03 agosto, 2015
Escribe JAVIER CONDE GUTIÉRREZ
Resulta grave la advertencia que lanzaron los habitantes del municipio de San Pablo del Monte al definir que no permitirán que la Procuraduría General de la República (PGR), realice detenciones a quienes concretaron la demolición de la capilla del siglo XIX.
Bajo este escenario, está claro que dicho escándalo rebasó el escenario nacional y que en varios medios de comunicación internacionales, se haya difundido esta agresión al patrimonio de la nación y cuyos efectos son indescifrables; este caso, se vuelve un “foco rojo”.
Sin embargo, es cuestionable la actitud del Obispo de Tlaxcala, Francisco Moreno Barrón quien de plano ha generado severos cuestionamientos como máximo jerarca de la iglesia católica en el estado. ¿Acaso sería sano que el papa Francisco analizara su desempeño?
Y es que de un año a la fecha ha cometido sendos yerros al grado de que se declare incrédulo ante lo que ocurre en el problema que ocurre en San Pablo del Monte. Ya son varios errores en los que el presbítero ha incurrido de dos para acá.
Por ejemplo, el obispo se ha hecho el occiso sobre las presuntas acusaciones que recaen sobre el padre José Rojas Valadez, quien está acusado de presuntos actos de pederastia. ¿Por qué tanto silencio de Moreno Barrón? ¿qué oculta?
Otro punto, es que fue denunciado -en el mes de abril- ante la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), por feligreses del municipio de Ayometla, por los delitos de abuso de autoridad y los que resulten.
Y es que el propio obispo logró dividir a la comunidad religiosa de este municipio, una vez que se aferró a que el presbítero René Hernández Juárez, siguiera al frente de la parroquia de este lugar.
El hecho es que cambió de sede esta vicaria y terminó por ceder a la destitución del cura y ahora intentó colocarlo en San Pedro Muñoztla, Chiautempan, por lo que la feligresía evitó que Hernández Juárez llegara al templo de ese lugar.
No sólo eso, el propio Moreno Barrón, presionó a diputados locales y a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), para que evitaran tocar el tema del aborto, al organizar una marcha en la capital del estado.
Es la primer ocasión en que una autoridad eclesiástica se atreve a confrontar a las instituciones y que también terminó por ceder al propósito que llevaron las reformas en el Congreso Local, y que éstas se derivaban en casos específicos para interrumpir el embarazo de una mujer.
Además, en las elecciones del siete de julio de 2013, el mismo jerarca toleró que Agustín Cuamatzi Montiel, quien prestaba sus servicios religiosos en San Pablo Apetatitlán indujera al electorado para que votara a favor del panista, Valentín Gutiérrez Hernández.
De lo anterior, provocó que la Sala Regional de la IV Circunscripción Electoral decidiera anular las votaciones mientras que jamás hubo un castigo Diocesano para este presbítero que incurrió en un delito electoral.
Y ahora, nos encontramos con la noticia de que jamás se enteró de que feligreses de San Pablo del Monte llevarán a cabo la demolición de un sitio propiedad de la nación, y que podría caer en responsabilidades de tipo penal.
En términos generales ¿Qué podría mantener a Moreno Barrón como obispo de Tlaxcala? ¿Acaso hay impunidad frente a una ausencia de autoridad eclesiástica? ¿Moreno Barrón seguirá tolerando excesos de sus curas? ¿Qué sigue? ¿El papa Francisco qué opinaría de lo anterior? ¿Acaso le ocultarán tales omisiones?…