La ambición y política…

07 noviembre, 2014

Escribe JAVIER CONDE GUTIÉRREZ 

Rememoro una entrevista que tuve con el exgobernador de Tlaxcala, Alfonso Sánchez Anaya, hace más de un año, donde el tema principal versó en qué tan productiva fue la alternancia en el poder en la entidad y que él mismo propició en las elecciones históricas de 1998, cuando el PRI perdió su hegemonía partidista por más de 70 años.

El encuentro se dio en su excasa de campaña de Tizatlán, y ahí, el político aceptó que no fue productivo dicho cambio dentro del sistema político porque sus aliados no entendieron lo que debe ser unirse para un fin social y sólo se dedicaron a saciar sus intereses personales, sin mirar por el desarrollo de un pueblo que le apostó al cambio.

El político que nació en las entrañas del Revolucionario Institucional y que ahora navega en una izquierda un tanto radical terminó por decir que la chiquillada prácticamente se “enamoró del poder”, que le ganó la ambición y que en lugar de trabajar por un proyecto de Estado, los venció la mezquindad.

Vaya que el político tlaxcalteca tiene razón, desde mi óptica la chiquillada está encantada con dicha potestad que la misma democracia le otorgó erróneamente en la cual los partidos mayoritarios -PRI, PAN y PRD- la nutren de sutil seducción.

Y no sólo dicha corriente de partidos pequeños está acaramelada con el poder sino que la inmensa mayoría de los que ejercen la política velan por sus intereses personales y de grupo a fin de disfrutar los beneficios que otorga esa misma atribución, sin que conozcan o comulguen con la ideología y la doctrina del partido en que militan.

Hasta hace unos años, todavía un flujo importante de políticos le debían rendir culto a sus propias dirigencias, a sus líderes, a su sector, sin embargo, ahora todo se basa en las parcelas de poder lo que ha redundado en una abusiva y mala práctica partidista.

También queda la duda de qué tanto se ha avanzado en el terreno de la democracia en Tlaxcala, qué tanto hemos transitado para fortalecerla como ciudadanos, pero la respuesta la tienen aquellos políticos que han pervertido dicha actividad. Por ejemplo, en el Congreso del Estado sus 32 integrantes deben negociar entre sí para sentirse satisfechos y rendirle culto con su propio ego.

Bajo este escenario, los diputados locales han transitado en una dinámica donde el juego perverso ha podido más que la razón de un pueblo que los eligió para ser sus representantes ante un poder que debe legislar, fiscalizar y gestionar en beneficio de la misma sociedad.

No obstante, la mayoría de los diputados locales se llenan de canonjías, precisamente, al fiscalizar el uso de los recursos público y dejan a un lado el espíritu de la ley y nuevamente, los partidos mayoritarios se alían con la chiquillada enamorada para saciar sus intereses basados en dos frentes: cuando están en el poder o bien cuando son oposición.

Por esta razón, desde 1998 se han formado diversas alianzas, coaliciones o frentes comunes entre partidos políticos que aún viven y que otros que quedaron en el recuerdo, pero lo cierto es que Héctor Ortiz Ortiz y ahora Mariano González Zarur, sobre llevaron dicha alianza con algunos perredistas, panistas y petistas.

Empero, cómo entender aquellos políticos con pensamiento socialista comulgan con los intereses de una ideología del centro o de la derecha o viceversa, también cómo entender a aquellos políticos que compran candidaturas para tener un escaño en el Congreso del Estado y cómo entender que los políticos no son políticos sino en realidad comunidad de grillos ensabanados en el poder.

Bajo esta óptica, un sector de la sociedad también ha caído en dichos vicios y que han sido propiciados por los propios políticos en tiempos o no de campaña; simplemente, para llegar a un acuerdo que beneficie a la colectividad en barrios, colonias, agrupaciones, primero surge una pregunta ¿qué me vas a dar?…

Por ello, considero que el sistema democrático en Tlaxcala, no ha avanzado sino por el contrario estamos lejos de que haya partidos, instituciones y políticos modernos donde su propósito verse en desterrar malas prácticas que han propiciado actos de corrupción, nula transparencia y lo peor del caso que la impunidad impere.

Considero que es determinante generar nuevas condiciones para enaltecer la actividad política dentro y fuera de Tlaxcala, pues a los medios de comunicación también nos corresponde aportar algo desde nuestra trinchera para desenmascarar los abusos pero también para lograr que esta actividad cambie en beneficio de la población.

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