¿Sucesión pactada?

El Universal, un medio de comunicación nacional destaca que en su reciente visita el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador destacó la buena relación que tiene con el gobernador de Tlaxcala, Marco Mena Rodríguez.

De eso no hay nada de nuevo, porque desde un principio los actuales mandatarios sellaron un pacto de no agresión, aspecto que lo han llevado a cabo por voluntad política.

El periódico señala que el Jefe del Ejecutivo Federal tampoco fumó a los morenistas en San Pablo del Monte, aspecto que tampoco tiene nada de importancia porque sencillamente la militancia, entre ellos, sus diputados locales andan como chivos descarriados.

Esto hace pensar que en la sucesión de 2021, López Obrador hará lo que se le venga en gana, y le apostará -según le amanezca- por unos de sus alfiles.

Lorena Cuéllar Cisneros, la «súper delegada» de los programas federales perjura que ella será la ungida del presidente que no olvida de dónde provino; es decir, que su cuna es el PRI, y al mismo estilo de ese viejo partido decidirá quién será el candidato de Morena a la gubernatura.

Tampoco se descarta que en esa buena relación que tienen ambos mandatarios -Federal y Estatal- esté pactada.

En política nada se descarta, pero lo cierto es que Cuéllar Cisneros mandó a sus huestes de la información a publicar imágenes donde aparece muy acaramelada y amorosa con el presidente en su última visita al estado.

Lo mismo Joel Molina Ramírez, no se quiso quedar atrás en la difusión de videos, aunque una persona de la tercera edad, una indígena le terminó por comer el mandado al senador.

Mientras tanto, los halagos, los buenos deseos y hasta las cartas a los Santos Reyes, por parte de AMLO seguirán favoreciendo a Mena Rodríguez porque sabe que de esa forma en la Federación, jamás le cerrarán la llave, la alcancía para proyectos de desarrollo social para Tlaxcala.

Es más, Andrés Manuel se ha convertido en el principal defensor de esas arteras ofensas verbales (rechiflas) que ha recibido Mena por parte de los lacayos al servicio -dicen las lenguas viperinas y de doble filo- de una mujer ex priísta y ex perredista.

Y a la militancia de Morena, a López Obrador le importa un carajo; es más, que se la lleve la «chingada» así como él mismo bautizó a su rancho. Finalmente, el poder del dedazo seguirá en Morena, pese a quien le pese. ¿O no?…

Desde la Redacción

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