16 febrero, 2016
Con una práctica odiosa como es el acarreo de personas, el Partido Alianza Ciudadana realizó su proceso interno de selección de candidatos a cargos de elección popular.
Sin duda, prácticas como ésta no sólo no aportan ni un gramo de civilidad política a nuestra incipiente democracia; por el contrario, la daña.
Máxime cuando el proceso no es más que una vergonzosa y descarada pantalla para justificar lo injustificable: la imposición de candidatos.
La maniobra, burda per se, revela que al interior de dicho instituto existe de todo, menos una democracia abierta y transparente.
El adjetivo no es gratuito; los hechos son contundentes, inobjetables: desde la madrugada del domingo, los “acarreados”, permanecieron fuera de los centro de votación.
Si bien es cierto que se trata de un proceso interno que incumbe directamente a los militantes y simpatizantes del partido, el hecho debe alertar a los tlaxcaltecas en general.
Pues con prácticas como éstas, está claro que no se detendrán para realizar prácticas similares durante el proceso constitucional.
Queda la duda, sin embargo, sobre la eficacia del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones, que no fijado su postura al respecto.
Y sobre el punto se hará urgente que se establezcan los candados necesarios a la elección de este año, para no contaminar una jornada que debe ser limpia y transparente.
De otra manera, se estará dando justificación a uno de los argumentos ciudadanos para no participar en las elecciones: “todos son unos transas”, y “siempre hacen lo mismo”.
Las dirigencias de los partidos tendrían que entender una regla de la política: concentraciones multitudinarias, basadas en acarreos, ya son obsoletas para generar una percepción ciudadana.
Los electores del nuevo milenio reclaman, sobre todo, un actuar ético, legal, de quienes aspiran a un cargo de elección popular. Pero, como reza la conseja popular: “en el pecado llevarán la penitencia”.