09 julio, 2015
* Peña Nieto escuchó conversaciones tenidas por secretas.
JAVIER CONDE
La XLIX Asamblea Ordinaria de la Conferencia Nacional de Gobernadores, se convirtió en el escenario, en un escaparate idóneo para aquellos que suspiran a diversos cargos de elección popular en 2016 y 2018, pero también fue un montículo de encuentros y desencuentros.
Entre un mar de apariencias, políticos de diversos partidos aprovecharon la estancia del presidente Enrique Peña Nieto, y de algunos gobernadores populares para lograr una selfie y hasta conversaciones en corto.
Lo cierto, es que el Centro de Convenciones de Tlaxcala, no sólo fue un búnker totalmente blindado por las fuerzas militares sino un pasillo para desfilar en la arrogancia del poder.
La plana mayor del gabinete presidencial se instauró en las faldas donde habita el espíritu democrático de los IV Señoríos: Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuixtlán.
El marco fue perfecto para algunos, toda vez que buscaron ese momento para sostener conversaciones tenidas por secretas y por secretas se quedaron.
Al propio Peña Nieto varios políticos se le acercaron para tomarse una fotografía como el diputado local del PRD, Tomás Orea Albarrán, quien estaba visiblemente emocionado.
Presuroso, el legislador y ex candidato a la diputación federal sacó entre sus bolsos un teléfono móvil para lograr una imagen con el mandatario federal. Sonriente, saludó a Peña Nieto y éste lo secundó al tiempo de decirle: “¡Con gusto!”…
Mientras que en la primera fila estaban los invitados especiales: Los júniors. Mariano y Mariana. Hombres de negocios. El alcalde capitalino, Adolfo Escobar Jardínez. Los representantes de los poderes Legislativo y Judicial, Roberto Zamora Gracia y Elsa Cordero Martínez.
En la segunda fila, instaurado el cuarto poder. Los directores de varios medios de comunicación, ahí presentes, cautelosos y una fila atrás los diputados locales del PRI, PAN, PRD y del PAC. Ellas con sus peinados estilados, como de salón de belleza y ellos bien trajeados.
Y en esta ocasión, todos los diputados sí fueron tratados como lo que son, representantes populares, y no como ocurrió en la penúltima visita del hombre de la investidura presidencial a Tlaxcala. Cómo olvidar su protesta y la flaqueza de su fuero.
Y cuando Peña Nieto caminó por dos pasillos los gobernadores de Puebla, Rafael Moreno Valle; de Chihuahua César Duarte Jáquez; de Aguascalientes, Carlos Lozano de la Torre; de Chiapas, Manuel Velasco Coello, de Chiapas y el jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Macera, estaban expectantes.
Un exquisito escenario…
En ese lugar, cuidadosamente diseñado con exquisitos fondos de los murales de Cacaxtla y con aquel Santuario de las Luciérnagas de Nanacamilpa desfilaba el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y otros integrantes del gabinete presidencial.
Y en medio de la pasarela un dedo pulgar no le paraba de tomar fotos a Rafael Moreno Valle, de mostrar su amorío azul. Una y otra vez, el legislador estaba ahí pegado a su aparato telefónico. Estaba emocionado por estar en primera fila.
Sin embargo, el origen de la cuna le ganó. Cuando observó al mandatario federal, aquel priísta montado en la Silla de Águila tomó foto tras foto. Roberto Zamora Gracia, regresaba los ojos al origen y movía rescoldos; quizás rememoró aquel momento en que decidió desertar.
El exmilitante del tricolor desparramaba emoción y le rendía culto al poder presidencial, mientras que Rafael Moreno Valle, el suspirante para el 2018, quedaba pensativo y viendo todos movimientos del Estado Mayor Presidencial y del mismísimo Jefe del Ejecutivo Federal.
