07 noviembre, 2018
Vaya que los chairos y los fifis están de moda y traen una rivalidad bárbara; los primeros defendiendo su ideología de izquierda-pejista, y los segundos en sentirse fresas, puros pero navegando con su doble moral.
“Si eres mexicano y usuario de redes sociales seguramente conoces la palabra chairo, usada generalmente para referirse de manera despectiva a los activistas de izquierda”, según el diario español El País.
Es difícil decir cuándo comenzó a utilizarse, pero no se puede negar que ya forma parte del vocabulario de muchos mexicanos.
Y efectivamente en las mismas redes observamos diariamente diversas posturas de aquellos que defienden en Tlaxcala a Andrés Manuel López Obrador y a Lorena Cuéllar Cisneros.
Mientras que los fifis, son esos “conservadores” de doble moral que denostan todo lo que huela a Morena y que le dan duro a la tecla para incidir -a costa de lo que sea- en el colectivo.
Son esas almas comodinas e impuras que hacen crecer su nariz como Pinocho, y creen ser redentores de la verdad, pero finalmente cargan sus propios pecados.
Sin embargo, esa misma moda de chairos vs fifis no abona a nada productivo para la sociedad, y lo único que genera es la división entre una sociedad desconcertada.
En las filas de los fifis están políticos, activistas, deportistas, creadores y hasta periodistas en cuyos gustos está viajar en costosos cruceros y aviones cuando esos mismos critican los gustos de los “chairos”. ¿O sea cómo?…
Lamentablemente, las batallas entre ambas corrientes, no acabarán sino por el contrario aumentarán conforme López Obrador y Lorena Cuéllar, cometan yerros en su actuar.
Los chairos están empecinados en creer que las cosas cambiarán en seis años, aspecto que será bastante complejo porque muchos de ellos quieren “huesito” político.
En tanto que los fifis criticarán toda acción del nuevo gobierno federal, aunque carguen en sus espaldas una doble moral que tarde o temprano ha sido ventilada en la opinión pública.
Al final de cuenta muchos de los chairos y de los fifis solo tienen un pensamiento insano, que no abona en nada al fortalecimiento de la sociedad.
Allá ellos, y sus claroscuros, esa rara mezcla que al final del día son más oscuros que claros.