17 febrero, 2016
Los partidos políticos en Tlaxcala viven una severa crisis. Sin distingo de credos o colores, esas instituciones están a punto del colapso.
La más reciente muestra de debilitamiento se refleja en el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), donde alrededor de tres mil simpatizantes renunciaron a ese organismo.
En el Partido de la Revolución Democrática las cosas no están mejor, pues ahí, aunque no hay desbandada si existe una acendrada división que pinta un futuro gris para el PRD.
Apenas ayer se comentó en este espacio sobre las prácticas desleales y amañadas como la imposición de candidatos en el Partido Alianza Ciudadana.
Desde las entrañas del PRI, se vislumbran también divisiones debido a que se practica la imposición, el amiguismo y el compadrazgo.
Para el PAN, donde se simula una ficticia unidad, los riesgos de escisiones pueden llevar a la debacle en ese instituto.
Qué se puede decir de la llamada “chiquillada”, que de plano prefirió aprovechar la inercia del PRI y sumarse en la búsqueda de espacios.
Bien valdría reflexionar sobre lo dicho por Israel Campos Montiel, del llamado Movimiento Popular Socialista (MPS): “ningún partido político es digno de confianza”.
No es la primera ocasión que se hace hincapié, desde este espacio, sobre la falta de credibilidad que tienen los partidos a causa de prácticas desaseadas.
La causa del hartazgo lo refleja muy bien Campos Montiel: “se ha prostituido los ideales de la gente” (sic), que sólo es usada para sumar votos, pero no para atender sus problemas.
El cansancio que aducen los miembros del MPS sobre el daño que los partidos producen en la sociedad, debería ser suficiente para corregir el rumbo.
Y, sin embargo, estamos en el justo momento en que salgan a la luz las peores prácticas que desde los partidos políticos provocan en vorágine el desencanto ciudadano.
La desilusión está presente. Y depende de los partidos revertir esa percepción ciudadana. O estaremos frente a unas elecciones cuestionadas.
El problema es que a mayor grado de cuestionamiento, los triunfadores en las elecciones difícilmente tendrán legitimidad. Y será más difícil recuperar la confianza ciudadana.