12 enero, 2016
Los hechos evidencian que al interior del Partido Revolucionario Institucional no quieren una nueva escisión.
Esa puede ser la razón por la que el tricolor modificó las convocatorias para aspirantes a candidatos a diputados locales (de mayoría) y alcaldes.
En el primer caso (designación de candidatos a diputados) será una comisión partidista la que nombre a los abanderados priístas que participarán en la contienda.
Mientras que en el proceso de selección de candidatos a presidentes municipales se optó por el método de convención de delegados.
En ambos casos, lo que se buscará será disminuir enfrentamientos, rupturas y berrinches por parte de quienes no resulten electos.
Esto, evidentemente, luego de la fractura, que no ha sido objeto de la llamada “operación cicatriz”, en el registro del único precandidato a la gubernatura por el partido en el poder.
Sin duda alguna dichas modificaciones buscan frenar nuevas y muchas inconformidades que ponga en riesgo la posición del partido de cara a la elección de este año.
El problema, sin embargo, es que en ambos casos se corre el riesgo de concretar verdaderas imposiciones que lesionen aún más la credibilidad del partido.
Los responsables de estos procesos deberán tejer muy fino si no desean que dichos procedimientos se les escapen de las manos y generen múltiples rupturas.
Y una manera de solventar este inconveniente será mediante la selección de hombres y mujeres que garanticen un rostro democrático para el PRI en las elecciones constitucionales.
Una deficiente selección de candidatos provocará pérdida de votos valiosos, no sólo para poner en riesgo el gobierno de Tlaxcala, sino los distritos y los municipios más representativos.
De este ejercicio dependerá el futuro de la partidocracia local. Porque en un cálculo deficiente los resultados pueden ser indeseables.
Y entonces sí, a pesar de la “mega alianza”, habrá una recomposición en el mapa político de la entidad.