Tlaxcala entre caudillos, tiranos, caciques… y virreyes

18 enero, 2013

Escribe JAVIER CONDE GUTIÉRREZ

No hay peor ciego que el que no quiere ver y así están los diputados del PRD y del PAN, Gelacio Montiel Fuentes y Justo Lozano Tovar, pues cuando ocuparon cargos públicos en los sexenios de Alfonso Sánchez Anaya y Héctor Ortiz Ortiz, respectivamente, jamás revelaron excesos.

Por ejemplo, el sexenio del expriísta y experredista, Alfonso Sánchez Anaya, estuvo plagado de polarización con los grupos sociales, así como intentos por acallar a periodistas mediante un artero atentado a la libertad de expresión con el polémico decálogo de la ignominia.

Y es que el discurso del exsecretario de gobierno lleva jiribilla contra el actual gobernador quien efectivamente ha cometido algunos yerros, pero el pueblo recuerda que el sexenio perredista estuvo plagado de excesos que derivaron en el encono social.

Basta señalar que Sánchez Anaya creaba problemas y luego no sabía resolverlos. En su gestión se dio la privación ilegal de dos exfuncionarios Fabián Pérez Flores y Roberto Cubas Carlín, precisamente, por no saber escuchar y resolver los problemas.

Y si no lo recuerda el encono y la venganza política de Sánchez Anaya que Montiel Fuentes le pregunte a los permisionarios del transporte público, al Movimiento de la Bases Magisteriales, a los presos políticos (Arturo Técuatl Hernández, José Luis Arguijo, Jaime Montiel Coto, Elesban Zárate Cervantes), al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación o bien a habitantes de municipios.

Acaso Montiel Fuentes tampoco recuerda cuando el perredista Cristóbal Luna Luna denunció un presunto acto de corrupción en la organización del Certamen Nuestra Belleza 2000, que se celebró en la ciudad de Apizaco. ¿En dónde quedaron 20 millones de pesos? ¿dónde?

Tampoco el diputado se acuerda cuando Sánchez Anaya intentó imponer al magistrado Hugo Morales Alanis como presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) y que otro perredista Rufino Mendieta Cuapio, se enfrentó política y jurídicamente contra él. Lo anterior generó una convulsión en dicho poder.

O bien que recuerde el diputado cuando el exgobernante envío una partida de dos millones de pesos que terminaron por repartirse en lo “oscurito” los líderes de cada fracción en el Congreso Local, y que se vieron obligados a regresarlos cuando se generó un escándalo en la prensa.

Una más, Montiel Fuentes ya no tiene presente cuando el exgobernador y ahora el fiel seguidor Andrés Manuel López permitió impunemente que uno de sus hijos se convirtiera en el único distribuidor de agua purificada en todas las dependencias estatales. Agua Marina era o es la marca.

Ya olvidó el diputado del sol azteca cuando varias tribus de su partido se revelaron a que Sánchez Anaya impusiera a su esposa María del Carmen Ramírez como candidata de la izquierda al gobierno de Tlaxcala y así atreverse a instaurar su propia monarquía.

Por ello, es necesario decirle que un cacique de su partido gobernó Tlaxcala, que intentó imponer su voluntad pero terminó por ser severamente criticado en la prensa local y nacional, y más aún que el pueblo, la raza evitó que Sánchez Anaya se enquistara en el poder.

Pero también el pueblo tlaxcalteca no olvida aquella ola de secuestros que se cometieron en el sexenio de Sánchez Anaya y que ocupó la entidad uno de los principales lugares en plagios tal y como lo revelara el sector empresarial, el cual alzó enérgicamente la voz.

Un recordatorio más para el legislador perredista. Sánchez Anaya tuvo como subprocurador a Edgar Bayardo del Villar, quien fue asesinado hace más de dos años, luego de que se declarara testigo protegido de la DEA en los Estados Unidos y que tuviera supuestos nexos con el narco. Así lo reveló la prensa nacional.

