27 enero, 2026
El reloj de mi existencia siempre irá acompañada de vivencias, de añejos recuerdos que solamente los atesora mi corazón que se resiste a morir sin vivir.
Soy un gitano periodista al que vida lo volvió.
Parece fácil decir 35 años, en este mundo del periodismo que da y quita.
Mi vida como reportero se circunscribe en momentos vagos de un pasado, todos increíbles, pero ásperos, intensos, sublimes, exitosos y hasta agrios.
Incluso, el hambre ha surgido por tener, y no tener una moneda. ¡Vaya ironía!…
He transitado en esa línea muy delgada de guardar secretos por hoy y siempre, y otros hacerlos públicos para desenmascarar a hijos de la chingada.
En mi diario he vivido instantes de alegría infinita, emociones con una carga intensa de ternura y adrenalina.
También el poder escribir esos misterios de lo indescifrable, de lo que no tiene explicación. Preguntas sin respuestas otras muy puntillosas.
Quizá esa fragilidad la esconde mi corazón que se agita, y se agobia ante escenas horrendas, retratos de drama puro, de esos tatuajes de la barbarie.
Como un cuerpo inerte, madres buscando a sus desaparecidos, el ruido de balazos, y de rostros encolerizados haciendo justicia por su propia mano.
Sí, son esos momentos difíciles de sufrimiento por aquella terca valentía, esa adrenalina que se impone para enfrentar mis propios miedos.
Pisar escenas donde se cometió un crimen que deja dolor, hasta momentos frívolos, déspotas de un ser humano, la cara misteriosa de un criminal, se vuelve parte de lo cotidiano.
Y otras que ablandan las cuatro cavidades con un cuadro de amor ajeno, con aquellos pasajes de miseria y de dolor perpetuo, inconmensurable.
Llorar en soledad, se vuelve un consuelo. Vaya reminiscencias.
Siento que mi corazón se endurece para desenmascarar al tirano, a pesar de que me han atacado balas arteras.
Soy ese periodista cíngaro redactor del tiempo, y sin punto final.
Sí al que el mismo alfabeto, las palabras articuladas y la divina prosa alimentan esa alma errante.
Sin la gramática y la literatura mi pensamiento no tendría sentido.
He aprendido a redactar entre mi soledad, entre la alegría y la tristeza.
Deseo nunca ser un reportero de veleidoso, creído, pero sí un nómada cronista, un relator de la vida, de uno y de todos sus caminos.
El periodismo es serio y riguroso en todos sus géneros, pero con la crónica me quedo. Desnuda mis emociones.
Su literatura, su dureza, su elegancia, y su fragilidad la definen. Ese es mi credo, y lo será por siempre.
De frontera a frontera, de un muro a un florido campo he dejado mi pluma. Soy nómada y nunca un sedentario.
Desde la sierra hasta el mar, desde el campo florido hasta donde danza el miedo, y la muerte.
Cómplice…
El amanecer se ha vuelto cómplice de mi inspiración, esa que llega cuando se le pega la gana.
Sin duda he vivido horas sin tregua, frenéticos viajes, actos memorables, con la suerte en el bolsillo, y sorteando el méndigo peligro.
No me limito a crear historias sino que las vivo intensamente, sufro a veces por ellas, y a veces toco fondo también al describirlas, al narrarlas.
Soy un narrador sin par, siempre buscando verdades profundas, hechos narrados por un aprendiz de periodismo.
Soy un crítico incansable al que los tiros le han zumbado por defender la libertad de prensa y de expresión.
Dos derechos, son mi filosofía, el de la libertad de prensa y de expresión; uno es universal, y el otro constitucional.
De los sabios…
La Biblia describe al corazón humano como una caja de tesoros o un cofre que almacena no solo pensamientos.
Sino intenciones, palabras y acciones, ya sean positivas o negativas.
Jesús nos enseñó que la abundancia se manifiesta en la conducta interna, y que donde esté el tesoro más valorado, allí estará también el corazón.
Luego entonces el mío es una caja que atesora vivencias inolvidables, un alhajero de emociones, de méndigos sobresaltos, pero que jamás guarda rencores.
Sé que algún día mi tiempo se detendrá, y pido a Dios solo dos deseos:
El primero que mi alma retoce libremente en un campo de algodón.
Y el segundo que mi corazón repose por siempre abajo de un gran árbol, para que una sombra cobije mi sosiego.
Apenas son los primeros 35 en este oficio de periodista tan terco, tan estricto, tan frío, tan incomprensible, pero apasionante, y siempre seductor.
Soy un artífice de la escritura, un infatigable cronista, un ser afortunado para contar una y tantas historias.
“Un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable oficio, el periodismo.
Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para hacer lo que uno ama ¿Autoflagelarse?”, palabras sesudas de Truman Capote, un excelso periodista.
Y vaya que la razón le asiste.
¡Gracias, a ti, mi loco corazón!…
Vaya descarga de adrenalina has sufrido una y otra vez, emociones tan temerarias, vibrantes propias de un sabueso informativo.
Creo que un corazón poeta que acaricia el alma, y el propio cielo con sus rimas y prosas, con palabras bien articuladas, solamente podría entenderlo.
Mis palabras son un soneto, soy un redactor de una y de tantas páginas, para la historia de un pueblo que se transforma.
Me debo al sabio lector.
Creo entonces que el periodismo no me debe separar de la razón, de la libertad, soy crítico y así lo seré.
Solo te pido amado corazón aguanta un poco, aunque estés fatigado.
Tengo dos misiones aún pendientes en mi último tren, en ese último vagón antes de perderme en ese esas vías de acero de un ferrocarril.
La primera reencontrarme aquí en la tierra, con un ser amado. Añoro ese día, y la segunda publicar mi primer libro.
Ya después apágate, paralízate, y haz lo que te pegue en gana.
Ah, y en cuestiones de amor.
Debo confesar que siempre has sido un tonto, un tonto corazón.
Aún así… ¡Bendito seas!…
Posdata:
Denle mis cenizas al viento.
Todas mis líneas escritas, y mi pluma a la historia.
Mi memoria colectiva al tiempo.
Con mi libertad, me la quedo yo.
Y mi último suspiro a la vida.
Mi tiempo se está acabando.
Ese es el destino, en este viaje tan ligero.
Dios decidirá qué…
¡Por siempre!…
Escrito por
Paco Conde | Periodista.
Ese R-11| Doberman Boss. (Es la clave de un reportero en el inframundo de lo policiaco).