02 noviembre, 2014
El público esperaba la comparecencia del hijo prodigo y recibió con gran ovación a en cuanto apareció encabezando el paseíllo regiamente vestido de obispo y oro, una tarde que fue a más en cuanto a ambiente e interés, en esta ocasión la sensibilidad artística de los feriantes tlaxcaltecas fue bien correspondida por el toreo vertical y reposado de su paisano pero sobre todo por la callada y seria maestría de Fermín Rivera.
Sergio con su primero realizó una faena de lances cadenciosos con la capa que continuó con muletazos largos plenos de plasticidad y rematados con gusto, la personalidad y pulcritud de su actuación aunados a un valor sereno prendieron en el tendido y su honestidad le hizo pisar terrenos comprometidos y ser arropado aparatosamente por el astado, visiblemente maltratado se levanto para matar de manera certera y llevarse una oreja de mucho valor. El cierraplaza resultó el hueso del encierro, Flores realizo una labor de aliño siempre imponiéndose imprimiéndole elegancia y gallardía , lo despacho pronto y fue aplaudido.
Fermín Rivera fiel a su concepto se toma realmente en serio la profesión del toreo, callado en cuadrillas, elegante y discreto en el paseíllo, y concentrado siempre en el transcurso de la lidia, pareciera lejano mientras transcurre la tarde pero en cuanto esta frente al toro, su conocimiento y paciencia le dan un matiz ascético de maestro intemporal, en búsqueda del secreto de la lidia, que no se fija tanto en agradar al público y que vive intensamente el disfrute interno de conocer su oficio y, ejecutarlo con efectividad.
Para apreciarlo hay que tomarse en serio el papel de aficionado y calladamente tratar de adivinar ese diálogo secreto que es el toreo, poner atención y disfrutar como en el ballet, no esperar la estridencia de un desplante, apreciar la armonía de este arte mayor que puede ser el toreo, dos faenas extraordinarias la primera aprovechando la clase del astado consintiéndole y siempre colocado para hilvanar el rosario de derechazos templados, rematado con gusto y temple.
No obstante, quizá mas interesante la del segundo que fue menos propicio y le pidió una faena con mano firme y sitio. Sin embargo la tristeza se derrama en el tendido como un quejido lastimero, cuando por fallar con el acero no corta las orejas que sobradamente se había ganado, pero se queda en la mente la gran tarde de toros del joven y callado maestro potosino.
Arturo Macías El Cejas, tuvo una tarde difícil pues su primero no rompió y en su segundo la gente empezó a meterse un poco con él, su disposición y toreo valiente no fueron suficientes para conseguir el triunfo.
FOTOGRAFÍA: Juan Ángel Sainos