17 junio, 2016
Rubén Aguirre, que medía 1.95 metros de altura, contó en su libro de memorias Después de usted varias anécdotas de sus inicios en la televisión y de su trabajo junto a Roberto Gómez Bolaños, Chespirito.
Estas son algunos de los recuerdos, en sus propias palabras:– “La primera vez que aparecí en la televisión, en el Canal 10 de Monterrey, me rechazaron. Don Mario Quintanilla, el director del canal, al verme al aire, opinó que me veía mal, que estaba tan grandote que ni siquiera cabía en la pantalla”.
– “Hacer el papel del Profesor Jirafales nunca me costó trabajo. No me costó porque yo soy como él: vanidoso, cursi, romántico y soñador. Yo soy todo lo que es Jirafales. Lo hacía casi sin estudiarlo”.
– “Mucho se ha especulado de si en El Chavo del Ocho hubo desunión. Creo que no la hubo, incluso hasta el final de la serie cuando, en efecto, hubo diferencias, pero nunca dejamos de estimarnos”.
– “En realidad nunca se supo cuál fue el último programa de El Chavo del Ocho, aunque sí hicimos uno de despedida del Chapulín. Se acabó el día que Roberto (Gómez Bolaños) ya no pudo brincar de una mesa a otra, había perdido elasticidad”.
– “Si pudiera hablar con él le preguntaría ‘Roberto, ¿sabes qué les dimos a las personas? ¿Qué hicimos nosotros para que generaciones enteras de niños y adultos nos quisieran tanto?’ Le diría que les dimos algo muy simple: les dimos nuestro amor a la comedia y nuestra pasión por la actuación”.
– “Tuve no uno, sino siete hijos, sembré no uno sino muchos árboles en mi rancho de Tepetlaoxtoc, y ahora me gustaría ser recordado no solo como un buen actor o una gran estrella, sino como un buen hombre”.