OSVALDO Y EL PRESIDENTE

26 diciembre, 2012

*Además, le joven tlaxcalteca le regaló un libro El Laberinto de la Soledad, de Octavio Paz.

Por JAVIER CONDE/ CRÓNICA

Osvaldo se fajó los pantalones y se plantó frente a Enrique Peña, el hombre de la investidura presidencial, el hombre más poderoso del país. El joven tlaxcalteca le regaló un libro al tiempo que le pidió apertura ante quienes tienen una expresión crítica sobre algunas acciones de su gobierno.

La reacción del priísta fue de asombro y tomó con ambas manos aquel obsequio y una carta que le dio Osvaldo. El fondo tiene muchas connotaciones. El mandatario federal respondió con un pequeño vocablo: ” tenlo por seguro que sí habrá apertura… así será”.

Luego el mexiquense le dio un emotivo abrazo al valiente y despeinado provinciano que salió de la nada. Y cuando Peña Nieto rememoró -en su arenga- lo que minutos le dijo Osvaldo, de inmediato algunos periodistas lo tomaron como una indirecta hacia el presidente.

Y es que los reporteros recordaron aquel oso del entonces aspirante a la presidencia de la República quien fue severamente criticado en ese diciembre de 2011, durante su estancia en la Feria Internacional del Libro (FIL) en la ciudad de Guadalajara.

Los mismos periodistas se encargaron de señalar que Osvaldo le llevó el mensaje a Peña Nieto de que no debe olvidar tres cosas básicas:  Leer y releer libros, respeto irrestricto a la libertad de expresión y acciones tangibles en su nuevo gobierno.

Y quién diría que su asistencia a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara podría convertirse en el Waterloo de Enrique Peña Nieto, como lo relató puntualmente el periódico El Economista, en su edición digital de aquel cinco de diciembre de 2011.

Su inseguridad, equivocación y dudas para responder la simple petición de que mencionara sus tres libros preferidos y que más lo han marcado en la vida  (planteada por el corresponsal de El Mundo, Jacobo García), lo exhibieron como nunca en su carrera política. Sus erráticas respuestas a esa simple pregunta le dieron, literalmente la vuelta al mundo.

“Pues, he leído varios, desde novelas, que me gustaron en lo particular. Difícilmente me acuerdo del título de los libros. La Biblia es uno. La Biblia en algún momento de mi vida y algunos pasajes bíblicos. No me leí toda la Biblia, pero sí algunas partes; sin duda, en alguna etapa de (mi) vida, fue importante, sobre todo en la adolescencia”, dijo Peña Nieto

Y ese día añadió: “Leería algo que seguramente mi vocación por la política alentaba este espíritu. ‘La Silla del Águila’, de Krauze [en realidad de Carlos Fuentes] (…) Y hay otro libro de él mismo que quiero recordar el nombre sobre caudillos, (pero) no recuerdo el título exacto”.

Los escasos cuatro minutos que se llevó Peña Nieto para intentar articular una respuesta a la simple pregunta se volvieron eternos. El tiempo ya pasó sin embargo, Osvaldo le hizo recordar al presidente ese episodio difícil, dificilísimo de aquel recapitulado otoño.

Las mismas prácticas

Y desde temprano comenzó el acarreo de personas al más viejo y puro estilo del PRI. Un periodista le dijo a otro colega: “Parece que el tricolor regresó con nuevos bríos, con mucho oxígeno pero con las mismas prácticas”. Y efectivamente así fue.

Los autobuses repletos de campesinos, los lunch, las cartulinas, la muchedumbre marcaron la pauta en la primera visita del presidente Peña al estado de Tlaxcala. Lo que sí quedó claro es que el exgobernador del Estado de México, aún tiene un alto grado de aceptación entre los priístas.

