¿Cuál tranquilidad?…

Escribe JAVIER CONDE GUTIÉRREZ  


Frente a hechos de corrupción, de impunidad y hasta de inseguridad  muchos ciudadanos se preguntarán ¿Qué tan importante es creer en las instituciones públicas, en los funcionarios y en los propios gobernantes?… y quizás la respuesta sólo quede en una muda interrogante.


La base de una sociedad, de una familia y de un individuo es tener tres aspectos básicos en la vida: Salud, Educación y Seguridad. Bajo dichos conceptos la ciudadanía puede crecer con armonía, pero sobre todo con bases bien cimentadas a fin de cubrir sus necesidades y hasta prosperar.


Sin embargo, cuando alguno de dichos elementos esenciales falla entonces el propio ciudadano ve mermada sus aspiraciones. Por ello, uno puede cuestionar hasta dónde han sido eficaces los gobernantes y sus subordinados para los asuntos de prevención y de atención en los programas institucionales.


Y me atrevo a decir que un amplio sector de la sociedad, se queja de un asunto elemental que es su seguridad. Bajo esta tónica, es importante señalar que un ciudadano no confía en un policía porque simplemente lo identifica con una imagen aterradora e incapaz de velar por los intereses de su municipio, estado o nación.


Lo que ha pasado en el interior de la Comisión Estatal de Seguridad (CES), con la desarticulación de una presunta banda de policías “secuestradores”, es un impacto terrible para una sociedad que se pregunta si vivimos verdaderamente en un estado seguro como tanto pregonan las autoridades.


Además, es importante decir que el gobernador del estado, Mariano González Zarur, prefirió correr el riesgo al detener a siete policías estatales que dejar que una supuesta célula de la delincuencia organizada se apoderara de las calles y de la conciencia de más víctimas. 


Por ello, es importante llegar a la verdad histórica y jurídica, para sostener que vivimos en una sociedad donde impera el ministerio de la ley antes que aquellos que atentan contra la paz social. 


En el tintero quedarán muchas interrogantes, pero en los hechos la zozobra perdura dentro de una población que vive una aparente tranquilidad como acertadamente lo dijo Roberto Campa Cifrián, subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación (SEGOB), en su última visita al estado de Tlaxcala.


Bajo este escenario, lleno de inquietud es imperante decir si el nuevo comisionado Estatal de Seguridad, Oreste de Jesús Estrada Miranda será capaz de limpiar una institución en la cual privan las mañas y los excesos por parte de algunos de sus elementos. ¿Dónde quedó la vanidad y el poder de Orlando May Zaragoza, cuyo amigo es Jorge López Pérez ahora detenido por presuntamente privar de la libertad a cuatro personas? ¿dónde?


Asimismo, qué hacer para que los presidentes municipales realmente designen directores en sus corporaciones policiacas con expedientes en blanco y de esa forma haya eficacia dentro de los cuerpos de seguridad. 


La historia más reciente nos dice que en varios municipios de la entidad, ha habido entre sus filas policías vinculados en secuestros, directores de seguridad que no han pasado los exámenes de control y confianza, así como elementos que portan una arma, una máscara y un uniforme, destruyen patrullas para sentirse todos poderosos en las calles.


Por esta razón, es imperante decir de qué ha servido destinar cifras millonarias para el adiestramiento, compra de equipo y armamento, si finalmente se ha ventilado en la prensa local y nacional que las unidades y las pistolas -adquiridas con nuestros impuestos- en ocasiones sirven para delinquir.


Ahora, un caso que no debe pasar desapercibido es lo que ocurre en Apizaco, y lo peor del caso es el origen de un correo electrónico que alguien creó el cual vino a romper con la tranquilidad de este municipio y que fue manejada perversamente. El impacto y el daño está hecho.


En casas, en comercios, en escuelas, en restaurantes los ciudadanos han sacado a colación si en verdad existe un “psicópata” que golpea a mujeres en Apizaco, sin embargo, el presidente municipal ha sido incapaz de aclarar dicha situación. El rumor es un elemento dañino para toda sociedad, pero el silencio de una autoridad, resulta ser más vergonzoso.


Y es que cada día que pasa el mismo ciudadano se pregunta si la Plataforma México, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), la policía federal, la gendarmería han servido en el terreno federal porque en el terreno estatal y municipal hay expedientes con un negro historial y que cuyos elementos siguen dentro de las corporaciones. ¿Y ahora quién podrá ayudarnos?…


Así de sencillo, nadie puede hacerse justicia por su propia mano, pero a los ciudadanos nos corresponden abonar porque la seguridad en las calles se recobre, pero muchos temen a que sean los propios policías quienes solapen a quienes se drogan, a quienes delinquen, a quienes cultiven la corrupción y la impunidad. Así las cosas en México, Tlaxcala y Apizaco. ¿Usted conoce a un policía honesto?…

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