24 enero, 2020
Porfirio Muñoz Ledo, podrá tener más de 70 años, pero es personaje sabio, hombre de política, bien letrado y son de esos políticos que casi no hay en la arena política en el país.
Sin duda, su colaboración publicada en el periódico “El Universal” sobre el pasado prehispánico pone de manifiesto que es un hombre ortodoxo. Muchos quizás no comulguen con mi idea.
Hace 17 años, tuve la oportunidad de entrevistarlo en una de sus tantas visitas a Tlaxcala, y en una pregunta expresa sobre una reforma que impulsó el presidente Ernesto Zedillo en materia fiscal fue tajante.
Con su tono siempre exigente me respondió -acompañado de mirada de trueno- que el PRD ni él, en su calidad de Diputado Federal, pretendían “amarrarle las manos” al mandatario federal.
Y remató “no trate de amarrar navajas” y me expresó que en su próxima colaboración en el Gran Diario de México (El Universal) hablaría sobre la importancia de que los jóvenes conocieran su Constitución Federal.
Así fue. En una amplía colaboración expresó que es determinante que todo ciudadano conociera cuáles son sus derechos, pero también obligaciones.
Dueño de sus palabras, de su arenga entendí que Porfirio Muñoz Ledo son de esos políticos que requiere México. Su colaboración en la cual habla de Tlaxcala, es exquisita.
Explica con fundamento lo que son nuestras raíces y comprende sin ser oriundo de estas tierras, la importancia de nuestro pasado.
Es una lástima que ninguna autoridad en los 500 años del Encuentro de Dos Culturas nos haya dibujado tan bien lo valioso de nuestro pasado. Para él no debe existir la idea de que somos traidores y en efecto jamás lo fuimos.