¿Los olvidados?…

29 septiembre, 2022

Ayer en el patio vitral del Congreso del Estado, se desarrolló el foro “Testimonios de la Red Estatal de Víctimas en Tlaxcala”, donde se escucharon voces de personas que han sido víctimas directas e indirectas.

En el desarrollo del mismo hubo relatos muy fuertes que llegaron a estremecer las propias entrañas de los ahí presentes.

Ojalá las y los señores diputados en realidad escuchen, hagan valer su poderío para legislar a favor de las víctimas directas e indirectas de feminicidio, desaparición, trata de personas con fines de explotación sexual, detenciones injustas, hostigamiento sexual, violencia institucional y hasta víctimas de la delincuencia organizada.

A todas ellas las entiendo perfectamente porque como persona y periodista he sido testigo de innumerables actos brutales, de intolerancia y más aún del desdén de las autoridades en sus diversos niveles.

Es cierto, que en medio del dolor quienes sufren de penas perpetuas enfrentan dificultades, para llevar los debidos procesos en búsqueda de justicia, que debe ser pronta, expedita y gratuita.

Se supone que las instancias oficiales deben ser un apoyo como lo prevé la Constitución, pero terminan siendo omisos y hasta posibles cómplices de malhechores. Es el otro infierno, el infierno del burocratismo y el de la indiferencia.

Y mientras una o un gobernante puede tener buenas intenciones de fortalecer el sistema judicial en sus respectivos estados, también hay ministerios públicos, policías de investigación, procuradores, fiscales, jueces y hasta magistrados que son parte de un circulo vicioso.

En este foro se expusieron casos como el de Efrén López cuya hija fue víctima de feminicidio, el de Maricela N., quien tiene a su hija presa de manera injusta; Laura N., relató las dificultades e injusticias que vivió al ser víctima de una violación sexual.

Además, de Guadalupe N., madre de Gilberto Raymundo Cobos, joven desaparecido, quien compartió las dificultades a las que se ha enfrentado durante su búsqueda.
 
También se le dio voz a Miguel N., víctima de la delincuencia organizada y quien se vio obligado a dejar su patrimonio; Irma N., cuya hija fue víctima de trata de personas con fines de explotación sexual.

Lo mismo a María Elena N., víctima indirecta de feminicidio y que hoy exige justicia; a Óscar N., cuyo hijo se encuentra preso de manera injusta; a Carolina N., víctima de hostigamiento sexual y lesiones calificadas; además, el caso de Yenny N., quien se dijo víctima de supuesta violencia institucional.

Y mi pregunta es ¿cuántas víctimas más no pudieron expresarse, alzar su voz, contar sus propias historias? y más aún ¿a cuántos ciudadanos les interesa saber de esas penas?…

Recuerdo las palabras de Santiago Creel, cuando fue secretario de Gobernación en la época de Vicente Fox. Un periodista le cuestionó sobre el aumento en los índices de inseguridad en México, a lo que respondió:

“En este país todos nos debemos cuidar, porque todos somos vulnerables, la delincuencia, el mal, no avisa, llega”. Vaya frase, vaya circunstancias en México, desde ese entonces hasta hoy en día.

En verdad, no es lo mismo alzar la voz para ser escuchado, que ser un ciudadano que ignore el sufrimiento de las víctimas directas o indirectas. A nadie se le desea ser presa de las garras del peligro.

Me sumo al dolor y al olvido de tantas víctimas en Tlaxcala y México. Ese bárbaro tatuaje del “valemadrísmo” por parte de algunas autoridades como de un sector de la sociedad, debe combatirse, erradicarse.

Las y los diputados no solo deben escuchar, sino que actuar, pero no se le puede pedir peras al olmo.

Deberían legislar para castigar con sanciones más severas y hasta la posible inhabilitación (de por vida), las propias acciones y omisiones en las cuales incurren algunos mandos de cualquier nivel de gobierno, que se tienen poderosos, intocables y eternos.

Tiempo al tiempo.

¡Nos leemos mañana!…

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