Desde que llegó hasta que se fue Peña Nieto se tomó fotografías, estrechó abrazos con la raza, con el pueblo y hasta con uno que otro político que andan en precampaña. En todo momento, los ahí presentes lo ovacionaron, lo vitorearon: ¡Presidente! ¡Peña! ¡Peña!…

Mientras que el mexiquense evocó la frase del presidente de Estados Unidos, Barack Obama: “Sí se puede, sí se puede, si nos ponemos de acuerdo”. Una y otra vez estallaron los aplausos de la concurrencia.

No era sala de sesiones…

Y qué decir de los diputados locales que llegaron tarde al evento exigieron un asiento en primera fila pero se equivocaron con el Estado Mayor Presidencial, su jerarquía no sirvió de nada. Se comprobó que los legisladores tlaxcaltecas tienen el síndrome de la tardanza.

Teodardo Muñoz Torres, Tulio Larios Aguilar, Eladia Torres Muñoz, Bernardino Palacios Montiel, Adolfo Escobar Jardínez y Ramiro Vázquez Ramos no entendieron que era una visita presidencia y no la Cámara de Diputados, donde los retardos y la suspensión de sesiones por falta de quórum son una constante.

Aún así los guaruras del gobernador Mariano González Zarur, les consiguieron algunos lugares para sentarse cerca del presidente y darse su baño de pueblo. El rictus de la salutación al más puro estilo político perduró todo el evento como signo de su poderío, de su arrogancia, de su propio ego.

Pero lo que fue notorio es que Peña reunió a todas las expresiones políticas del estado, a todos aquellos que critican al PRI y a sus gobernantes como los diputados panistas Justo Lozano Tovar y Lilia Caritina Olvera Coronel.

Los abucheos…

Y cuando la oradora hizo la presentación del presídium, la división de opiniones fueron claras para el actual jefe del Ejecutivo Estatal, Mariano González Zarur, así como en una tarde de toros.

Sin embargo, una reyerta de abucheos se dejó escuchar en contra del presidente municipal, José Hilario Salas Galán. Y qué decir, los recordatorios para su santa jefecita también. Fueron muchos, muchos.

La misma ovación se generó cuando presentaron al presidente de comunidad de San Bartolomé, Carlos Ángel Hueyotlipan Méndez, chiflidos, abucheos, rechiflas y los recordatorios también rebotaron para su santa jefecita.

Cuando Peña Nieto tomó la palabra señaló que la expresión de la gente, es el reflejo del sentir social y agregó que la libertad de expresión será una garante en su gobierno.

Asimismo, el gobernador González Zarur dio a conocer parte de su segundo informe de labores, de los logros alcanzados, de los desafíos, del rezago que registra Tlaxcala y por supuesto, de los retos.

Y nuevamente el Ejecutivo Estatal criticó las acciones hechas por sus antecesores en materia de empleo, desarrollo económico e infraestructura urbana.

Por fin, los discursos se habían acabado en San Pablo del Monte, donde se puso en marcha la Jornada Invernal de Prevención y donde Peña Nieto señaló que será un presidente itinerante, que se ensuciará la suela de los zapatos para estar cerca de la gente más necesitada.

Y pronto muy pronto, el gobernador calló bocas a todos aquellos que lanzaron rechiflas contra su gobierno. Aproximadamente, cinco mil cobertores se regalaban entre la multitud que tomó entre sus manos un cobertor marca Providencia.

Entre policías federales, estatales, municipales, así como de un batallón de militares aquellos acarreados criticones salían contentos del evento que marcó una movilización al más puro estilo priísta.

Los músculos de los rostros de señores y señoras expresaron su felicidad como aquella mujer regordeta, de mejillas agrietadas y despeinada que le dijo a su acompañante: “¿Oye será cierto que el gobernador nos regalará nuestro marranito como lo prometió?”

Y fue esa misma señora intentó que se le regalara otra cobija, en otro lugar donde se realizó el evento pero no pudo engañar a los trabajadores del gobierno y que decidió perderse entre la multitud ante su intento fallido, ante su desfachatez.

Fue esa misma mujer que abucheó al mandatario, al edil y al presidente de comunidad. Sí esa misma.

Fotografia: Pincel de Luz

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