Gilberto y Ángelo, tal para cual

Vaya que la renovación de la dirigencia estatal del PAN, nuevamente evidencia que la unidad está tan distante, pues el lodazal parece no tener fin.

En pocas palabras hablaremos de los dos principales actores de esta contienda interna llena de intriga, golpes bajos, odio, discriminación y más aún doble moral.

José Gilberto Temoltzin Martínez, es un actor que no tiene el peso político para la conducción de un partido y se hace valer de panistas -que tarde o temprano- terminarán por traicionarlo.

El originario de Chiautempan demostró en dos ocasiones ser un legislador gris, sin mayor trascendencia política, pero eso sí oportunista.

Temoltzin Martínez, tiene en su pasado un aseguramiento judicial por aspectos netamente personales, y a muchos años del origen de esta disputa parece no tener fin.

Además, se ha hecho valer de gente cercana a Rafael Moreno Valle, exgobernador de Puebla y ahora senador, un experto en la “guerra sucia” en lo mediático y lo político.

Aunque, luego todo le rebota al poblano en el efecto boomerang hablando en términos de marketing. Ya veremos qué pasa.

El sarapero solo desea un golpe de suerte, sin embargo, parece estar negociando demás con otros panistas que piden candidaturas a la gubernatura y otros cargos para el 2021.

Incluso, ya buscan repartirse cargos de elección popular, dicen en los corrillos del PAN; de hecho esa ha sido la tónica -¿Qué me vas a dar?- de varios militantes a fin de respaldar las aspiraciones del empresario.

El hijo de las nahuas…

Y qué decir de Ángelo Gutiérrez Hernández, es un político mediocre, negado a la transparencia, amante de los escándalos públicos e hijo de las nahuas de una mujer obsesionada con un poder distante.

En su trayectoria política no ha ocupado más que unos dos o tres cargos públicos en los cuales ha hecho escándalos.

Desde mandar a golpear a un reportero como hacer show en su vida privada, así han dado cuenta algunos medio de comunicación.

Además, el sujeto que algún día ser encadenó y se puso bozal para llamar la atención y lograr una candidatura federal en las pasadas elecciones, no se le da el asunto de transparentar el uso de recursos públicos.

Cuando fue legislador y presidente del Comité de Administración del Congreso del Estado, jamás entregó estados financieros sobre el manejo de los ajustes trimestrales mucho menos de todo el dinero que ejerció.

Pretendió quitarse las nahuas obsesionadas con el poder, pero no pudo. Regresó al redil que lo vio florecer y ahora está sujeto a los designios de esa misma ambición.

Es más, ya saldrá a relucir su acercamiento con la oposición para darle la vuelta a determinada ex candidata albiazul.

Hay supuestas evidencias de que el de San Pablo Apetatitlán coqueteó en la pasada elección federal y estatal con Morena, y que incluso imploró que a sus adversarios que le levantaran el castigo. ¿Tanto así?…

Así están las cosas en Acción Nacional, un partido que está distante de la unidad, y el cual parece no tener un futuro promisorio.

Del otro contendiente ni hablamos porque Carlos Carreón Mejía, es su sombra. Ambos son unos equis dentro del PAN, y en los mismos círculos de la política pulquera de Tlaxcala.

Desde la REDACCIÓN

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