12 mayo, 2020
Definitivamente, el mundo cambió. Obviamente, la forma de relacionarse y de comunicarse también. Vaya que el COVID-19 dejará un profundo aprendizaje después de todo. Un bárbaro 2020, año de infinitos contrastes.
Entre tanta información sobre ese virus decidí hacer una reflexión por medio de una breve narrativa. Hay argumentos y pasiones encontradas para hacerlo, en esta era mundana.
Llegue a casa días atrás y comencé a buscar entre tanta revista de mis favoritas, una que para mi es importante. Proceso con el periodista, Julio Scherer García, en la portada.
En 2003, el impecable narrador, un poeta de la comunicación recibió en ese año el premio a la trayectoria periodística que le otorgó el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo.
Don Julio, fundador de la revista Proceso y exdirector del periódico Excélsior ofreció un impecable discurso frente a sus invitados, el cual marcó -desde entonces y para bien- un sano distanciamiento en la relación prensa-gobierno.
Enfundado en un traje negro, con camisa blanca acrisolada, calzado bien lustrado y su voz tan natural, el narrador sin par dio lectura a esas cuartillas de intensa carga filosófica.
Se refirió al cruento y malvado encuentro bélico de Irak con Estados Unidos, que hubo en ese año. La también llamada Segunda Guerra del Golfo.
Contundente como era él, se pronunció:
“El mundo se ha endurecido y pienso que el periodismo habrá de endurecerse para mantenerse fiel a la realidad, su espejo insobornable.
Si los ríos se enrojecen y se extienden los valles poblados de cadáveres víctimas del hambre y la enfermedad, así habrá que contarlo con la imagen y la palabra.
Muchos no lo consideran así, en estos días he escuchado censuras por la manera como la revista ‘Proceso’ hizo sentir el escalofrío que nos llegó desde Irak. Cito un ejemplo.
Mis compañeros fijaron en la portada de la revista un cuadro bello y terrible. Se trata de una niña que parece soñar, apacible el rostro, pero su cuerpo está incompleto. Sin los pies, las piernas inútiles llevan metafóricamente a la pesadilla.
Traje a cuento la inocencia de un pequeño judío polaco que levanta los brazos frente a los SS -escuadras de protección- de Hitler; recordé a la vietnamita que huye del Napalm, desnudo su cuerpo infantil y desnudo su pavor.
Argumenté -dijo sereno- que fotografías como esas caracterizan una época y que a la criatura de nuestra portada le estaba reservado igual destino. Pesadas tareas nos esperan a los periodistas, pero es nuestra pasión”.
Sin duda, las palabras de Julio Scherer son una descarga emocional positiva para quien ejerce el periodismo con sublime vehemencia, y más en estos días en que el tiempo y la vida tienen otro rostro.
Retome esos seis párrafos de una acendrada arenga, cuya vitamina de letras con sentido estrictamente reporteril también me hizo recodar a Riszard Kapuscinski, padre del periodismo moderno.
Él decía que para ejercer el periodismo ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas, no pueden serlo.
Si eres un buen ciudadano se puede intentar comprender a los demás, sus propósitos, su fe, sus intereses, sus dificultades, y sus propias sus tragedias. Eso es verdad, aquí y allá.
Realidad mundana…
Una convocatoria a una conferencia de prensa de la Secretaría de Salud (SESA), para ser exactos un 22 de abril que jamás olvidaré cambió la forma de ejercer mi actividad periodística.
En uno de tantos salones del Centro Expositor de Tlaxcala, no fue el encuentro habitual entre reporteros. No hubo saludos ni la misma camaradería entre colegas.
Al ingresar fue obligatorio colocarse cubrebocas y caretas de acetato especiales, no sin antes aplicarse gel antibacterial. Esto implicó la otra forma de comunicar. Hay nuevas reglas, y pienso que así será por siempre.
En la primera conferencia de prensa que dio el Ejecutivo Estatal, Marco Mena Rodríguez, el 16 de marzo no hubo caretas, ni un metro y medio de distancia de uno con otro.
Después de varios días, ese sano distanciamiento fue marcado como esta misma realidad. Bienvenidos a la fase 3, la más mortal de todas.
Un ejército de reporteros, reporteros gráficos y camarógrafos tomaban distancia, y el cliqueo de las cámaras fotográficas siempre avasallador.
Los teléfonos móviles, esas modernas libretas, ya no de papel escribían tantos y tantos datos que ahí se dieron. En los celulares circulaban los datos directamente a las redes sociales.
La conferencia fue llevada por el secretario de Salud, René Lima Morales, en un profundo mutis de ese batallón de grillos comunicadores. Un compás poco habitual. Así fue, y así será.
La otra exigencia…
El domingo pasado, el secretario General de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres llamó a los Gobiernos y a otras partes interesadas a garantizar que los periodistas puedan realizar su trabajo durante toda la pandemia de COVID-19.
En especial ante la amenaza que representa la otra “pandemia” que nos invade: la de la desinformación, expresó.
Guterres hizo este llamamiento en un mensaje de vídeo en conmemoración del Día Internacional de la Libertad de Prensa, que se celebró este 3 de mayo, donde subrayó el papel crucial que tienen los medios de comunicación para ayudar a la ciudadanía a tomar decisiones informadas.
“La prensa nos brinda el antídoto: noticias y análisis verificados, científicos y basados en la realidad”…
Lamentó que muchos periodistas en el mundo están siendo objeto de mayores restricciones y castigos tan solo por hacer su trabajo.
Dos pandemias…
Hoy, los comunicadores profesionales enfrentamos dos obstáculos para relatar. La pandemia real que devora el sistema respiratorio, y la más descomunal, la desinformación.
También ahora, al igual que los médicos, fumigadores, militares y policías debemos utilizar una careta, una mascarilla, tapabocas para salir a la calle y contar historias.
Entre esas crónicas, la actuación indiferente y babosa de ignorantes que piensan que el COVID, es una historia irreal, y que es como el “chupa cabras” inventada por algún gobierno.
Además, de sortear -casi a diario- las mentadas de madre por publicaciones críticas de esa ciudadanía escéptica. Mientras que “La Catrina, siempre escurridiza aprovecha para rondar donde el SARS-Cov-2 está presente.
Entre Fake News (Noticias falsas), pseudo informadores con transmisiones dolosas en Facebook, los verdaderos periodistas narramos lo que pasa a diario, en un mundo desigual.
Carlos Monsiváis, el escritor mexicano excepcional decía que “los pobres de mentalidad nunca serán modernos. Se comunican por anécdotas, no por estadísticas”.
Como ser humano y comunicador siento temor de que la sociedad pierda esa sensibilidad por cada muerto de coronavirus, así como lo ha hecho por todas esas balas arteras del crimen organizado.
En este capítulo del siglo XXI, es una lástima que ya no esté físicamente Gabriel García Márquez, el eterno “Gabo”, sino seguramente escribiría -el literato y periodista- otra obra como “Amor en tiempos del cólera”.
Definitivamente, es la era descomunal que nos tocó vivir. Hasta aquí, un apunte más escrito entre el murmullo de la noche y bajo un adorable manto de estrellas. Siempre habrá un mejor mañana para ti, para mi.
Dedicatoria: Un réquiem a todos esos periodistas que narraron una historia del malvado coronavirus, y que por esa misma razón murieron en cumplimiento de su deber. Al periodismo se le ama, se le respeta.
Mis palabras están dedicadas a ti papá. Hoy, hace un año que dejaste esta vida terrenal. Hoy, estoy seguro que estás al lado de Dios.
Escribe Javier CONDE