30 marzo, 2016
Para los políticos tlaxcaltecas, las elecciones de este año no son sino una forma de mantenerse dentro de los privilegios del dinero público.
Es bien sabido que en una gran mayoría de los aspirantes a una diputación local, especialmente los llamados “pluris”, no son más que imposiciones.
Sin importar la ideología o el color de cada instituto que busca representación en los diferentes cargos de elección popular que están en juego, la imposición en la norma.
Este escenario resulta poco alentador para una incipiente democracia como la nuestra, una vez que desmotiva y ahuyenta al electorado frente a los caprichos de unos cuantos.
El problema radica en que, pese al descontento, quienes no se han cansado de ir de uno a otro cargo de elección, formarán parte de un Congreso que en Tlaxcala ha dejado mucho que desear.
El panorama resulta gris, en virtud de que con estas imposiciones lo que se prioriza son los intereses facciosos, no los intereses ciudadanos.
Frente a esta perspectiva, quienes más se sienten defraudados son los electores, que nuevamente ves lejanas las posibilidades de que se atiendan los asuntos más urgentes de la sociedad en general.
Por eso, quienes buscan cargos de representación popular desde la figura de las candidaturas independientes, empiezan a despertar simpatías entre los ciudadanos.
No se llamen engañados ni traicionados los políticos que, impuestos, solo trabajarán por sus privilegios personales.
Y en esta coyuntura, la única certeza es que se visualizan unas elecciones donde el abstencionismo sobrepase un porcentaje superior al 50%.
Ello resultará una verdadera tragedia, porque al final de cuentas, serán dos de cada diez ciudadanos los que determinen quiénes serán nuestras autoridades o representantes.
Ni hablar. Nuestra democracia seguirá en pañales por otro año y ocho meses, cuando menos, trsitemente.