02 julio, 2012
Escribe EDGAR R. CONDE CARMONA
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La inminente presencia de tres mujeres en el Senado de la República, representantes de la orgullosa Tlaxcala, así como los resultados para presidente de la república y diputados federales, es un severo revés para Mariano González Zarur.
Y quien duda que el próximo sexenio esté en manos femeninas, puede empezar a empacar sus cosas.
Muchos podrán decir, con o sin razón, que es fácil echar culpas. Están en su derecho. Pero, por desgracia, para los paladines de ese priísmo anquilosado que rechazó tajantemente la ciudadanía, no hay lugar para dudas.
La primera sorpresa fue sin duda el caso de Lorena Cuéllar. Desde que compitió con el actual gobernador en la contienda interna del PRI, la ex priísta fue arrinconada a buscar, por cualquier medio su propia subsistencia política.
Mecanismos tildados de oscuros le impidieron llegar a la dirigencia del partido al que ayer derrotó en las urnas. Y la orillaron a buscar nuevos vientos, desde otras tierras.
Curiosamente, silenciosa, callada, sin tocar a sus adversarios, dejó que las fórmulas del PAN y del PRI se enfrentaran y se desgastaran en una lucha inservible. Se dedicó a su trabajo y capitalizó lo que ya había aprendido en las lides políticas desde hace varios años.
La segunda sorpresa fue el triunfo de Guadalupe Sánchez Santiago. La heredera de Emilio Sánchez Piedras era, sin dudas, la candidata que para sus propios correligionarios, estaba con mayor riesgo de perder.
Y lo que son las cosas, Sánchez Santiago trabajó horas extras; se afanó con empeño y, curiosamente, tampoco se enfrascó en la dinámica de enfrentamientos en que la quisieron arrastrar, por ejemplo cuando no asistió a ciertos foros.
La tercera sorpresa fue el caso de Minerva Hernández Ramos, quien salió de las filas de la izquierda para marchar por la derecha. Y, cosas que nos enseña la vida, fue la propia izquierda la que la derrotó.
La dolorosa derrota que sufrió Beatriz Paredes en el Distrito Federal, se replicó en Tlaxcala, en la persona de Enrique Padilla Sánchez. Y esa es quizá una sorpresa inesperada
El caso de Adriana Dávila ya había sido mencionado. Y provocó una enorme sorpresa que hubiera derrotado en la composición de la fórmula azul a un viejo lobo de mar.
Este ejercicio nos hace pensar que dentro de cinco años, la disputa por el gobierno de Tlaxcala será una contienda entre mujeres: Por el PAN, ya levantó la mano Adriana Dávila; por las izquierdas, Lorena Cuéllar buscará su revancha.
Curiosamente las dos mujeres tienen cuentas pendientes con Mariano González, pues a las dos las derrotó en sendas contiendas. Falta que desde el PRI salga una representante. ¿Levantará la mano Guadalupe Sánchez Santiago?