27 agosto, 2025
Ese lote de toros de “La Punta” y “Puerta Grande” de Jalisco cumplió en esa Huamantlada multicultural, en la madre de todas las capeas del país. En esa amalgama que seduce y enamora.
Y esos maletillas, recortadores y corredores lo comprobaron de principio a fin, en ese telón taurino de emociones y pasiones.
Esos 18 fueron astados de fina estampa y cumplidores que marcaron un principio y un después para bien de esta fiesta brava con sus siete décadas.
Las nuevas reglas para este festejo incómodas para unos fatalistas ridículos, excelentes en el respetable fueron el inicio de un nuevo capítulo, en ese mosaico de sabores y colores.
Los huéspedes de campo bravo fueron embarcados en la Ganadería Coyotepec, y pasaron su única noche muy lluviosa en Huamantla, en ese pueblito pintoresco que se abre al mundo con sus propias tradiciones.
Esas capas negras, cárdenas, castañas y jaboneras de buena presencia despejaron todo tipo de rumor, y se ganaron el respeto con su bravura. Bureles de buena testa y hechuras.
La tierra de la figura del toreo de Huamantla Fernando de los Reyes “El Callao” como siempre deshilvanó las dudas, paredones coloniales que albergaron a más de 150 mil almas taurinas.
“Los Martinazos”…
Dentro de esos cajones se sacudían con asombro, esos musculosos animales que querían destrozarlos en búsqueda del trapo con el engaño.
Sobre las calles había un río de muletas y capotes, tíos en busca de la fama. Tres clarines anunciaron el inicio de esta juerga con sus Dalias, esas flores que adornaron muchos balcones.
Ese ejército de organizadores y voluntarios, integrantes de las peñas taurinas de esta ciudad, pastores, cuidadores, paramédicos, médicos, enfermeras y policías se la rifaron.
Esos tres “Chupinazos” o “Martinazos” sonaron en esa mañana veraniega.
Son esos tres actos que embalsaman alegría y tragedia, epopeyas de un pueblo con innegable fe a la Virgen de la Caridad.
La oración a Huamantla frente a su afamada Plaza de Toros “La Taurina” sacudió el espíritu y lágrimas sentimentales.
Y por fin los soltaron…
Esos astados de finas agujas, con bravura en las calles, y consigo el miedo, el desafío, el encuentro con la vida y el desencuentro con la muerte estaban impacientes.
Los pasos dobles españoles retumbaron por doquier.
Los gritos de ¡Olé! de ese mismo respetable hacían que esos intrépidos maletillas desairaran a su propia existencia.
Un mar de aventuras guardadas en una muleta o capote. En los 18 circuitos era notable el orden en los impensables ruedos-rectangulares.
Y como siempre lo ha escrito -este narrador- allá en ese imponente graderío se hacía el pacto de la camaradería y el júbilo.
Esas gargantas sedientas jamás perdonan. Algunas y algunos bebieron, sin remordimientos, y quedó claro que cada quien es responsable de sus propias actos. La autoridad cumplió.
Un verdadero festín que se abre a las creencias e ideologías, y las guarda en propio libreto que lleva por título: La Huamantlada, un fenómeno popular.
Los momentos dramáticos estallaron. Aficionados prácticos desafiaron al toro, a la vida y a la mismísima muerte con esa mirada siempre tétrica, retadora y conspiradora.
¡Madre de Dios!…
La Huamantlada, es una experiencia festiva de sinfín de matices, es un tumulto cosmopolitano que dejó ocho heridos, y una brutal escena.
Un poblano recibió una avasallante embestida, voló por los aires, y una cornamenta se engarzó sobre su piel. ¡Madre de Dios!.. ¡Lo agarró!…
La escena fue tan dramática que ocupó los titulares en la prensa nacional y extranjera. ¡Vaya chaval!… ¡Qué toro!…
La edición de 2025 dejó un mosaico de pases más claros y más toreros, lances mordaces de improvisados maletillas, menos menos heridos sobre el gran circuito. Más toro y más muletas, ambas siempre inseparables.
Sí, en ese bullicio callejero, en esa capea de mil estampas, de creencias y de arte popular, en esa imagen de lo profano y lo taurino donde Huamantla, es fe y misticismo que no admite pares.
En esa vertiente popular donde siempre se torea, canta y baila, es una zarzuela a la fantasía cultural de sensación frenesí, sí de color carmesí.
Esa es la tradicional Huamantlada.
Paco Conde | Periodista y cronista