Antorcha Campesina y su atropello a los Derechos Humanos

04 junio, 2015

El movimiento antorchita, caracterizado por sus marchas, plantones y mítines, es parte de una tradición escudada en la lucha campesina, de las clases “desprotegida”, que a base de presiones de carácter político han logrado hacerse de posesiones y privilegios a la brava, logrando constituir más de ocho colonias antorchistas a lo largo del territorio de la entidad tlaxcalteca.

El movimiento, constituido hace más de 40 años, y que tiene sus raíces en la sierra mixteca poblana, muy cerca del estado de Oaxaca, tuvo un auge importante que logro conjuntar a cientos de miles de personas de escasos recursos que “luchaban” por causa que para ellos consideraban justas, manteniendo una postura de critical radical hacia los gobiernos en turno.

Sin embargo, las estrategias de presión y manifestación utilizadas a últimas fechas por el movimiento en Tlaxcala han rayado en un atropello hacia los derechos de los niños y mujeres, quienes son utilizadas de manera descarada por estas personas, encabezadas por Carlos Noé Sánchez Rodríguez para buscar beneficios y accesibilidad a sus demandas.

Entrevistados por este medio, algunos de los miembros del Movimiento Antorchsta que accedieron a contar la realidad al interior de sus filas, las costumbres de machismo, denigración y hasta esclavitud hacia los pequeños y el género femenino, confirmaron el panorama retrograda y arcaico que priva entre ellos.

Dentro de una de las colonias formadas producto del paracaidismo, conseguida tras adueñarse de tierras que tenían dueños legitimos, ya sean particulares o públicos, en caso de las comunidades, algunos de estos “lideres”, relataron la facilidad con la que se apropian de terrenos que no les pertenecen.

“Esto es cuestión de la lucha, no te digo que es una lucha legal o de verdad, solo es cosa de llegar con tu gente a un lugar que este despoblado, aunque haya dueño, te plantas ahí con tus lonas, tus láminas de cartón, o que sea que lleves y armas tu jacal… cuando lleguen los del gobierno y te pones loco”.

Con esa facilidad, y escudándose en luchas campesinas que se han desvirtuado por liderazgos a los que poco importa el derecho de pertenencia, de propiedad y patrimonio, confían ciegamente en la veracidad de su lucha sobre los derechos universales de los demás.

Asimismo, la discriminación y el atropello de los derechos de terceros predominan al interior del mismo movimiento, siendo que la mujer es relegada supuestamente por los hombres al grado de considerarse una pertenencia o instrumento, sin posibilidades de equidad entre géneros, similar al caso de los bebes y niños, que son utilizados en su mayoría como parte de la estrategia para repeler las posibles contenciones en sus marchas y plantones, técnicamente como escudos humanos.

“Las mujeres y los chamacos van a las movilizaciones por una sencilla cosa… un policía no se va a animar a tocarlos, si fuéramos puros pelaos segurito si nos dan, cuando cerramos calles o quemamos algo estamos haciendo algo fuera de la ley, pero si ellos están le miden más el agua a los elotes”.

Aun cuando esto puede ser considerado como muestras de cobardía, resulta más preocupante el hecho de que se les exponga ante los riesgos que representan sus movilizaciones, en su mayoría radicales, mismas que, ya más de una vez han detonado en hechos sumamente violentos en el pasado.

En ese sentido, resulta necesaria la intervención de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, ante los presuntos hechos que atentan contra los derechos humanos de estas personas, quienes podrían seguir estando en riesgo ante las practicas poco sanas que son escudadas bajo la premisa de su origen étnico, costumbres de la región y demás alegatos, cuyo pasado forma parte de la diversidad cultural del país, el cual atenta contra sus derechos.

LA FNERRR

El brazo estudiantil de Antorcha Campesina, la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios Rafael Ramírez (FNERRR), no dista demasiado de su origen, los estudiantes, quienes de igual manera se catalogan de bajos recursos, son en esencia una muestra de la discriminación entre clases, al exigir mediante las mismas tácticas privilegios y atención inmediata para sus agremiados, por encima de los demás jóvenes, constituyendo actos de discriminación.

Bajo su eterno discurso de infinidad de razones por la que según ellos se deben atender sus demandas de manera inmediata, donde la principal excusa es su imposibilidad de acceder a recursos por sus condiciones económicas, se esconde una política acaparadora, donde además de excluir a quienes se encuentran con posibilidad y solvencia económica alta, dejan al margen a personas de clase media, constituyendo un acto de discriminación, lo cual es una violación flagrante de sus derechos.

* Información ALFREDO GONZÁLEZ

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