30 marzo, 2016
O la nueva dirigencia del PRI en Tlaxcala peca de optimismo o de plano peca de desconocimiento y se aventura a decir que no existe divisionismo al interior de ese instituto.
José Luis Ramirez Conde, recién ungido presidente del CDE del PRI fundamenta su dicho en dos caracteristicas de la militancia priista: la ideología y la disciplina.
Por eso, el nuevo dirigente cree que el proceso de designación dr candidatos a presidentes municipales no generará rupturas.
El problema radica en que las dos características a las que apela Ramírez Conde no tiene fuerza. En primer lugar porque la ideologia partidista se ha perdido entre la militancia.
Ergo, tránsfugas, chapulínes, simuladores y un largo etcétera pueblan organizaciones y sectores sin que observen (ya no digamos conozcan) los documentos básicos del PRI.
En segundo lugar, la disciplina es un tema a discusión. Basta como ejemplo un botón: en Huamantla se vislumbra una rebelión de grandes proporciones (que puede replicarse en muchos otros municipios).
El caso Huamantla es emblemático: no hay aversión o descontento hacia quien obtuvo la nominación priísta a la alcaldia. Todo indica que hay conformidad.
Lo que sí despertó el avispero, y con ello los primeros indicios de indisciplina y ruptura fue el hecho de que en la integración de la planilla para Ayuntamiento, se incluyan a personas sin trayectoria partidista.
Por lo pronto, hay indicios que la rebelión, susceptible de replicarse en todos los municipios del estado donde haya inconformidades, puede trastocar los planes del priísmo tlaxcalteca.
Y es que, a contrapelo del dicho de José Luis Ramírez, las inconformidades al interior del PRI se deben a un descuido en las formas.
Veamos: en muchos casos, aspirantes que fueron obligados a firmar un pacto de civilidad no han sido notificados que ya terminó el proceso y que ya se hizo una designación.
Peor, hay casos de aspirantes que cumplieron con todo el procedimiento requerido por el partido y de buenas a primeras se topan con que la candidatura se otorgó a quie ni si quiera cumplió con los requisitos de la convocatoria.
Resulta, pues, peligroso para el PRI ese exceso de confianza que acusa su nuevo dirigente, pues, como reza la conseja popular: “en el pecado llevarán la penitencia”.