18 septiembre, 2015
Tras reprobar la visita a Tlaxcala de Mario Marín Torres, ex gobernador de Puebla, el presidente del CDE del PRI, acusa falta de control del partido rumbo a las elecciones de 2016.
No sólo la delegada de Sedesol, Anabel Ávalos Zempoalteca, ha externado su intención de participar en busca de la candidatura priísta a la primera magistratura estatal.
Más de uno, según su estilo y entender del ejercicio político, ha buscado reflectores para ser tomado en cuenta en el proceso de selección de candidatos del PRI.
Y sobre los otros, no ha habido regaño, descalificación, pugna.
El asunto no es complejo. La figura de Mario María resulta un lastre para el Partido Revolucionario Institucional, por donde se le quiera ver.
Pero el verdadero problema no estriba en las figuras ni de Anabel Ávalos ni de Mario Marín.
El problema está en que desde la cúpula partidista se ha dejado hacer y dejado pasar, todo los que los aspirantes (que no precandidatos) han hecho para promover su imagen.
Legalmente no ha iniciado el proceso electoral. Cada uno de los aspirantes ha tenido que realizar lo que su imaginación o sus posibilidades le han permitido.
Resulta entonces vergonzoso que desde el seno del PRI no se han establecido reglas claras del juego para evitar hechos bochornosos, como la vista de Mario Marín.
Quizá sería tiempo para que la dirigencia de ese partido siente a todos los aspirantes para leerles la cartilla.
Resultaría menos bochornoso un regaño producto de una omisión propia y conduciría el proceso de selección de candidatos de una manera tersa.
A menos que lo que se busque es una derrota en el 2016.