Afirma Lorena Cuéllar que por desgracia la mujer no logra su autonomía

26 mayo, 2015

La Senadora del PRD, Lorena Cuéllar Cisneros, propuso establecer un incentivo para la creación y conservación de empleos formales de las mujeres, y que al mismo tiempo impulse el acceso a la formalidad y a las prestaciones de Seguridad Social en México.

Mediante una iniciativa ante el Pleno, la Senadora tlaxcalteca planteó la creación de la Ley que Regula el Otorgamiento de Subsidios a las Mujeres Trabajadoras, ya que “es preciso invertir recursos para que las mujeres que logren acceder al trabajo formal puedan conservarlo y con ello se dé un paso importante para avanzar en la igualdad sustantiva”.

La legisladora por Tlaxcala, señaló que en los últimos años se ha hablado a nivel internacional de un concepto de nueva pobreza para referirse a aquellas personas que, a pesar de disponer de un empleo o de alguna prestación, no poseen recursos suficientes para cubrir sus necesidades.

El proceso de industrialización, que desde los años 60, no ha dotado de autonomía personal y económica a las mujeres y por el contrario las llega a exponer a situaciones de vulnerabilidad, de acuerdo con un estudio publicado por el Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) del Colegio de México (Colmex).

Dentro de los nuevos pobres, explicó Lorena Cuéllar, la mayoría son mujeres y a éstas se les ha denominado feminización de la pobreza o feminización del empobrecimiento.

Al justificar su propuesta, apuntó que en México “la pobreza tiene rostro mujer”, pues durante el último decenio, el número de mujeres que viven en condiciones de pobreza ha aumentado en forma desproporcionada en relación al de hombres, además la mayor incidencia de pobreza es en el ámbito urbano, particularmente en los hogares con jefatura femenina.

Dijo que en esta compleja realidad, es más evidente la incapacidad de las políticas de desarrollo social en México, que carecen del enfoque productivo y de una auténtica perspectiva de género.

La presidenta de la Comisión de Desarrollo Social subrayó que los gobiernos han optado por implementar apoyos dirigidos a la población en pobreza extrema, que únicamente alcanzan para que las familias tengan un poco más de ingresos y atiendan necesidades elementales de alimentación, salud y educación.

Pese a ello, las ganancias que logran las mujeres son poco sustantivas; sus ingresos en la mayor parte son complementarios y siempre en la lógica de adaptación a las necesidades de la familia.

Hizo notar que si bien las jefas del hogar en estos sectores alcanzan cierta autonomía, ésta se ve limitada por las obligaciones que deben enfrentar.

A lo que se suma el rechazo de las personas cercanas a ellas por replantear el papel de las mujeres trabajadoras, tanto en las relaciones de pareja como en las negociaciones de los roles en la familia, ya que muchas relaciones se guían aún por el papel de subordinación que la mujer “debe” tener en la relación.

Lo anterior deriva en condiciones inestables de empleo que a su vez debilitan los procesos de construcción de una autonomía económica y personal sólida, lo que coloca a las mujeres en una condición de vulnerabilidad social y económica.

Advirtió que realmente no existen acciones por parte del Estado, respecto a la desigualdad en el acceso y permanencia del empleo de las mujeres, sobre aquellas que enfrentan el flagelo de la pobreza, a pesar de trabajar.

Asimismo, recuerda que el Gobierno federal anunció que el programa Prospera adoptaría medidas que permitirían a los beneficiarios acceder a mejor condiciones, para incorporarse al mercado laboral o a la vida productiva.

Sin embargo, Lorena Cuéllar estima que estas medidas son insuficientes para la vinculación con el servicio nacional de empleo ni la capacitación para crear proyectos productivos, ya que estarán sustentadas en políticas públicas ineficientes para crear empleos o impedir la enorme desigualdad entre los géneros y la feminización de la pobreza.

Con esta iniciativa, recalcó, se busca avanzar hacia un esquema que permita romper el círculo vicioso de la reproducción generacional de la pobreza, que afecta mucho más a las mujeres, concluyó la Senadora.
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