¿Los políticos mienten?

Desde la REDACCIÓN

En el libro titulado el “Arte de la mentira de la política” de Jonathan Swift destaca que la política y la mentira suelen ser buenas compañeras, y vaya que tiene razón. En Tlaxcala, el honor a la palabra y el valor de una firma son dos valores que los diputados locales pueden tirar -en cualquier momento- al cesto de la basura.

El mismo escritor irlandés destaca que los políticos de hoy mienten con singular torpeza: seguramente, a no pocos haría bien recordar las recomendaciones que algunos sagaces británicos dejaron escritas allá a principios del siglo XVIII.

Pero lo que ocurre en el Congreso del Estado, con los actuales diputados es denigrante porque mientras algunos llegan a acuerdos, otros están pensando cómo romperlos para saciar sus miserables instintos, sin importarles, las consecuencias que haya para una sociedad que padece el hartazgo partidista.

Lo grave del caso, es que el tricolor -en el poder- no ha llenado la ambición de una inquietante chiquillada que quiere sacar raja y que de forma convenenciera juega un papel equilibrante o desequilibrante -según sea el caso-. Uno se pregunta: ¿en qué momento los 32 legisladores enaltecen el arte de la política?…

Bajo estas circunstancias, las bancadas del PAN y PRD, se aprovechan para hacer un juego político en el cual recurrentemente rompen acuerdos, mientras que el tricolor, se queja amargamente de que no pueden impulsar un congreso moderno, pues sus adversarios basan su qué hacer en el método del engaño.

Aquí, es importante resaltar lo que el propio Jonathan Swift dice en su texto, que cuando la incipiente política parlamentaria, se perfila en todas sus modalidades para algo positivo, siempre sale a relucir el arte de mentir y que no es un aspecto que se improvise, sino que es un arte con todas sus reglas.

Y es que es denigrante observar que mientras en las comisiones los legisladores llegan a acuerdos y que la propia Junta de Coordinación y Concertación Política (JCCP) los respalda, misteriosamente sean los mismos integrantes quienes se ausenten de las sesiones, que se conviertan en unos verdaderos fantasmas.

Es más, esos mismos diputados sin escrúpulos levantan del poderoso dedo como si quisieran ser invisibles ante una sociedad que mira hacia el Palacio Legislativo, pero también esos mismos congresistas ejercen el poder del voto para disimular lo que el ciudadano espera, vivir mejor.

Una y otra vez, existe la duda del cómo construir un Congreso del Estado, con espíritu moderno, que responda a las expectativas de la sociedad y a los retos que vive el mismo país que está al borde de un colapso social.

Empero, nos encontramos que hay varios legisladores locales improvisados, poco ortodoxos, que abogan por coartar la libertad de expresión y además, ignorantes, pero eso sí, con mucha hambruna partidista que desaíra a cada instante, el honor a la palabra y la seriedad de una firma.

Ahora, en puerta hay dos procesos electorales (2015 y 2016) y está claro que en el Cámara de Diputados, se radicalizará aún más el trabajo legislativo, toda vez que la batalla política por colocar a diputados federales será cruenta, pero más cruenta será la guerra por ganar la gubernatura de Tlaxcala.

Esto implica que la agenda legislativa sea más lenta que una tortuga, lo que evidentemente generará un escenario más complicado para el gobernador Mariano González Zarur, porque sencillamente las traiciones, la doble moral, la sobrevivencia política ha comenzado a florecer en los diputados del PRI, prueba de ello, es la actuación subjetiva del legislador Miguel Ángel Xochitiotzin Hernández.

En términos generales, no existen buenos augurios en el terreno legislativo porque desde este recinto se montarán más show mediáticos y jugarán los diputados una posición más beligerante a fin de ganar batallas partidistas, y para desgracia de la sociedad el espíritu de legislar, fiscalizar y gestionar sufrirá una espantosa convulsión.

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