Crónica: “¡Si no vas a escuchar!… ¿pa´qué chingaos vienes?”, le reviran a Calderón

18 agosto, 2015

Javier Conde

Una mujer salió de la nada. Poco a poco caminó hasta donde se encontraba el expresidente de México, Felipe Calderón. Ella sigilosa y astuta. Entre los panistas logró infiltrarse entre la muralla de la milicia mexicana.

Los motores de tres lujosas unidades estaban encendidos, y aquella setentona mujer de rostro arrugado conseguía su objetivo, burlaba a varios efectivos atufados y engreídos del Estado Mayor Presidencial.

En cuestión de segundos, el ex mandatario colocaba el pie izquierdo sobre el estribo de la flamante unidad cuando estallaba un grito de una voz ronca de la fémina: ¡Salúdame! ¡Salúdame! ¡Necesito que me escuches!…

Ante la indiferencia del panista tres manotazos se escucharon sobre la camioneta Chevrolet tipo Suburban, color negra, blindada asignada por el gobierno federal al exmandatario.

En ese instante, Calderón Hinojosa entre abrió aquella puerta y le expresó: ¡Dígame señora! ¿ Qué se le ofrece?…

Ella con voz de enfado, con su gorra de béisbol le respondió: ¿No me vas a saludar?… “Necesito que me ayudes con un asunto de vivienda”. Mientras que el michoacano le reviró: “no puedo atender su petición”… Y cerró bruscamente la portezuela.

De pronto, la caravana de unidades del expresidente se arrancó, en tanto que aquella señora de pelo cano, de escasos recursos económicos quedó pasmada ante la visible descortesía del panista.

La mujer totalmente encolerizada lanzó un segundo gritó: “Si no vas a escuchar… ¿pa ´que chingaos vienes?”… Y efectivamente Felipe, no supo escuchar.

Las tres unidades tipo Suburban y una patrulla de la Policía Federal (PF), se perdían en el trajín urbano del centro histórico de la capital del estado, donde Calderón se había reunido con alcaldes, diputados locales y la senadora Adriana Dávila, pero ella quedaba encabritada.

Y le decía a los periodistas “ustedes vieron… ¿Cómo es posible que no me haya escuchado? ¿Así son todos los políticos? ¡Vean no me escuchó!”…

Un reportero le decía: ¿Entonces cree usted que fue una descortesía del expresidente de México?… Ella, respondía tajante ¿Del expresidente?…

El comunicador le decía que Felipe Calderón, es quien había subido a la camioneta. A bocajarro, la mujer de ceño fruncido, de pies agrietados espetaba:

“¡Ah chinga!… ¿Qué no es el chaparrito, delgado él, el guapote, ese el de México, el Peña Nieto?”… Ella había confundido al panista con el priísta.

Para rematar le decía a los reporteros: “Bueno ustedes que chinga, pa´ que me toman tantas pinches fotografías, pa´ que chingaos me hacen tantas preguntas, váyanse ‘fuchi'”.

Y comenzaba a dar diminutos pasos y se llevaba la mano derecha a la cara y decía entre dientes: ¡Qué osooo!…

Las fanfarrias…

Y ya en el Centro Vacacional de La Trinidad, el expresidente de la República llegó. Entre aplausos, porras, vivas, el michoacano fue recibido. 53 años en sus espaldas.

Sin embargo, parecía que hasta las porras estaban programadas y entre el enjambre de adrianistas se escuchaban: ¡Adriana gobernadora! ¡Adriana gobernadora!… Y la legisladora dueña de la escena.

Parecía reina de primavera, con su clásica salutación. Corto, corto; largo, largo. Calderón se veía notablemente emocionado. Mientras que un batallón de meseros se preparaba para ofrecer una comilona.

Y poco a poco, parte de la crema y nata del panismo se daba cita en ese lugar donde hubo mariachis y trova.

Mientras que en una lateral había un enorme pastel, muy bien adornado que decía: ¡Feliz cumpleaños!… “Para el mejor presidente que México ha tenido”…

El autodestape…

Y luego, vinieron las arengas. La senadora fue la primera en hablar. Según, ella Calderón no vino a destaparla rumbo a la gubernatura, empero, todo apuntalaba que sí.

Ella, dijo que le daba gracias a Calderón, su gurú, su sensei, su maestro en política. Y dejaba claro que buscará nuevamente la gubernatura, pero lo cierto es que lo hará sin el poder presidencial, aquel que tuvo a sus pies.

