29 octubre, 2015
En el colmo del absurdo, integrantes del Poder Legislativo de Tlaxcala, presentaron una miscelánea, ¡para corregir errores –de dedo y ortografía– que dejaron en tres leyes electorales de la entidad!
Más como parte del realismo mágico que pródigamente cultivó García Márquez, este hecho debe dejar una enseña firme en la sociedad, y principalmente en los partidos políticos.
Resulta inconcebible que, en pleno siglo de la información y la tecnología, quienes se asumen como representantes populares, tengan fallas “de primaria” en su labor.
Reza la conseja popular: “la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre”. Por lo tanto, quienes están obligados a enmendar el camino, son los partidos políticos.
Serán esas instituciones las que se encarguen de realizar una fina selección de aspirantes a los diferentes cargos de elección popular que estarán en juego el próximo año.
Hasta parece burla que para tareas delicadas, sigan seleccionando a personas improvisadas o ignorantes del cargo por el cual buscarán el voto.
Es insultante para el electorado que quienes buscan un cargo de elección popular desconozcan elementos básicos de cultura general.
Qué denigrante es para la inteligencia del ciudadano común y corriente que en el proceso selectivo predomine el amiguismo o compadrazgo por encima de la preparación.
Es tiempo de que los propios partidos recuperen mucho de la credibilidad perdida entre el electorado.
Es tiempo de seleccionar a las mejores mujeres y a los mejores hombres para dignificar el ejercicio de la política.
Es tiempo, de enmendar, una deficiente selección de quienes hoy ocupan un cargo de elección popular.