Octavio Paz, en su libro “El Laberinto de la Soledad” dice que todo presidente de la República tiene poderes inmensos pero no puede ocupar el puesto sino una sola vez; el poder que ejerce le viene de su investidura y también desaparece con ella.
¿ La maestra Canuta?…
Y qué decir de Mariano González Zarur, tenía formados a sus tres diputados federales, Rosalinda Muñoz Sánchez, Anabel Alvarado Varela y a Ricardo García Portilla. La del distrito dos, ataviada con una rara vestimenta, así como de la maestra Canuta, aquel personaje de la televisión mexicana.
A los tres los colocaron cautelosamente al filo del pasillo para estrechar la mano de presidente y agradecerle el privilegio de haber ganado y para ratificar su lealtad como meros soldados del PRI.
A éste cronista también le hacia recordar lo que el mismo Octavio Paz, describe en este magistral ensayo “El Laberinto de la Soledad”:
“El PRI, es una escuela, un laboratorio y un cedazo de dirigentes políticos y gobernantes; los métodos de promoción son los mismos que en todas las burocracias, para ascender se requiere disciplina, espíritu de cuerpo, respeto de las jerarquías, soportar de todo y tener energía despiadada”.
Y en medio de la algarabía, de los aplausos, de los buenos deseos, de los encuentros y desencuentros estaban en este sitio algunos de los que suspiran a un cargo de elección popular para las elecciones de 2016 y 2018.
Los caminos de la democracia…
Y sin perder la sonrisa, los que aspiran a ser gobernadores como Adolfo Escobar Jardínez, alcalde de Tlaxcala y la diputada federal, Guadalupe Sánchez Santiago a todo mundo saludaban. Sonrisas fingidas pero finalmente sonrisas.
Entre hombres de dinero y del poder, la nueva clase política estaba ahí presente. Los que desean ser parte del nuevo relevo generacional querían apantallar y lo hicieron. Hombres y mujeres, jóvenes todos ellos se mezclaban en ese mar de apariencias.
De ser una asamblea más, la reunión de la Conago se convirtió en el marco perfecto para que algunos se placearan como el caso de los diputados y diputadas que buscan convertirse en aspirantes a alcaldes.
Los que buscaron un espacio con Moreno Valle fueron los diputados panistas Julio César Álvarez Mejía, Humberto Macías Romero, Roberto Zamora Gracia y María de Lourdes Huerta Bretón. La misma coyuntura política los obligaban a disciplinarse y estar entre la izquierda y el centro.
Y qué decir de los perredistas, los grandes perdedores de la elección federal y de la reforma electoral, estaban ahí formados. Estaban juntos pero no revueltos.
Por un instante se olvidaron de aquel cólera por haber sido vapuleados en las recientes elecciones federales y en la mismísima reforma electoral.
La engreída Eréndira Jiménez Montiel, sola con su soledad, allá en el centro del salón. Y qué decir de Salvador Méndez Acametitla, inquieto pensando en cómo llegar a Miguel Ángel Mancera. Sin embargo, era imposible penetrar en medio de esa muralla humana verde olivo.
Y como relata el periodista brasileño, Alan Riding en su libro “Vecinos Distantes” que la historia caótica de la izquierda mexicana está reflejada en las riñas dogmáticas por minucias ideológicas y sus constantes choques de personalidad y traición.
Pero hoy todos los del PRD, estaban juntos, pero no revueltos. Justo aquí, en este salón de fina estampa, rindiendo culto a la bandera presidencial en poder del PRI.
Por la reconciliación…
Aquí, ante gobernadores, alcaldes, empresarios, políticos, periodistas, funcionarios federales y estatales el presidente Peña Nieto manifestó que la contienda electoral federal, ya pasó y que era tiempo de trabajar por México.
En su primer encuentro después de las elecciones del siete de junio, el mexiquense enfundado en un impecable traje color negro, con una corbata rojinegra y unos zapatos lustrosísimos, impecables habló de las reformas estructurales, del empleo, de las finanzas púbicas, de la reducción en el delito de secuestros, de las extorsiones y de política.
