13 enero, 2014
Desde la REDACCIÓN
A la mitad del camino, el gobernador del estado, Mariano González Zarur, deberá rendir cuentas a la ciudadanía de cuánto ha hecho para promover el desarrollo, por brindarle seguridad, así como empleo y lo principal gobernabilidad.
Sin embargo, hay un sector que asegura que el mandatario priísta ha hecho poco por Tlaxcala y que ha preferido gobernar con el “garrote en mano” que antes conciliar con aquellos sectores que por años tuvieron privilegios.
Lo cierto, es que aquellos “vividores del sistema” han dejado de tener ciertos privilegios, derivado de la actitud del gobernante tlaxcalteca positiva o negativa, pues según para él no debe haber privilegios para nadie en especial.
González Zarur, tendrá el mejor termómetro de lo que ha hecho a lo largo de su camino como mandatario; sus opositores como el PAN y PRD aseguran que el desarrollo se encuentra estancado. ¿Y cuándo fueron gobierno qué hicieron por Tlaxcala?.
La ciudadanía recuerda de la administración de Alfonso Sánchez Anaya, excesos como el haber intentado perpetuarse en el poder al imponer como candidata al “trono” a su esposa María del Carmen Ramírez.
De la gestión de Héctor Ortiz Ortiz, los tlaxcaltecas recuerdan que sólo dejó grandes y millonarias obras, traducidas en “elefantes blancos” como la Plaza Bicentenario y un puente que lo construyó al revés. Y de lo demás pregúntele a González Zarur por qué lo perdonó.
Por ello, es necesario que el titular del Ejecutivo, sea honesto consigo mismo y proyecte para la otra mitad de su administración qué Tlaxcala desea para sus habitantes porque las necesidades son muchas.
Otro punto que debe tomar en cuenta el primer magistrado de la entidad, es saber si sus colaboradores han cumplido con la ciudadanía y qué tan lejos de la canija tentación por el poder los ha mantenido. El hecho es que varios de sus funcionarios le han quedado a deber a Tlaxcala.
Así pues, el gobernador del estado, rendirá un informe en esta semana donde sus oponentes seguramente lo criticarán pero insistimos el verdadero termómetro lo tiene él y desde luego, la ciudadanía que palpa las acciones de un mal o un buen gobernante. La historia se escribe todos los días.