“Yo no estoy aferrada a ser la candidata, sé que otros compañeros míos como Alejandro Aguilar y Adolfo Escobar desean lo mismo, pero ya llegarán los tiempos y la militancia habrá de definir quién será el candidato”, añadió.

Los aplausos, las porras, las gargantas desgañitadas se hacían presentes. Y luego Felipe Calderón, el que dejó más de 70 mil muertos en su guerra contra el narcotráfico tomó el micrófono para llamar a la unidad al panismo.

Dio a entender que si no hay una militancia unida será difícil recuperar la gubernatura del estado. Sin embargo, evitó destapar abiertamente a la senadora para la gubernatura por Tlaxcala. Una y otra vez, llamó a la unidad.

“Yo estoy muy agradecido con Tlaxcala, porque hubo varias personas que dieron la cara por mi cuando busqué la presidencia de la República, por eso estaré de forma incondicional apoyando a quien sea el candidato”, refirió.

En el estrado que colocaron en el centro de ese jardín el alcalde de Huamantla, Alejandro Aguilar López quedaba pensativo, callado, escuchando las porras hacía Adriana Dávila.

Las mañanitas…

Después vino la comilona. Sopa de huitlacoche, arroz y barbacoa fue lo que degustó el expresidente de la República y más de mil 500 invitados. Y cuando vino la partida del pastel arrancaron las mañanitas.

Él estaba visiblemente emocionado, pero cuando vio una enorme fila de panistas que estaba dispuesta a tomarse una foto con él, de inmediato tomó el micrófono y señaló:

“Les agradezco que se quieran tomar conmigo una foto, pero calculó que nos llevaría más de 15 horas en poder hacerlo, tomando en cuenta los segundos y el número de personas, yo les pido su compresión porque me tengo que ir y vamos a reducir tiempos”, argumentó.

“Yo les propongo que sean tomadas las fotografías por una persona y sea esa persona quien se las pase por redes sociales”. Y así fue. Los que quieren ser candidatos a diputados locales y alcaldes ahí estaban formaditos.

Transcurrieron 45 minutos y Calderón se notaba estresado al igual que varios de los organizadores dado el exceso de personas que deseaban una foto. Las selfies fueron prohibidas por el propio exmandatario.

Lo cierto, es que nuevamente los escoltas del Estado Mayor Presidencial quedaban rebasados. Por lo que tuvieron que entrar las fuerzas especiales para poder contener el gentío.

En la escena aparecían unos improvisados “bodyguard”. Fruncían en ceño, se cuadraban con sus tremendas panzas. Miraban de un lado para otro. Las fuerzas municipales ahí presentes.

Ese comando especial solamente pudo contener al enjambre de panistas que deseaban una imagen con Adriana y el presidente. Uno que otro de los invitados reviró: “Ni madres, no nos llegarán las fotos pal´ face”.

Y así fue el incompetente vocero del PAN, incumplió lo que prometió. Hasta la media noche, las imágenes no habían sido distribuidas en la cuenta de Facebook de dicho instituto político.

Lo cierto, es que las fuerzas especiales se veían bien gandallas con sus rostros bien charoleados y sudorosos. Solamente les faltaron las gafas oscuras para verse más “imponentes”.

Nada más y nada menos que se trataba de los alcaldes de Acuamanala, Calpulalpan y Zacatelco Alejandrino Espinosa Morales, Vicente Hernández Roldán y Francisco Román Sánchez.

Esta tarde, se portaron bien rudos emulando a los policías de sus respectivos municipios, se sintieron amos y señores, de la escena. Hasta que todo terminó.

Calderón bajó cansado, luego de tomarse más de cien fotografías. Atento se despidió de todos. Les deseo suerte y montó en su camioneta Suburban, ya sin sobre saltos.

Y poco a poco, el expresidente que se vistió de militar en dos ocasiones -2007 y 2011- poco a poco se perdió entre el enorme centro vacacional del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Ya sin el quepi -sin el gorro de la milicia-, sin el poder que da la investidura presidencial terminaba su visita por Tlaxcala, donde no pudo ganar la gubernatura en 2010, cuando la abundancia del dominio político se desparramaba.

Sin embargo, las preguntas quedaban abiertas… ¿por qué no quiso destapar abiertamente a Dávila Fernández? ¿Por qué no quiso hablar de la situación económica del país? ¿Por qué no quiso tocar el tema del narcotráfico con la prensa?…

Mientras que los temerosos “bodyguard” se regresaban, y uno de ellos le decía a otro. ¿Cómo nos vimos?… ¡Bien chingones!… ¿no?… Y las carcajadas estallaban.

Comentarios