16 agosto, 2015
La división interna del Partido Movimiento de Regeneración Nacional en Tlaxcala, es inobjetable, contundente y hasta determinante para el 2018.
En su gira por Tlaxcala, el líder moral de Morena, Andrés Manuel López Obrador, se placeó con la Senadora Martha Palafox Gutiérrez.
El objetivo era sencillo promover la imagen de la legisladora con una figura sui géneris: “única promotora nacional de la soberanía en Tlaxcala”.
Dicha figura es interpretada por la clase política, como la “ungida” del líder moral de Morena para convertirla en candidata al gobierno de Tlaxcala por ese partido.
La división la evidencian dos hechos: la ausencia en los mítines del dirigente estatal de ese instituto en Tlaxcala, Joel Bonilla, y el abucheo del que fue objeto Martha Palafox.
Frente a este escenario, de enfrentamiento directo entre la dirigencia estatal y la nacional, probablemente será escaso el tiempo para arreglar las diferencias.
En consecuencia, peligra la posibilidad de un triunfo real por una de las llamadas “izquierdas” tlaxcaltecas, con lo que se allanaría el camino en favor del PRD.
Esa posibilidad se materializa cuando el ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya se opone a la candidatura de Martha Palafox para privilegiar la de Maricarmen Ramírez.
Sumemos la designación, desde la dirigencia estatal de otros dos promotores de la soberanía nacional en Tlaxcala, Edilberto Algredo Jaramillo y Nieves Roldán Rodríguez.
Frente a este escenario y contra lo que muchos “morenos” llamaron “imposición”, Martha Palafox debe “tejer muy fino” si realmente quiere la candidatura.
El juego de la sucesión se va aclarando y empieza a tomar forma clara y concreta.
Morena en Tlaxcala está seriamente lastimada y requiere cirugía mayor, porque ni los mejoralitos ni los cataplasmas servirán para consolidar los resultados de 2015.
El 2018 pinta con características diferentes a 2015. Y Morena tiene grandes riesgos de caer en la carrera partidista.
A menos que… se privilegie la unidad y se deseche la imposición.