Opinión: Civilidad/ Índex Feu/ Escribe Edgar R. Conde Carmona

28 marzo, 2016

Todo pinta para que el Partido Revolucionario Institucional sufra una estrepitosa derrota en las elecciones de este año.

El caso más emblemático, hasta el momento, es Huamantla. Tras un proceso agotador, ocho aspirantes a la candidatura de la alcaldía de este municipio, fueron obligados a firmar un pacto de civilidad.

Pacto que, por cierto, rompió en primera instancia la cúpula partidista, por varios errores que han provocado severas molestias en quienes no resultaron con la nominación priísta.

Después de haber entregado su respectiva carta de intención, hasta el momento, siete de los aspirantes no fueron notificados del fallo que recayó en Jorge Sánchez Jasso.

Adicionalmente, en ningún caso fueron considerados para integrar la propuesta de planilla para el Ayuntamiento, priorizando, incluso, a personas que no tienen militancia al interior del PRI.

Fuentes fidedignas confirmaron a #IndexFeu que la cúpula priísta dio a los que resultaron con la nominación que ya tenían la candidatura pero no podían hacer propuestas para las planillas.

A esto se suma que, en el caso Huamantla, el candidato del PRI a la alcaldía, no ha tenido ningún acercamiento con los otros contendientes.

Derivado de estas prácticas, la molestia no se hizo esperar por parte de quienes hasta ahora no han sido notificados oficialmente del fin del proceso de selección.

Por el momento, uno de los ex aspirantes, Carlos Cervantes López, se marchará con sus huestes al Partido Verde, desde donde buscará la alcaldía de Huamantla.

Otros más, molestos por este desdén, prevén que difícilmente trabajarán para apuntalar el trabajo partidista en este municipio.

Incluso ya existen casos, como el del priísta José Paredes García, ex alcalde, que anunció que apoyará, junto con otros militantes, las aspiraciones de Jesús Lohr, del Partido Alianza Ciudadana.

Trascendió, de igual manera, que esta conducta se ha repetido en diferentes municipios de la entidad, donde los aspirantes fueron considerados como carne de cañón.

A no ser que la dirigencia realice acciones inmediatas para una “operación cicatriz”, la desbandada es un peligro latente para el PRI.

La falta de cumplimiento en su famoso pacto de civilidad, no sólo generó molestia en los aspirantes, sino en todos los seguidores de cada uno de ellos.

La pregunta es inevitable: ¿tendrán los dirigentes del PRI estatal la suficiente humildad y los tamaños para enmendar su error?

Por el momento, ya pueden empezar a preparar las justificaciones de una caída anunciada.

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