04 agosto, 2015
Los tiempos exigen medidas extremas, quizá arriesgadas. Y en el PRI de Tlaxcala le apuesta a una medida de esta naturaleza.
Le renuncia de el ex presidente y ex secretaria general del CDE del PRI, Marco Antonio Mena y Gabriela del Razo y su postulación única a repetir en el cargo, solo hablan de un propósito: no quieren desaguisados en el proceso de selección de candidatos a puestos de elección popular en el tricolor.
La explicación se da por sí sola. De ninguna manera dejaría el grupo en el poder un proceso crucial que podría significar la pérdida de eneficios que hoy ostentan, en manos de noveles o desconocidos que pondrían en riesgo todo un proyecto político con miras a convertirse en transexenal.
Está claro que ni el primer priísta de Tlaxcala, ni los militantes de ese partido, quieren que se les salga de control el proceso de conformación de las fórmulas que contendrán para presidencias de comunidad, municipales, diputaciones locales y gobernador.
Por eso el retorno de Marco Antonio Mena, hombre de las confianzas del gobernador Mariano Goza le Zarur, a la dirigencia estatal del PRI.
Será cuestión de tiempo confirmar este golpe de timón que, por lo pronto, desvió la atención y replanteó con toda seguridad, las relaciones de poder al interior del PRI estatal.
Con la medida, que muchos no esperaban, puede incluso establecer nuevos liderazgos o romper con aquellos que ya empezaban a actuar de manera tradicional, buscando espacios para negociar algunos cargos.
Sólo falta concretar con el tiempo si la medida surtió el efecto que se deseaba o si resulta contraproducente.