23 febrero, 2013
Una crónica de periodistas
Por JAVIER CONDE/CRÓNICA
Una voz enfundada en la rabia advertía a periodistas: “No tomen fotos ni video `cabrones` sino ¡fuuuuuu!”… Al tiempo con su mano derecha simulaba como si tuviera una pistola.
Continuamente, ese sujeto de silueta robusta, moreno él, se dedicaba a amenazar a reporteros en Acxotla del Monte, allá donde estalló la violencia, allá donde privaron de su libertad a dos funcionarios municipales por los operativos anti-trata.
La movilización de una parvada de militares, así como de policías federales, estatales, ministeriales y municipales fue continua como continua fue la tensión y la pavura ese lunes 28 de enero.
Y qué decir del lado de la turba, de ese hervidero de enfurecidos rostros de hombres algunos ocultos con pasamontañas, otros con aretes y hasta el cabello teñido estaban dispuestos a encararse de tú a tú con quien fuera.
Así de claro se tuteaban con la autoridad, con la fuerza pública, con el Estado de Derecho, contra el orden. Hacían de la rebelión su presa más impulsa.
En sus manos tenían piedras, ladrillos, varillas, palos pero sobre corría por sus venas el síntoma de la necedad, el síndrome de la ignorancia. A las tres de la tarde fueron al supuesto diálogo pero terminaron por rebasarlo.
Y los enfurecidos lugareños del municipio de Teolocholco se llevaban al secretario del ayuntamiento, Javier Atonal Hernández y al director de la policía municipal, Adrián Tecuapacho Camacho.
El estallido de la euforia llegaba a su máxima escala y en medio de su brutal fuerza decidieron llevarse a los dos trabajadores del ayuntamiento hasta la presidencia de comunidad.
Entre un mar de gente de Acxotla, la movilización de la fuerza y el orden comenzaba a desplegarse hacia ese municipio sureño, donde un día antes se había dado un operativo anti-trata, según denunciaron los disgustados.
Y es que los mismos se quejaron de la policía federal y la ministerial federal. Dicen que en sus operativos anti-trata terminan por violar presuntamente sus derechos humanos. Esa era su rabia.
Soló el Ejército…
Ya en la presidencia de comunidad de Acxtotla, aquella turba de encolerizados habitantes se atrincheraba. Hacían suyo el pueblo y su suya la justicia. No entendían de razones.
En el interior de un inmueble oficial introducían al secretario del ayuntamiento y al director de la policía. No cedían a la razón, ejercían su inequívoco bastón de mando.
Y nuevamente advertían que estaban dispuesto a la confrontación. Y otra voz enérgica gritaba: “Si viene la policía nos topamos a `chingadazos`, aquí solamente entra el Ejército”. Y así fue. Un pelotón militar realizó un sólo rondín.
Mientras que aquellos rostros ocultos en el pasamontañas fulguraban miradas de trueno. Los sospechosos iban y venían. Se movían con palos entre sus manos como queriendo pelear. Unos y otros seducían a la violencia.
Y en la otra trinchera, un pelotón de militares y de hombres de azul permanecían frente al ayuntamiento de Teolocholco, considerado supuestamente por las autoridades como un punto activo en la actividad de la trata de personas.
Policías federales revelaban a este cronista que el operativo que se llevó a cabo hace 48 horas en esa comunidad fue para ingresar a un domicilio y sustraer información de dos supuestos tratantes de personas detenidos hace 30 días.
El ultimátum…
Entre una mancha de habitantes enardecidos, muy pocos periodistas ingresaban a la tierra de nadie. Las piedras sobre el suelo bloqueaban el camino principal hacia la presidencia de comunidad.
Y una misma voz sulfurada decía a los camarógrafos de Televisa y de TV Azteca Puebla, que no grabaran sino ¡Fuuuuu!… La misma advertencia era para los reporteros gráficos. Ese era el ultimátum.
Pese a ello, los reporteros tomaron fotos y video. No era un asunto de ciencia ficción. Y como dice la letra de la canción “El Periodista” de Los Tucanes aquí (en la actividad reporteril) se arriesga la vida.
Transcurrieron cerca de cuatro horas hasta que llegó el presidente municipal, Germán Texis Morales frente al lujoso Centro de Salud donde estaba la congregación de los rebeldes.
La agresión…
Ahí una señora regordeta, de piel agrietada y con los cabellos alborotados recibía al munícipe con una senda bofetada. Lo acusaba de apoyar los operativos. Pese a todo el edil mantenían la calma y le daba decoro al diálogo.
