DEFENDIERON EL HONOR DE SUS MADRES; AMBAS PROSTITUTAS

28 noviembre, 2012

* Dos menores de Tenancingo, actores de una grotesca pelea.

Por JAVIER CONDE

Parecía un día tranquilo y normal, nada extraño para una escuela primaria hasta que el ensordecedor timbre de la clásica chicharra de escuela rompía con esa aparente calma.

Y los maestros salían aprisa de sus aulas con rumbo a la dirección cuando una ola de gritos los alertaba; las expresiones eran tan grotescas y las palabras poco ortodoxas.

Aquel fenómeno del Bullying aparecía en un centro escolar de Tenancingo, Tlaxcala, considerada como el imperio de la trata de personas y del lenocinio a nivel nacional e internacional.

La caminata de algunos mentores se interrumpía cuando la directora de esa escuela gritaba eufórica: “¡Hay una pelea, hay una pelea! ¡Ayuda! ¡Ayuda!…

En el patio central de la escuela había un enjambre de alumnos, participes de aquel rostro forastero de la violencia.

Esos semblantes estaban atiborrados de ira, esas miradas eran de lince, eran de trueno y se cruzaban avasalladoramente de un lado a otro, no daban oportunidad a la paz. Ese instinto salvaje desafortunadamente estaba ahí.

Y la directora con el rostro contraído, azorado, ofuscado no paraba de vociferar: “¡Son dos los niños del quinto año, es el grupo `A` y el grupo `B`; traen tremenda pelea!”…

Rápidamente, tres maestros más corrían hacía esa parvada de alumnos fuera de control y veían como dos alumnos se tundían a golpes como si fueran adultos.

Los puñetazos circulaban de un lado a otro y los puntapiés remataban esa lastimera escena.

Circo Romano…

Para el resto de los alumnos era un asunto de dos gladiadores que defendían su honor, su valentía emulando a dos combatientes modernos en un circo romano, mientras que para los mentores era una escena brutal, con tintes de venganza.

Las mentadas de madre, las palabras altisonantes, por cierto ampulosas transitaban de un lado a otro entre aquellos chiquillos.

Y de un lado decían: “¡No te dejes cabrón!… y del otro exclamaban: ¡Ya lo tienes ese!… ¡Rómpele su madre!… Y por fin, los profesores ponían orden en el centro de la escuela y acallaban esas voces que incitaban a la pelea.

Por fin, imperaba el orden, se imponía frente a unos 60 niños participes de la escena. La violencia física y psicológica La oportuna intervención de los maestros lograba silenciar aquellas voces sedientas de brutalidad.

A la vez, esos mismos estudiantes eran jueces y espectadores en esa lucha sin cuartel.

En el momento en que un dos de maestros lograba separar a los dos infantes de diez u once años, esa muchedumbre se esparcía por todo el patio de una de las escuelas de aquel municipio donde el estigma del miedo deambula casi siempre entre los maestros.

Mientras que en el patio de esa institución educativa ambos infantes eran interrogados por la directora, sin embargo, de ninguno salían palabra alguna.

Miradas de trueno…

Y de nueva cuenta venía la insistencia y los dos permanecían en un profundo silencio, pero con sed de venganza, las miradas firmes, de trueno imposibles de olvidar.

Este era el relato de una maestra, que por obvias razones su nombre queda en el anonimato y por su puesto el nombre del municipio y la escuela, ya que su vida podría estar en peligro.

La maestra Hortensia decía a este diario digital qué tan difícil es trabajar bajo un clima de tensión sabiendo que es uno de los municipios donde la prostitución, el tráfico de personas, el ritual de las doncellas, es muy común.

Señala que posteriormente los menores fueron llevados a la dirección de esa escuela para proseguir con el interrogatorio y enviar sendos reportes a sus padres cuando uno de ellos rompía  la barrera del silencio. Venía la cruel confesión.

“Por el honor de mi madre”…

Es tan difícil trabajar en esa escuela -comenta la profesora- porque de lunes a viernes se enfrenta uno a diversos problemas que por el propio desarrollo de la sociedad compleja es difícil de asimilarlos.

Aquí se trabaja en un programa que aplica la Secretaría de Educación Pública (SEP), para evitar casos de Bullying y en mecanismo para erradicar problemas de tipo sexual, violencia psicológica entre los menores de edad. Precisa visiblemente nerviosa: “hemos cumplido a pesar de todo”.

“Debo decir que es importante estar al pendiente de los menores de edad, porque se han dado casos en que algunos se cortan con cúter las piernas y las muñecas y bueno debemos tener mucho cuidado con este fenómeno… cuando se da este tipo de casos de inmediato lo comunicamos a sus padres o tutores”.

Por ejemplo, es una escuela de infinitos contrastes porque simplemente los infantes pueden venir un día después del festejo de los Santos Reyes, con la mejor computadora portátil o bien hasta en un poderoso automóvil que traen sus padres, comenta.

El desenlace…

Y nuevamente retoma el desenlace de aquella trifulca, cuyo origen era defender y enaltecer la palabra honorabilidad.

Con la mirada fija Juan N. de escasos once años rompía aquel silencio y decía: “mi mamá es prostituta, ella trabaja sobre la vía corta Puebla-Santa Ana y él me dijo que mi madre es una puta barata y eso no se lo voy a permitir, por eso le pegue”.

La maestra subraya que al escuchar tal confesión le desgarró el alma, pero prosigue con su testimonio: “Ambos chiquillos permanecían con sus miradas de fuego, como la de dos imanes, daban miedo créalo, jamás olvidaré ese día”.

“No va a creer lo que nos respondió Erasmo N; con una mirada desafiante y hasta burlona dijo a bocajarro señora directora, sí le dije eso a ese pendejo porque mi mamá también es prostituta”.

Pero la diferencia, señora maestra es que “mi madre trabaja en bares y cantinas de la ciudad de Puebla… mi mamá también es puta, pero eso sí de más categoría que la de Juan”.

Y el relato es por demás es duro, pero más dura es la realidad que enfrentan maestros y directores frente a una niñez cada vez más desatada, expresa una consternada profesora que lleva más de diez años trabajando en ese municipio cuna de lenones y padrotes.

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