31 octubre, 2013
Escribe JAVIER CONDE GUTIÉRREZ
Este miércoles fue uno de los días más negros que he cubierto como periodista en la Cámara de Diputados Local. Observe cómo los legisladores, principalmente, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) consumaron un poder encubridor.
Y es que todavía, el martes pasado alrededor de las 20:00 horas, los integrantes de la Comisión de Finanzas y Fiscalización del Poder Legislativo, se encontraban en la disyuntiva de avalar o no tres cuentas polémicas de comunas.
En un acto quizás maquillado, los integrantes de la misma Carlos Augusto Pérez Hernández, Rebeca González, Fidelia Ángel Marcos, Teodardo Muñoz Torres, circulaban inquietos de un lado a otro en los pasillos del Congreso.
Y finalmente no lograron sesionar porque la Junta de Coordinación y Concertación Política (JCCP), decidió -mañosamente- atraer los dictámenes de las cuentas públicas de Huamantla, Tlaxcala y Apizaco.
Fuentes consultadas dieron cuenta que este miércoles por la mañana, que los integrantes de la Comisión de Finanzas avalaron, ya sin la presencia del auditor superior, Crispín Corona Gutiérrez y de la prensa dichas cuentas.
Mientras que en el informe de labores de la diputada federal, Aurora Aguilar Rodríguez, un diputado con licencia, Alejandro Aguilar López, criticaba la acción de su suplente Rebeca González Hernández por haber avalado la cuenta pública de Huamantla, que estaba plagada de irregularidades.
Ya en la sesión extraordinaria de este miércoles fui testigo de aquel día en que diputados del PRI, apoyados por algunos de sus homólogos del PAN, PRD, PT, PS, Movimiento Ciudadano y uno “independiente” concretaron un hecho atroz.
En mi libreta quedaron escritas palabras que dijeron algunos diputados de los Partidos Alianza Ciudadana y del Verde Ecologista de México, que había suficientes argumentos para no avalar dichas cuentas públicas.
Y lo cierto, es que el último reporte del Órgano de Fiscalización Superior (OFS) indicaba que los alcaldes Pedro Pérez, Carlos Ixtlapale y Orlando Santacruz Carreño no habían solventado las múltiples observaciones.
Mientras que una mayoría ansiosa, cerrada a observar la realidad de la molestia ciudadana, ensimismada con sus intereses y gozando sus últimos minutos de ser legisladores, no entendieron de razones y utilizaron el poder del dedo.
Sí, ese poder del dedo que da o quita, ese poder que no entiende de razones, nada más la suya, pero sobre todo que está por encima y que hasta se vuelve solapador.
Pero lo mejor de todo señores diputados que exactamente les quedan 60 días para que dejen de ser los amos y señores del Congreso Local, pero lo mejor de todo es que serán ciudadanos igual que los demás.
Y entonces como dijo el diputado Gregorio Cervantes Díaz, no podrán mirar al pueblo a los ojos o como lo dijo el legislador del PAC, Justo Lozano Tovar, ¡qué…” así pensará algún ciudadano que se sintió agraviado.
En términos generales, lo mejor de todo, lo mejor de todo, es que ya se van y ustedes decidirán a dónde, ya sin el poder de aquel dedo que aniquiló las esperanzas de un pueblo para reprobar a aquellos alcaldes cuyas cuentas públicas tenían un sentido reprobatorio.
Y recuerden que ese mismo poder del dedo les servirán para saciar sus instintos, para todo excepto para levantar la mano y querer dar una explicación al pueblo, que utilizará ese mismo dedo para castigarlos con el látigo de su desprecio. Ese es el poder del dedo.