El alcalde explicó una y otra vez que él no tenía acceso a la información de cuando se realizan los operativos, ya que es una orden de un juez y en la que actúan solamente las autoridades ministeriales. Así es.
Empero, la necedad hacía presa de la ignorancia. Las risas burlonas, las críticas hacia la administración de Texis Morales, el enfado, el resentimiento, la tensión era la tónica de ese lunes gris allá en Acxotla.
Pero los periodistas se preguntaban por qué “Poseidón” no estaba con sus muchachos. Por qué el secretario de Seguridad Pública quien se ha ganado ese mote no iba con su tropa como siempre hace. ¿ Dónde estaba Orlando May Zaragoza?
Y cuando el reloj marcaba las 19:30 horas, de pronto salía un minúsculo grupo de policías estatales y municipales, con los dos funcionarios retenidos. Se había logrado su liberación.
Sin embargo, aquellas voces refugiadas en el anonimato y en la oscuridad de la noche comenzaban a gritar y a decir: “no los dejen ir, hay que agarrarlos a `chingadazos a los putos´, lancen piedras cabrones, aquí somos ley, somos banda”…
El vocablo poco ortodoxo estaba en su máxima expresión y la adrenalina al tope. Los funcionarios retenidos eran cubiertos con una chamarra en su rostro y buscaban subirlos a una camioneta color blanco para fugarse.
Los periodistas comenzaron a correr para tomar fotos y video. La lluvia de pedradas, la ráfaga de piedras era avasalladora contra los comunicadores. Y la fuerza brutal iba sobre los funcionarios redimidos y contra los reporteros.
Mientras que un mínimo número de policías permanecían en el lugar y fueron esos mismos que evitaron que al edil lo retuvieran.
Y qué decir de ese mar de militares y policías, unos durmiendo en los automóviles y otros hasta chacoteando frente a la presidencia de Teolocholco. Acxotla ardía de furia.
Artera agresión
La toga de piedras y ladrillos llegaba hasta el vehículo de la corresponsal el diario Reforma, Ana Vázquez, en un clara y artera agresión de los rabiosos provincianos.
Sabían los lugareños dónde habían quedado nuestros autos; sabían que los periodistas éramos presa fácil; sabían que los militares, la fuerza federal y estatal no llegarían a ese lugar donde se consumó su amenaza contra la prensa.
Los periodistas prácticamente huíamos de ese lugar donde la violencia sentó sus reales y donde el operativo militar y policial fue poco efectivo para evitar el estallido de la violencia, ese tatuaje que hizo distinto un día normal.
Aquella tarde-noche, la violencia estalló en Acxotla, donde aquellos exuberantes rascacielos, aquellas casas ostentosas al estilo Tenancingo fueron testigos de la violencia. Sí del fanatismo ciego.
Vino la solidaridad
Al final, los periodistas se solidarizaban con Ana Vázquez, del Diario Reforma. Y entre risas nerviosas esos mismos reporteros coincidían “salimos bien de otra… lo más importante es que vivimos para contarla”. Y vaya que sí.
Y queda claro, que el periodismo es una lúcida mente sin reposo como dice Julio Scherer, fundador de la revista Proceso.
Él dice que el periodismo es historia de un hombre y es historia de todos los hombres, hecho singular, ni minúsculo y epopeya o tragedia grandiosa
Señala que el periodista no puede admitir vacíos en su trabajo, se instalada donde otros no pueden llegar, acude a donde no todos son convocados.
El periodista, es cronista por excelencia, narrador sin par; el periodismo se parece poco a la humedad y el viento. Hace puertas de los intersticios y se cuela, se filtra por inverosímiles espacios.
Presente (el periodismo) en todo espectáculo, ha de escuchar las conversaciones tenidas por secretas y ha de mirar de modo natural cuanto su protagonista tiene por asombroso.
Pero en la sublime locura de hacer todos los días algo distinto, hay peligro. En la vida del periodista hay hitos y todo es digno de conmemoración. No hay horas vacías en su existencia, dice el propio Scherer García.
Y como dice Gabriel García Márquez autor del “Vivir para contarla” que el periodismo es el mejor oficio del mundo porque nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia… Así es nuestra talacha.
Pero lo cierto, es que Acxotla vivió, esa día gris, la máscara de la violencia y en cuyo rostro guardaba el fantasma de la seducción suprema. Ese día, el gélido viento bailó junto con el aroma del miedo. Lo cierto, es que se cruzó esa línea que divide el bien del mal.