Desde la Cuna de la Nación, pidió a los presentes que se trabaje sin rencores y que se privilegie el diálogo entre las fuerzas políticas; en tanto, que los diputados del PRI y del PAN, se miraban de reojo, con miradas de trueno y qué decir los del PRD, les brincaba el orgullo.
“Lo que planteó Peña Nieto, parece estar muy distante entre la clase política del estado, obsérvalos”, le dijo un periodista a otro colega. Ambos sentados en la zona VIP, en ese lugar donde circulan la información del poder.
Mariano, el nostálgico…
Antes un nostálgico Mariano González Zarur, había rendido un informe como presidente de la Conago. Su voz se entre cortó y sostuvo que las reformas estructurales han servido para mitigar los efectos financieros internacionales que ha producido la crisis económica de Grecia.
En cinco minutos, el mandatario anfitrión culminó su arenga y entregó los trastos Eruviel Ávila Villegas, gobernador del Estado de México. Después, González Zarur estuvo sonriente con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y luego, con el mismo Peña Nieto.
La XLIX Asamblea Ordinaria de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) estaba a punto de agonizar. Los mandatarios con su pose. El Ejército Mexicano como siempre abrumador. El salón central era un mar de gente, perfumes y apariencias.
Y cuando el hombre de la investidura presidencial clausuró esta reunión se daba el punto final. Los invitados se levantaban de sus asientos y algunos estiraban los brazos y otros buscaban el espacio idóneo para saludar al presidente.
Los abrazos entre los mandatarios surgieron y entre los invitados surgían dos guapas mujeres. Una de ellas, la consejera estatal del PRI, Aurora Villeda Temoltzin quien buscó 30 segundos, con suaves gestos, para intercambiar palabras con el presidente de la República.
El mandatario federal utilizó la caballerosidad y la cortesía, para estrechar la mano de esta mujer tlaxcalteca que desea ser parte del relevo generacional. Y lo inevitable, los murmullos de priístas y no priístas surgieron.
Ambos sellaron la despedida con un apretón de manos. Cada quien siguió su camino. Y las despedidas clamorosas privaron después de que el mexiquense salió por la puerta grande del Centro de Convenciones de Tlaxcala. En uno de sus bolsillos, el Jefe del Ejecutivo Federal, se llevaba esas conversaciones tenidas por secretas. ¿Y qué político tlaxcalteca dialogó por más de cinco minutos con Peña Nieto?… Ahí, la incógnita.
Pronto, el hombre de la banda presidencial se montaría en el helicóptero “Puma” de la Fuerza Aérea Mexicana, y se perdería entre las siluetas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl.
Y en uno de los pasillos de este edificio, Miguel Ángel Mancera salía presuroso y tras él, el diputado local, Salvador Méndez quien le decía “Señor, yo soy gran admirador suyo, yo soy legislador de aquí, del PRD”.
El propio Mancera le contestaba visiblemente enfadado: “¡Genial!”… Y el moreno diputado de San Pablo del Monte, intentó apantallar al otro de los presidenciables, pero no lo conseguía.
Hasta que en un tercer intento, el jefe del gobierno capitalino frenó su caminar y preguntó. ¿Quieres una foto?… Y el hombre de estatura baja, respondió que sí.
Ambos quedaban sonrientes y el defeño, sin más, proseguía su camino y un colaborador de Méndez Acamatitla, le exclamó: “Señor diputado está buenísima su foto, como pal face (book)”.
Y conforme transcurrió el tiempo los pasillos del Centro de Convenciones quedaban solos. Las zapatillas, las minifaldas, los finos aromas, las corbatas y camisas de seda, así como las armas de alto poder, los chapulines políticos, los suspirantes ya eran parte del pasado. Éstas, las notas de prensa.