26 agosto, 2015
Con el argumento de generar transparencia en la selección del Comisionado Estatal de Derechos Humanos, hay integrantes del Congreso de Tlaxcala que recurren a las ocurrencias.
La más reciente: buscar la participación de “diez expertos”, de diferentes universidades del país, como si en Tlaxcala no hubiera capacidad para resolver una decisión de esta naturaleza.
El problema está en que, ante un evidente conflicto de intereses, algunos diputados quieren hacer lo que Poncio Pilatos, lavarse las manos.
Pero con sus acciones, para lo que les alcanza es para tirar la piedra y esconder la mano.
Porque primero tanto PAN como PRI, reventaron la sesión en la que, constitucionalmente, los integrantes de este poder estaban obligados a solventar un mandato.
Dicho “reventón” ocurrió porque, en esa ocasión, un integrante de la Legislatura local pretendía incidir para que su hermana se hiciera con el cargo en la CEDH.
Pero, cosas del destino, quien ahora coordinará al grupo de “10 expertos”, se llama José Zamora Grant… ¡primo del mismo diputado que quería a su hermana al frente del organismo!
Luego entonces, se evidencia un marcado conflicto de intereses.
Y así de sucio, el proceso mana opacidad y falta de seriedad, por más que algunos tratan de asegurar que “habrá transparencia en este proceso”.
El problema es que los señores diputados no quieren apegarse a lo que dicta la ley (y eso que juraron “respetar y hacer respetar las leyes que emanen” de la Constitución local).
Tan fácil y transparente que sería que los diputados siguieran la receta que establece nuestra carta magna.
Pero, por desgracia, conflicto de intereses de por medio, se esfuerzan por complicar y opacar el estado de derecho que debe privar en la entidad.
Sólo por simples ocurrencias.