24 marzo, 2013
* El conductor de la camioneta Nissan, niega que haya explotado.
Por JAVIER CONDE/CRÓNICA V
Marcos Sampedro Jiménez, el conductor de la camioneta que llevaba 75 gruesas de cohetes -equivalente a diez mil 800 cohetes y dos bultos de las famosas bombas- rompe el silencio. Se decide a hablar con tres periodistas.
Consumido por el dolor moral dice: “no me incriminen, evité una desgracia mayor”. Relata, paso a paso sobre lo que ocurrió el 15 de marzo, aquel día negro negrísimo.
Dicho personaje a quien se considera uno de los sobrevivientes de aquella tragedia que enlutó a Nativitas, decide hablar con éste y dos periodistas más. El otro apunte. A papel y tinta.
Afirma en la ciudad de México que no está prófugo y que se encuentra cuidando a su hija hospitalizada, quien tiene quemaduras de tercer grado. La conversación se daba en el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR).
Ahí, unos 30 familiares de los 11 pacientes que registran diversos síntomas y lesiones producto del estallido de cohetones en Tepactepec, están de guardia, permanente. El comedor lo han improvisado como albergue temporal.
“Estoy asustado”…
Sampedro Jiménez, dice asustado que teme a que se le finque responsabilidad alguna, una vez que se enteró a través de la televisión de que la Procuraduría General de la República (PGR), ha iniciado una averiguación previa.
El integrante de la comisión organizadora de este festejo sostiene que en Nativitas dicen que “ando huyendo y eso no es cierto porque estoy cuidando a mi hija quien resultó lesionada producto de dicho estallido”.
Explica que el viernes pasado, cerca de las 12:30 horas, inició la procesión por las diversas calles y cuando “circulábamos sobre la avenida Santa Ana, observé cuando se formó una nube gris y comenzó a escucharse un ruido muy fuerte”.
Prosigue “la nube ya no era gris sino negra; me bajé de la camioneta para ir al rescate de mi hija, pero reaccioné y me eché para atrás la unidad, marca Nissan, color blanco, con redilas para evitar una desgracia mayor”.
Ahora, señala que en la prensa se menciona que la camioneta estalló y “eso no es cierto porque me la llevé a un terreno de cultivo, para evitar una desgracia mayor; imagínense que efecto hubiera causado una estampida”.
Otro de los integrante de dicha comisión Israel Sampedro Bueno argumenta que no hay culpables porque todo se produjo en un accidente, donde “todos sabemos que el manejo de pólvora es un riesgo”.
Agrega que está en plena disposición para acudir a cualquier representación legal, parta rendir su declaración, pero ahorita “estamos preocupados por la salud de nuestros familiares que se encuentran aquí”.
Entre lo que se cuenta, es que los militares han acudido a la casa de aquel propietario del polvorín, aquel que vendió decenas de gruesas. En ese mismo, nosocomio donde todo es pulcritud llegan las suposiciones.
Peña de nuestro lado…
Ahí, corren miles de versiones pero las familias creen en la corte de los milagros. Ahí, una y otra vez no se deja de orar. Los nativenses agradecen al presidente de la República, Enrique Peña Nieto, su apoyo total.
Dicen que el mandatario federal le ha dado honor a su palabra para ayudar hasta el último segundo a las víctimas de Tepactepec.
Incluso, dicen que desde el director del INR hasta el intendente saben que deben apoyarlos hasta el último de su estancia en ese lugar porque es una instrucción presidencial y que a cabalidad debe cumplirse.
Y pese a la angustia y al diagnóstico médico adverso, la familia Bueno quien lleva ya varios días en ese nosocomio, son optimistas y deducen que aquí no hay responsables, que fue un fatal accidente.
Afirman que creen en Dios y que las lesiones que tienen los pacientes serán superadas, aún cuando saben que varios de ellos tienen quemaduras en los pulmones y en otras partes del cuerpo.
Pese a ello, los parientes son optimistas y reiteran su fe a Jesús de los Tres Caminos a quien depositan su fe para que cada uno de los 152 lesionados recobren la salud, aquella que se vio atentada un fuego mortal. Lo cierto, es que la verdad nunca se sabrá.
Y estas son las secuelas de un dolor avasallador donde parece haber cabalgado el quinto jinete del Apocalipsis, aquel que siempre cabalga en su pálido corcel, sí en un pálido corcel. Estos son los apuntes de un periodista, de un testigo de los hechos. Palabras redactadas en primera y segunda palabra. Aquí, las secuelas de un amargo e inmortal dolor.