09 diciembre, 2014
Cuando el imperio de la impunidad aparece siempre avasalla el espíritu que otorga la propia ley, por lo que en Tlaxcala se ha vuelto una práctica recurrente de varios políticos, que saben perfectamente las argucias legales para justificar sus propias tropelías ante los órganos fiscalizadores y legislativos.
A lo largo de los últimos años, un sector de la prensa tlaxcalteca ha sido fiel testigo de cómo los políticos encumbrados en el poder aplican el marco normativo a su pleno antojo y sacian sus intereses personales como ocurre -año con año- en el Congreso Local, donde el escándalo ha podido más que la razón.
Y es que a lo largo de cada legislatura sencillamente presidentes municipales y titulares de instituciones han transgredido el marco legal para poder enriquecerse inexplicablemente, pues saben que destinar parte del dinero que se llevaron servirá para comprar voluntades.
Por ejemplo, las artimañas de un diputado han propiciado que muchos ayuntamientos de la entidad, atraviesen severas crisis financieras, toda vez que los excesos de quienes gobiernan han generado que las arcas del erario estén en números rojos e incluso al borde de la quiebra.
Basta recordar que en el sexenio de José Antonio Álvarez Lima, los partidos políticos determinaron impulsar la creación del Órgano de Fiscalización Superior (OFS), pues era necesario fortalecer la revisión de las cuentas públicas y comenzar a transitar por los senderos de la transparencia, principio que no se ha cumplido.
Bajo este espíritu el OFS comenzó sus funciones, pero lamentablemente, sus dos únicos titulares Florentino Flores Xelhuantzi y Crispín Corona Gutiérrez han actuado más políticamente, como lo han evidenciado algunos actores políticos
En la historia reciente el debilitamiento en la imagen del Congreso del Estado y del OFS han generado un severo problema porque la propia ciudadanía ha dejado de creer en los actos de sus integrantes, pues es notorio que los diputados aplican la ley a su modo.
Lamentablemente, en el Poder Legislativo confluyen sinnúmero de intereses excepto el del ciudadano y basta recordar las palabras de la legisladora panista en la pasada legislatura, Rebeca González Hernández quien dijo que “estar en la Comisión de Finanzas y Fiscalización, es un negocio”. ¿Verdad o mentira?…
Por ello, es necesario un cambio profundo en la actividad legislativa, pues la población está ávida de encontrar un Congreso Local, que responda a las expectativas y que en verdad sus diputados cumplan con tres tareas fundamentales que son Legislar, Fiscalizar y Gestionar para que en verdad cumplan como representantes de un pueblo totalmente incrédulo y cansado de los excesos.
En esa tónica de la desconfianza, es notorio observar a algunos diputados locales ignorantes, carentes de visión social y que solamente su ego, su caciquismo, sus charolas, sus vehículos de lujo, su folklore, su fuero constitucional, su léxico florido y hasta sus chalanes -sedientos de poder- son su mejor carta de presentación.
Un artículo de Carlos Monsiváis, en la revista Letras Libres dice con mucha certeza que “en México no pasa nada hasta que pasa. Hoy se podría afirmar: En México pasa de todo hasta que percibimos que a fin de cuentas nada pasa. Nada pasa, salvo la desesperación, la corrupción, el narcotráfico, la violencia múltiple, la inseguridad, la incompetencia extrema, las vidas gastadas y las epidemias sin atención debida”.
Y el escritor prosigue “me asomo al Palacio Legislativo a constituirme en testigo de honor de la votación sobre Fobaproa, la gran causa con la que se asociará siempre al gobierno de Ernesto Zedillo. Saludo a conocidos, capto la tensión atmosférica (y lo hago con gran precisión, porque todos aseguran estar muy tensos), y a la media hora me retiro. Es por demás, la coalición gobernante PRI-PAN ha despojado al acto de la intensidad genuina”.
Lo mismo podría ocurrir en Tlaxcala, cuando uno se asoma al Palacio Legislativo para darse cuenta los golpes de moralidad de los diputados, el desaseo político, la predominancia del PRI en el poder, pero sobre todo 32 curules que sólo arrojan un síntoma de la desesperanza y de actos violatorios al espíritu de la norma.
Cuando el presidente de la Junta de Coordinación y Concertación Política del Poder Legislativo, Marco Antonio Mena Rodríguez habla de que es necesario construir un congreso moderno para responder a las expectativas de la ciudadanía me atrevo a preguntarle ¿cómo hacerlo? ¿cómo cambiar la mentalidad de un sistema político caduco?…
Lo más sensato es que los tlaxcaltecas pasáramos de una política mercenaria a una actividad partidista que cumpla con la ley, que combata la corrupción, que promueva la transparencia, que fortaleciera la actividad institucional, pero sobre todo que se desaterrara la doble moral de sus políticos. Y para lograrlo se necesitaría que ocurriera un milagro.