06 diciembre, 2011
Por EVA ESPINOSA
Se acercan ya el Maratón Guadalupe Reyes, el periodo en donde los Mexicanos iniciamos con las celebraciones de los festejos decembrinos, que van desde la adoración a la patrona del pueblo hasta terminar con el recibimiento de los Reyes Magos.
La Virgen de Guadalupe en México “no es adorno: es destino”, dice Rodolfo Usigli. Está en todas partes y el que esté tiene relevancia para el mexicano. Su presencia indica la importancia que en la vida cotidiana le concede cada devoto.
Baste recordar su uso “como emblema identificativo de clubes, asociaciones, grupos musicales, tiendas, restaurantes, carnicerías, cantinas, farmacias, calles y avenidas, escuelas, plazas de toros, sin olvidar los miles de personas y comunidades que llevan su nombre siempre repetido
La explicación es sencilla: “nada ha demostrado ser más consolador, unificante y digno del más feroz respeto que la figura de la Virgen de Guadalupe” (Carlos Fuentes, El espejo enterrado, p. 156). Ya lo decía Manuel Altamirano el día que en México se deje de venerar a la Guadalupana, México deja de ser México para convertirse en otra cosa.
Pues bien en torno a esta gran fenómeno social que es la celebración de la Guadalupana, en el ámbito taurino no nos quedamos atrás, se dan un montón de festejos evocando esta celebración, en México lo guadalupano y lo taurino comparten vidas.
Y bien este fin de semana de fiesta esperamos festejos en la Plaza México (la más importante de la República), Zacatecas, Estado de Mexico, Pachuca, Xico, Querétaro y Mérida, un suculento menú para todos los gustos.
Recordemos que el año pasado en estas mismas fechas el matador francés Sebastian Castella, indultó a “Guadalupano” un ejemplar de Teófilo Gómez, que en fin tuvo por ahí una incertidumbre entre que sí y que no era indulto, pero que al final en los tendidos se lo aplaudieron y la afición quedó con muy buen sabor de boca. ¿Y por qué no?… Seguro la Guadalupana estuvo presente, porque de tirarse a matar hubiera perdido todo el encanto ya logrado.
Visto el hecho desde una perspectiva romántica, pudiera entenderse que en lo taurino se trata de una transferencia de una realidad lejana, la de ayer, a la de hoy, no aceptada ni comprendida en el plano crítico de la ortodoxia tradicional. La Fiesta moderna –mexicana- es para algunos aficionados estéticamente más bella, aunque para otros al convertirse en instrumento de modelaje, lleva consigo la posibilidad de estar más cercana al plano de la intrascendencia anímica.
Pues bien evoquemos a la Guadalupana, para que este fin de semana ilumine las plazas de toros y de una vez por todas logremos que la fiesta Mexicana de esta temporada despunte y logre dejar satisfecho a todos los asistentes que llevamos bastante tiempo orando porque esto ya suceda.
Hablamos de un fenómeno de fe. Hay quienes nunca han perdido la fe en el milagro guadalupano, y quienes aún creen con fe creciente en el milagro taurino.
Así las cosas, la posibilidad de que, en tanto el toreo mexicano sea capaz de adaptarse al tiempo reconstruyéndose en su propia liturgia y esencia -verdad y autenticidad-, prolongue su caleidoscópica existencia, lo guadalupano, al intensificar sus efectos milagrosos en el ánimo de la sociedad desesperada por el sufrimiento de la vida diaria, seguirá siendo sustento espiritual de los que con ferviente ánimo religioso se juegan la vida para crear arte, ganar dinero, y hacerse de fama.
¡Que la Virgen de Guadalupe, ilumine las plazas!…