Del ¿Y si sí?… A romper con el hechizo 40 años después

30 junio, 2026

Se rompió el hechizo, después de 40 años. Y el ¿Y si sí?… funcionó y sigue más vivo que nunca. La selección mexicana de fútbol de Javier Aguirre dio cátedra en 45 de los 90 minutos.

El partido de anoche encendió pasiones, encendió la llama de la esperanza, encendió la paz que tanto necesita el país, México.

Caras pintadas, rostros al bordo del éxtasis antes, y después partido desnudaron emociones, y pasiones en torno a un balón de soccer.

Más de 90 minutos fueron el preámbulo del ¿Y si sí?…

De esa frase de moda, nuestro nuevo amuleto que generó que creyéramos en el añorado quinto partido.

No lo hacía Mexico desde el otro Mundial de 1986, cuando fue sede por segunda vez.

Cómo olvidar ese golazo de Manuel Negrete, y ayer cómo dejar de soñar con los arietes mexicanos.

La rivalidad con Ecuador pasó de la cancha diplomática a la cancha del fut.

No se olvida cuando el gobierno de ese país irrumpió en nuestra Embajada de México en Ecuador, para capturar al ex vicepresidente sudamericano, Jorge Glas al solicitar asilo político.

El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa violó la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas al irrumpir -sin autorización- al edificio emblemático de nuestra Embajada.

Y ayer en el terreno de un mundial de fútbol dirimimos esa rivalidad que estaba pendiente. No fue necesario el uso de armas, ni de políticos abusivos.

El marcador fue 2-0. Así somos los mexicanos hasta les dimos serenata a los jugadores ecuatorianos. Nunca lo olvidarán. Ni perdón ni olvido.

El furor…

En el Estadio Azteca, y afuera de él millones de almas tricolores se volcaron en un solo grito, en una misma emoción, en una misma bandera, en una misma victoria.

Cantar el Himno Nacional Mexicano generó un mismo sentimiento, y al menos este deporte del balompié nos une más allá de las ideologías.

Las estrofas de Francisco González Bocanegra movieron hasta el lugar más recóndito del corazón. ¿O no?…

De la solemnidad se pasó a la solidaridad. Más de 80 mil gargantas en un coro, en un mismo unísono:

¡No están solos!… ¡No están solos!… Fuerza Venezuela, se levantarán.

Vitamina pura, pura vitamina

Hoy más que nunca se necesitaba ganar, se necesitaba oxígeno, y olvidar el fantasma de la inseguridad, el deterioro del tejido social.

Simplemente, olvidarse de todo en una noche muy y más que mexicana.

Desde el Ángel de la Independencia para todo el país se cantó el “Cielito Lindo”, quizá nuestro segundo himno, y se bailó banda, cumbias, norteñas, pop, mariachis como nunca.

No todo fue festejo en el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, tres personas fallecieron por asfixia ante el tumulto de un millón de almas.

Y en Yautepec, Morelos dos más murieron tras un ataque armado en un auditorio cuando muchas personas disfrutaban el partido.

De la alegría al luto.

Los disturbios en Guadalajara imperdonables. Las riñas en la capital tlaxcalteca y del país, reprobables.

Pese al saldo rojo México se convirtió en una verdadera locura, y Tlaxcala no fue la excepción. Julián Quiñones y Raúl Jiménez, fusilaron al rival.

Con sendos goles se abrió la posibilidad de llegar a octavos de final, y creer que los a próximos rivales, el seleccionado inglés se le puede ganar. ¿Y si sí?…

En este país de infinitos contrastes los familiares de desaparecidas y desaparecidos continúan su lucha.

Para las autoridades siguen siendo los ignorados, y para el pueblo los olvidados, esa es una asignatura pendiente y muy dolorosa.

Ayer fue el otro grito: ¿Dónde están más de 133 mil desaparecidas y desaparecidos?… ¿Dónde?…

Mi mayor anhelo

En el Azteca, en las cantinas, en los bares, en las plazas se cantó:

“Quiero ser el amor de tu alma, el calor de tu cama, y sentir tus caricias.

Ser de ti, para amarte hasta la eternidad.

Quererte, y hacerte mucho muy feliz.

Es mi mayor anhelo, por siempre”, esa rolonón de la Banda MS “Mi Mayor Anhelo”.

Quiñones dijo a la prensa que sintió bonito escucharla, hasta quiso llorar al recordar al América de sus amores.

Y millones de mexicanas y mexicanos compartieron el mismo sentimiento, el mismo. Alegría y el llanto feliz, el de la nostalgia.

El buen fútbol le dio la razón a Aguirre jugando bien y entregando todo en la cancha. Se dio un buen partido.

Y el mismo comandante en jefe de la selección lo dijo ayer a los periodistas:

“Nuestro mayor compromiso es defender el escudo nacional, y lo hemos hecho hasta ahora”. Vaya que sí.

Quiere volar

El tequila, las chelas, la espuma, las pelucas tricolores y el ¡Quiere volar!… fueron parte de esa dantesca escena del triunfo que supo a gloria.

México rompió el hechizo, ese que pesaba más que una lápida, y vaya manera de hacerlo.

Raúl Rangel, el portero más que bien. Vaya atajadón se aventó.

La defensa integrada por Jorge Sánchez, César Montes, Johan Vásquez, Jesús Gallardo, un muro de acero, soberbio e impenetrable.

Cero goles en cuatro partidos. Fueron los amos y señores de la pelota.

La media cancha se convirtió en una poesía del fútbol, con pases impecables.

Nuestro niño Gilberto Mora, Erick Lira y Romo, fueron los ortodoxos, los literatos, los tres reyes de la noche.

Y vaya delantera Roberto Alvarado, Raúl Jiménez, Julián Andrés Quiñones fueron una tercia de Ases. Sí una tercia de Ases. Cuatro de cuatro triunfos.

En las tres sedes mundialistas: La CDMX, Guadalajara y Monterrey se vistieron de verde, y en todo México entero también.

Las redes sociales estallaron en júbilo, se colapsaron destacando la victoria que tanto anhelamos, y pensando ya en el siguiente rival.

Y sigamos festejando ordenadamente, sigamos creyendo que México puede, que ya pasamos del “ya merito” al mexicanos al grito de guerra futbolera.

Quedó atrás el “jugamos como nunca y perdimos como siempre”.

Hoy el seleccionado tiene otro rostro, el de la escuadra poderosa, el de fútbol asociación, el de la superioridad, dejando en el olvido y la historia la catástrofe de otros mundiales.

La espera terminó, y el maleficio también.

Vamos contra Inglaterra.

¿Ganaremos?… ¿Y si sí?…

Comentarios