19 enero, 2015
Desde la REDACCIÓN
Vale la pena rescatar fragmentos del Semanario Católico “Desde la Fe” que critica -este domingo- a todos aquellos políticos “chapulines” que van brinca y brinca para saciar sus instintos y olvidan para qué propósito fueron electos.
Aquí les dejamos la lectura que la propia Arquidiócesis de México hace frente a aquellos que no les importó cumplir para qué propósito se sometieron al escrutinio público:
¿Cómo confiar en nuestra democracia?…. El Poder Legislativo de la Unión reformó el sistema electoral para garantizar seguridad, equidad, transparencia y austeridad en la vida de los partidos y los procesos comiciales.
Hasta el cansancio, durante esas discusiones, la sociedad fue persuadida de las bondades del nuevo marco jurídico transformador de las instituciones, originando un todopoderoso Instituto Nacional Electoral (INE).
Y es que dicho organismo centralizó las competencias de las autoridades estatales para impedir que gobernadores y otros actores indeseables afectaran la equidad electoral, obligando a los estados a adecuar sus legislaciones respectivas. Con las precampañas comienzan a verse las limitaciones y lagunas del marco electoral.
Y es que, a fin de alcanzar un “güeso” y para seguir viviendo del presupuesto, funcionarios locales y representantes populares comenzaron a brincar los “chapulines” para asegurar su nombre en boletas electorales o listas de los partidos para una curul en la Cámara de Diputados.
Resulta indignante y escandaloso el caso de la Ciudad de México, donde diez de los dieciséis jefes delegacionales -mostrando el mayor desprecio a la ciudadanía que los eligió-, piden licencia para amarrar un asiento en la ALDF o la Cámara de Diputados.
En principio, los ambiciosos peticionarios de las licencias no rinden cuentas claras de su gestión, no hay transparencia sobre su administración y no hay auditorías creíbles de sus administraciones. Se van, sin responder del manejo del poder y el dinero públicos conferido por la soberanía del pueblo a través del voto.
Caso Tlaxcala…
En lo que respecta al caso Tlaxcala, está claro que el mensaje encaja a todos aquellos que disfrazan “El bien común” con la hambruna del poder, principalmente, para aquellos alcaldes panistas que buscarán ser diputados federales.
Lilia Caritina Olvera Coronel, una panista de mediana envergadura, buscará suerte en medio de una administración que tiene más resultados oscuros que claros, ya que su administración ha vivido de escándalos sexuales hasta la prepotencia de sus funcionarios-familiares.
Asimismo, Alejandro Aguilar López quien deja al municipio de Huamantla, sumida en una crisis financiera heredada por más de 180 millones de pesos, así como una comuna sumida en el ambulantaje, con severos rezagos sociales, pero sobre todo afectada por los altos niveles de inseguridad.
Mientras que Miguel Ángel Polvo Rea, alcalde de Tlaltelulco parece deambular con la sombra del actual gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle y que incumple con lo prometido:
“Traeré el desarrollo y la modernidad a este municipio”, así como lo hizo exactamente “Varguitas” en el película “La Ley de Herodes”. ¿Cuál desarrollo? ¿Cuál modernidad?…
Y en el caso del diputado local, José Gilberto Temoltzin Martínez, quien sólo anhela con tener impunidad, para cobijarse tras el poder que otorga el fuero constitucional en algunos casos; por ello, nos preguntamos ¿Eso es democracia? ¿Cuál bien común?…
Conste aquello de los “chapulines”, no lo dijimos nosotros mucho menos aquellos de que se van, sin responder del manejo del poder y el dinero públicos conferido por la soberanía del pueblo a través del voto. Y es que los panistas son de piel muy sensible.