26 mayo, 2016
Desde el punto de vista sociológico, la encuesta es “una investigación realizada sobre una muestra de sujetos representativa de un colectivo más amplio […] con intención de obtener mediciones cuantitativas […] de la población”.
A propósito del proceso electoral, los tlaxcaltecas somos expuestos a una “guerra” de encuestas en las que prácticamente todos (al menos los punteros) son ganadores.Si bien es cierto que la encuesta, como instrumento de investigación social, permite realizar previsiones sobre ciertos comportamientos, no puede haber tantas variaciones.
Menos en una muestra poblacional tan pequeña como la que representa el estado de Tlaxcala. Eso sólo indica una cosa: algo está mal.
Hay cuatro razones que le dan a la encuesta un valor agregado como instrumento de investigación social:
1. Se trata de una técnica para estudiar actitudes, creencias, valores y motivos.
2. Se adaptan a cualquier tipo de información y de población.
3. Permiten recuperar información.
4. Permiten estandarizar los datos para su análisis.
El punto de quiebre se da cuando una encuesta, por cuestiones de economía o de extensión (territorial o poblacional) tiene que cambiar a un muestreo.
Y en el muestreo puede tener tantas variantes como personas lo integren. Ergo, tantos resultados, donde todos son ganadores, solo indican que los muestreos son parciales.
Pero, además, como dice Manuel García Ferrado, el resultado, depende “en gran medida, de la forma de presentarlo, ya que las respuestas no son claras o precisas”, por lo que las repuestas pueden ser “oscuras, imprecisas, ambiguas” y hasta manipuladas.
De ahí la necesidad de evitar tomar una decisión, antes de cruzar la boleta, a partir de los resultados de unas encuestas que, por los resultados, no son confiables.
A unos días del proceso electoral, resulta peligroso hacer caso de los resultados de las encuestas en las que cada todos resultan ganadores.