28 mayo, 2015
Minutos antes de que presumiera el líder nacional del PRI, César Camacho Quiroz que la maquinaria de su partido estaba bien afinada para una gran movilización electoral el próximo siete de junio en lo alto las nubes estaban más que bravas.
En su arenga, el dirigente llamabaa la tropa del tricolor, a consumar el “carro completo”; presumió una y otra vez a sus tres gallos, pero tampoco quiso toparlos con los opositores.
En el Centro Vacacional El Chatlal, del municipio de Zacatelco, una parvada de militantes evocaba un triunfo que no está muy claro. Y allá en el cielo aquellas nubes grisáceas advertían algo más que una pertinaz lluvia.
Y qué decir de Camacho Quiroz, dueño de la escena, mientras que Ricardo García Portilla, abanderado por el tercer distrito con su sonrisa de par en par; no le importaba que en su dentadura llevara los rasgos del fenómeno del cebollazo.
En el telón también estaba aquel dirigente estatal, Marco Antonio Mena que había dicho ya que el “olor a la derrota le abruma a la oposición”. Su protagonismo lo llevaba a cometer exabruptos en su aburrido, repetitivo, novelesco, dramático y cantinflesco discurso.
Mientras que allá abajo los tacos de canasta, el mole poblano y los “chescos” ya se habían acabado. En este lugar, el olor de la derrota no aparecía todavía, pero si el de las salsas verde y roja regadas sobre las mesas.
Y allá afuera había estacionados decenas de autobuses como parte de la escena de aquel ritual de las campañas electorales. La creación de la longeva “dictadura perfecta”.
Alrededor de las 16:45 horas, un viento frío soplaba bajo esos rostros regordetes de hombres y mujeres, de ese ejército de priístas. Y no podía faltar el glamour de las diputadas y alcaldesas con sus zapatos de tacón, así como las nenas se ven mejor.
Y por fin acababa, el desnutrido mitin priísta y el dirigente nacional era atrapado por un grupo de reporteros “sagaces” que al final de cuentas no les decía nada de interés. Así fueron las preguntas, así fueron las respuestas.
Después, aparecieron las selfies con el líder del CEN del PRI, y García Portilla, olvidó ser abanderado y se convertía en el “body guard”, en un chico malo. Bueno, andaba destapado el “candidatazo”.
Y lo único que no podía aparentar el originario de Calpulapan era una sonrisa por demás fingida. Había que salir que salir feliz, más que feliz “pal face”. Sin más, un manto de agua bravía azotaba ese lugar y don César quedaba atrapado bajo la intrépida lluvia.
Mientras que un chalán desataba una lona para que César emprendiera la huida rumbo a la capital. A unos cuántos metros estaba una camioneta último modelo, modelo Suburban, marcha Chevrolet, color negro, impecable.
Y el dirigente huía de ese lugar y pronto se perdería entre la nublada tarde de primavera. Mientras que el campo deportivo se convertía en un río. Un reportero le decía a otro en tono picudo ¡ah chinga!… ¿Cuál maquinaria afinada, mírala se está ahogando!…
En los jardines de ese centro vacacional y la calle principal, el ejército del PRI estaba atrapado y desesperado. Los protocolos de protección civil jamás aparecieron.
Ancianas y ancianas, adultos, niñas y niños quedaban atrapados en el agua que subió al menos 35 centímetros. El glamour de las diputadas y las alcaldesas se perdía. El peinado de salón de belleza totalmente desparramado. Sus zapatos de tacón de poco servían y eran las chichas bien “cool” ciudadanos igual que los demás.
Y esa maquinaria media ahogada en los campos elíseos de Zacatelco siempre se acordará que la crema y nata del priísmo salió en carros de lujo, sin mojarse y con una chamarra de marca y la verdadera tropa entre agua fría y escandalosa, pero con la camiseta mojada pero bien puesta.
Así, fue esta tarde fría de eternos contrastes entre la familia priísta a diez días de las eleciones del siete de julio. Poco a poco se perdía ese pelotón mojado entre los camiones de clase popular. Ese es el PRI.