EL BRINDIS

09 diciembre, 2011

Por DONATELLA DE JUIR

¡Estimados amigos, ha iniciado ya el último mes del año! Y diciembre es un mes lleno de nostalgia. Esa es la sensación que me ha hecho visitar a mis amistades estos días, para disfrutar de su agradable compañía. Ustedes saben, pretextos hay muchos para reunirse y convivir y platicar todo lo bueno y lo malo que nos ha traído el año por morir.

Nos reunimos con las personas a las que estimamos para hacer pequeños vaticinios sobre un futuro esperanzador, con el cual podemos vencer.

Pues le cuento que hace unos días, unas amigas y yo organizamos una reunión de fin de año, para congregarnos con amistades a quienes no veíamos desde hace mucho tiempo. ¡Qué agradable fue ver, después de algunos lustros e incluso décadas, a esas amistades de la infancia!

Pues les cuento que fue una reunión muy amena… hasta el final, cuando una de esas amigas brindó porque esta pesadilla, llamada administración municipal –así la definió­, acabe pronto por el bien de los huamantlecos.

Me sorprendió escucharla desde que comenzó con sus palabras del brindis, pues la recuerdo como una de las alumnas más tímidas y calladas de la infancia. Mas lo que dijo, me dejó helada:

-Brindo, porque esta pesadilla en Huamantla termine pronto. Los huamantlecos no nos merecemos una autoridad que, además de no preocuparse por el desarrollo y bienestar de sus habitantes, para colmo busque cualquier pretexto para exprimirnos y sacarnos dinero.

La sala enmudeció de inmediato; las risas y los cuchicheos cesaron y esa sensación de incomodidad fue rota hasta que otra amiga, la más desastroza de la primaria preguntó:

-Pero… ¿Por qué dices eso? ¡Creo que estás llevando las cosas muy lejos porque tienes otras ideas políticas!

– ¡Mentira! –replicó airada– Voltea a tu alrededor; mira hacia atrás. En los últimos años, cada administración se ha caracterizado por hacer obras que marquen el sello particular de cada administración y dejar constancia de su paso por el poder…

Pero esta ocasión las cosas se han invertido; pasan los meses y lo único que vemos son acciones a las que las autoridades están obligadas. ¡No podemos asegurar que se estén sentando las bases del desarrollo!

Por ejemplo, cuando Che Ché fue presidente, su principal obra fue el bulevar Cuamanco que detonó el desarrollo no sólo de la zona de San Lucas, sino de toda la ciudad. Y en otro momento, “Yayo” Bretón trabajó para el establecimiento de la Universidad Tecnológica de Tlaxcala y la construcción de Ciudad Industrial Xicohténcatl II.

Incluso en la administración de Raúl Cervantes, se cambió el rostro del parque Juárez y se transformó una de las calles más emblemáticas del centro, la Plutarco Montiel, para sentar las bases del desarrollo turístico de Huamantla.

-Pero no me dirás que esta administración ha pasado de noche, porque creo que ha hecho muchas cosas.

-Lo que más ha hecho el actual presidente, Carlos Ixtlapale, ha sido fomentar un municipio verde, porque ya nadie quiere ir en coche al centro de la ciudad, pues cada visita por lo menos nos cuesta cinco pesos por menos de media hora.

Poner sus parquímetros, ha sido la obra más significativa del actual gobierno municipal que, por otro lado, no son sino un disfraz para cobrar más impuestos, a costa del trabajo de cientos o miles de personas que tienen la necesidad de ir al centro de Huamantla

Empezaron con las calles Hidalgo, Allende Juárez, y tan bueno le ha resultado el negocio que en una segunda etapa el estacionamiento callejero más grande de la entidad ya se extendió a otras arterias entre ellas la Zaragoza y la Reforma.

Pero ya hay planes para que en breve se ponga en marcha la tercer etapa que llevaría a otras calles de la ciudad esta terrible plaga, que, por otro lado, se ha convertido en el principal motivo que ha ahuyentado a muchos en detrimento del comercio establecido en el centro de la ciudad.

-Bueno, hay que ver que ahora ya encuentras un lugar para estacionarte en pleno centro de la ciudad ­–dijo la anfitriona de la fiesta con ánimos de cortar de tajo la plática–

-Posiblemente –reviró la que hacía el brindis–. Pero lo que me da mucho pesar es que en Huamantla todos somos una bola de agachones, pues a pesar de que no estamos de acuerdo con las decisiones de cualquier gobierno, no lo manifestamos públicamente y menos hacemos algo por cambiar algo que no nos gusta.

Criticamos, despedazamos a la autoridad en turno; pero no hay quien, en completa concordancia con su punto de vista, actúe; por el contrario, somos de esa clase de gente que despotricamos contra el alcalde,  pero cuando apenas estamos con él o cerca de él, le rendimos los honores.

Y va a seguir pasando lo mismo. En la calle toda la gente se queja de la autoridad. Pero no hay quien se plante frente al presidente y le diga en su cara las cosas.

Muchos dicen que las autoridades abusan de los pueblos; pero yo creo que no es así; pecamos de “educados” y “del qué dirán”; tenemos miedo a hacer el ridículo y lo único que nos queda es agacharnos y quedarnos callados.

Por eso yo brindo porque se acabe pronto esta pesadilla.

Fue el final de la reunión. Todas salimos con el ánimo vencido, menoscabado. Después de todo, Rita tenía razón. Y todas nos despedimos con la promesa de un reencuentro, el próximo año, para ver si las cosas realmente cambiaron.

¡Hasta la próxima!…

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