06 agosto, 2015
En la Secretaría de Gobierno, ya empezaron a buscar un chivo expiatorio que pague por los errores de la dependencia en el caso de la capilla destruida en San Pablo del Monte.
Tras reconocer la existencia de “errores de omisión y estrategia”, el titular de esa instancia, Ernesto Ordóñez, adelantó que “no sabemos qué vaya a rodar”.
Menudo embrollo se pretende crear al decir que “hasta en tanto no se integren las averiguaciones previas” es que al interior de la Segob de Tlaxcala se vayan a tomar medidas.
Y en tanto se integran esas averiguaciones, se buscará un chivo expiatorio que puede ser un agente de campo, y, en el mejor de los casos, un jefe de departamento o hasta un director.
Se trata de buscar tiempo para salvar el pellejo político y para dejar intactos a los subsecretarios o al propio titular.
El problema es que esos errores “de omisión y estrategia” no dependen del personal operativo, sino de las más altas esferas directivas de esa oficina.
Fueron errores “de omisión y estrategia” que dejaron muy mal parado al gobierno de Tlaxcala, tanto en el país como en el mundo entero.
Habrá que ver si el gobernador se conforma con que ruede “no se sabe qué cosa”.
Pero también habrá que ver si cabe tantita vergüenza personal como para no esperar una renuncia de la que no se requiere que se integre averiguación previa alguna.