Un virreinato llamado Tlaxcala

El diez de marzo de 2008, la conocida revista Emeequis realizó un reportaje titulado “Un Virreinato llamado Tlaxcala” en el cual la reportera Fátima Monterrosas reveló que en el gobierno de Héctor Ortiz Ortiz, el nepotismo no es algo mal visto.

Señaló que “tres de sus hermanos trabajan con él. Tampoco es extraño que con dinero público se compren bienes para ser entregados sin costo a particulares y que en ellos se instalen hospitales. Ni mucho menos que esos hospitales tengan contratos con el gobierno local”.

“Por ello nadie se asombra de que el `gober` haya asignado a ´su´ gente dos tareas: colarse en diversos partidos e incluso crear dos pequeños partidos locales afines al gobernador. Qué decir, además, de la pensión vitalicia que el gobernador cobra como ex rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala”.

“Y qué de los empresarios amigos que reciben contratos públicos y de muchas otras cosas más. Esta es la historia de un virreinato llamado Tlaxcala”.

De lo anterior, este columnista considera necesario reproducir aquel reportaje de la revista Emeequis, en el cual habla sobre la instauración de un virreinato en la tierra de los Cuatro Señoríos (Tizatlán, Ocotelulco, Quiahuixtlán y Tepetipac). Cada palabra, cada párrafo, cada documento jamás fue desmentido por el entonces gobernador nacido en Oaxaca.

Además, el 16 de octubre de 2009, la prensa local relató que entre empellones, golpes y la tribuna “tomada” por algunos diputados, este jueves se habría concretado la reforma a la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT).

Lo anterior, permitió validar la posibilidad de la reelección inmediata del rector Serafín Ortiz Ortiz.

“Es más, en un hecho inédito para la vida política local, Rodolfo Ortiz Ortiz, actual director administrativo del Hospital Infantil de Tlaxcala y hermano del gobernador Héctor Ortiz, ingresaba de manera violenta a la sala de plenos del Congreso Local, para presionar la aprobación de la norma, relató puntualmente el periodista Juan Luis Cruz”.

“Aspecto que enervó a los opositores, al grado que intercambió algunos golpes y empellones con el diputado del Partido Nueva Alianza (PANAL), Enrique González Sandoval”, cita el periódico La Jornada de Oriente.

Y que quede claro que no defiendo al gobernador Mariano González Zarur, porque se defiende solo, pero lo cierto es que aquel discurso del 15 de enero de 2010, dista mucho de lo que prometió combatir la corrupción por parte de quienes administraron al estado un sexenio anterior.

Sólo su gabinete ha revelado excesos cometidos en la asignación de obra pública, de no comprobar recursos que se manejaron del erario públicos, entre otras supuestas anomalías que no han sido sancionadas en el orden legal.

Con lo anterior busco decirle a mis lectores que cada sexenio ha sido lo mismo donde el imperio del más fuerte prevalece y ejerce su poder al costo político que sea pasando por alto al pueblo de Tlaxcala.

Y es que la instauración de virreinatos y de monarquías siguen imperando en Tlaxcala y que los diputados Gelacio Montiel y Justo Lozano Tovar no quieren ver o recordar.

* A continuación reproduzco dicho trabajo periodístico citando la fuente del medio de comunicación y de la reportera; por ciento jamás Ortiz Ortiz, desmintió dicho trabajo o por lo menos jamás se hizo público su malestar con respecto a dicha investigación.

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¿Quién los viera?… Ahora aquellos diputados panistas que siempre critican y que siempre despotrican en contra del gobernador Mariano González Zarur, (Adolfo Escobar Jardínez, Lilia Caritina Olvera Coronel, Fortunato Macías Lima, entre otros), deberán reingresar a las arcas del Congreso Local, 180 mil pesos cada uno.

Lo anterior, por recibir apoyos del Ejecutivo a fin de aprobar leyes y otros favorcitos. Es válido sugerirles a los señores diputados vinculados con el orticismo que jamás escupan hacia arriba.

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