo sabe, pídale a la Fiscalía (General de la República) por favor, que en lugar de perder tiempo para saber cómo llegamos, se ponga a investigar cómo se fueron nuestros hijos”.
Y aquella mujer, la presidenta de México, la que se sienta en la Silla del Águila, la que expresó haciendo un rictus de su ego dijo apenas en mayo:
“Soy mamá, soy abuela, soy ama de casa y por voluntad del pueblo de México soy comandante en jefe de las Fuerzas Armadas”, nunca escuchó a la señora Vicky.
No hubo consuelo para sus lágrimas, un mar de llanto.
“¿No llego sola, llegamos todas?”… cómo no recordar esa frase de Sheinbaum cuando asumió el mismísimo poder, ya con la banda presidencial, el primero de octubre de 2024.
Ese mismo día también pidió ser nombrada ‘presidenta, con A’. “Por las que lucharon por sus sueños y no lo lograron”, parafraseó.
Vaya ironía, vaya sororidad.
Tal pareciera que a Claudia no le interesa lo que Amnistía Internacional haya investigado.
Lo que una madre buscadora está sujeta ante una desaparición.
Precisamente a la depresión, al insomnio, al deterioro de su salud, al propio fantasma del miedo.
Además, a la morenista quizá no le interese que esas mujeres que en su vientre llevaron al amor de su vida pierdan recursos económicos.
Y que hayan padecido deterioro en sus relaciones familiares, sufrido amenazas verbales o por escrito, o bien padecido discriminación, corrupción, extorsión, despido, renuncia o pérdida de empleo.
Quizá a la jefa del Ejecutivo tampoco no le importe que esas madres buscadoras sean atacadas en las redes sociales y que sean acosadas por las autoridades.
Menos le podría interesar que esas mujeres sufran la pérdida de sus casas, que tengan accidentes en las expediciones, y al mismo desplazamiento forzado.
O menos no le interese que sean presas de la tortura o del secuestro en este México, el de infinitos contrastes, el país que gobierna.
A pico y pala…
Un réquiem por aquellas madres que fueron asesinadas, y aliento para las que siguen escarbando, moviendo cada piedra, cada hierba para encontrar a sus hijas o hijos.
Ellas son las mujeres que ni se rajan, que ni se acongojan, son las hijas de Dios, y que deben cumplir su misión.
Ah, y no solamente son madres sino también esposas, abuelas, hermanas o hijas quienes lideran las búsquedas.
Ellas son las personas las que se enfrentan a la estigmatización y a la revictimización de la autoridad y de la propia sociedad.
Ellas son las mujeres buscadoras, y que su inmenso amor sea su único idioma.
Vida y fuerza para las que no dejan de luchar. Un amén para las que no se quedaron en el intento, y en cuya sepultura está una cruz.
Buscaron con o sin miedo; sí, sin miedo o con miedo no dejaron de buscar.
Y como periodista me quedo con el retrato de Catalina. Su expresión me quebró por dentro.
Esa mujer sesentona, de pelo entrecano, y de la mirada perdida.
Ella dobló su lona ya desgastada, y con su mirada perdida se fue caminando lentamente.
Y se perdió entre la gente, en esa noche de primavera, sin despedirse de nadie.
Cargando su propia pena, ya encorvada, escuchando las olas del mar del pacífico donde ese faro dejó de alumbrar y mi ojos la perdieron.
Hoy y siempre, todos los caminos algún día se volverán a reencontrar, madres e hijos, y esta vez será por siempre, y para siempre. En el juicio final.
O bien vivas y vivos, con la venía del eterno.
Solamente, una madre ama.
¡Sí, definitivamente!…