12 febrero, 2015
En medio de una pertinaz lluvia, Andrés Manuel López Obrador, presidente nacional de Morena habló de la corrupción en la política, de la impunidad, de la crisis social que vive el país, de los sueldos exhorbitantes de funcionarios pero evitó pronunciarse de la imposición que hizo de la “casta divina” o “Los Clinton” de Tlaxcala, como los denomina la propia militancia.
Y es que un sector de los agremiados de este partido político está molesto, luego de que el propio López Obrador impusiera -hace una semana- al exgobernador del estado, Alfonso Sánchez Anaya y su esposa María del Carmen Ramírez, como candidatos a las diputaciones federales; el primero por la vía de mayoría relativa y la segunda por la plurinominal.
En Apizaco, el político tabasqueño criticó a loa líderes del PRD quienes llevaron a la perdición a dicho instituto político y por eso “preferí pintar mi raya y ahora estamos en Morena para aspirar a ganar la presidencia del país”.
Del mismo modo, lamentó que las reformas estructurales sirvieron para vender al país y “hoy puse en mi Facebook algunas líneas sobre aquellos políticos que hicieron depósitos en bancos suizos y eso es vergonzoso e indignante que hagan ese tipo de artimañas”.
Dejó claro que Morena no es un partido “palero” porque no estará al servicio del poder y en caso de que lleguemos al poder “poniendo orden en Los Pinos y venderemos hasta el avioncito que se ha comprado Enrique Peña Nieto”.
No obstante, dijo que se está recuperando de su salud y aceptó que el candidato a la diputación por el distrito I, Alfonso Sánchez Anaya tiene una fragilidad en su pierna derecha, pero “aún así estamos puestos para dar la batalla”.
Argumentó que en Tlaxcala son la primera fuerza política y eso “lo demostraremos en las elecciones del siete de junio… que quede claro que no andamos en campaña proselitista sino en reuniones de información”.
Mientras tanto, el también exgobernador del estado, Alfonso Sánchez Anaya, señaló que en Tlaxcala prevalece la corrupción, la falta de aplicación de la ley y el rezago social, pero quizás olvidó los excesos de algunos de sus exfuncionarios.
Arremete contra la prensa …
Una vez que terminó su evento en el zócalo de la ciudad rielera, y al cual asistieron unas 200 personas el político tabasqueño se negó a hablar de la reciente designación de Alfonso Sánchez Anaya y de su esposa quien en las elecciones de 2004, buscó la primera magistratura estando en el poder.
Un reportero le dijo que si dicha actitud era incongruente con los principios que supuestamente pregona por lo que señaló tajante “no hablaré del tema”. El mismo periodista le reviró que si la sociedad y la militancia de Morena no merecía una explicación; sencillamente, el morenista se encolerizó y comenzó a de decir que los medios de comunicación son unos “gánster, unos vendidos”, sin presentar pruebas de sus dichos.
Más tarde en la capital del estado, López Obrador se reunió con una escasa concurrencia de simpatizantes donde dictó el mismo discurso en medio de la penumbra y donde la lluvia y el aire provocó que una lona se le cayera en la cabeza.
Como se recordará, en las eleciones estatales de 2004, Sánchez Anaya impulsó a su esposa para que fuera gobernadora de Tlaxcala por el PRD, incluso dicho caso se ventiló en los tribunales electorales, pero la sociedad terminó por castigarlos con su voto.