04 diciembre, 2012
Escribe ALEXIA BARRIOS G.
Muchas dudas surgen alrededor de las recientes protestas del 1 de diciembre, y más cuando salen a relucir varios elementos: presencia de grupos subversivos ligados al EPR, anarquistas entrenados para actos de resistencia, probables grupos pagados por el crimen organizado en Coahuila y Sonora para hacerse pasar por “guerrilleros”, e incluso, algo más disparado: un plan confabulado desde alguna mente perversa al servicio de Ebrard, del equipo de Peña Nieto o de las huestes de René Bejarano.
Sin embargo, todos los caminos parecen llevar al grupo armado denominado Ejército Popular Revolucionario. Por azares del destino, en algunos momentos de mi trayectoria personal y profesional, me he tomado con alguno de los integrantes de esta organización que operan, efectivamente, en la clandestinidad. Y por más cerca que he estado, por más que he investigado, no logro descifrar qué hay detrás y cuáles son sus objetivos reales.
El EPR se presentó públicamente el 28 de julio de 1996 en el municipio de Coyuca de Benítez en el estado de Guerrero, durante un acto en vado de Aguas Blancas para conmemorar el primer aniversario luctuoso de los sucesos un año antes, en la que murieron 17 campesinos integrantes de la Organización Campesina de la Sierra del Sur.
En el acto estuvieron presentes Cuauhtémoc Cárdenas, quien de inmediato los calificó como una “pantomima”, los párrocos Máximo Gómez Muñoz y Orbelín Jaramillo Diego, así como Benigno Guzmán Martínez, Hilario, Rocío y Norma Mesino Acosta, así como Reyna Avelino Huizache todos ellos dirigente de la Organización Campesina de la Sierra del Sur y acusados de pertenecer al grupo armado. Tiempo después, varios de ellos fueron ejecutados en extrañas circunstancias y otros encarcelados o perseguidos.
Otro de los participantes el ex diputado del PRD, Ranferí Hernández Acevedo se exilió en Francia y regresó años después para ser relegado de toda acción pública. Hilario Mesino fue excarcelado y promovido como opositor a ultranza del gobierno municipal del PRD en Acapulco. Regresó con la izquierda partidista en el gobierno estatal y luego del asesinato de estudiantes normalistas de Ayotzinapa regresó a la oposición.
De acuerdo con datos difundidos por varios medios y atribuidos al gobierno federal, los orígenes del EPR se remontan a la década de los años setentas especialmente al Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo – Partido de los Pobres (PROCUP – PDLP).
Hasta hace poco, entre los objetivos de esta organización estaban la toma del poder político, la instalación de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo, a través de la lucha armada apoyado en el esquema de “guerra popular prolongada”. Ahora, sus objetivos son la presentación de presos y desaparecidos políticos y en acusar al gobierno federal de ilegítimo (primero con Felipe Calderón y ahora con el de Peña Nieto).
Si bien no existen datos precisos que contundentemente lo confirmen, sí hay señalamientos de autoridades federales y estatales de la presencia del EPR o alguno de sus operadores en los conflictos recientes, como el movimiento del CGH de la UNAM, de 1999; de la extinta Escuela Normal Rural El Mexhe, en Hidalgo; del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco, surgido en 2002 y reprimido en 2006; de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, que tomó una ciudad completa el año pasado; de la Asamblea Popular de los Pueblos de Guerrero, que en este momento tiene contra la pared al proyecto de la hidroeléctrica La Parota y las acciones de los normalistas de Ayotzinapa en la toma de radiodifusoras y la violencia en Guerrero; que también estuvieron en las explosiones de instalaciones de Pemex en Guanajuato o que hay elementos de que estuvieron atrás del conflicto en Cherán azuzando a los normalistas y profesores de la CNTE.
Pero algo ha pasado. Estas acciones que la izquierda electoral e institucional ha descalificado, de las que se ha deslindado una y otra vez, ahora parecen darle buen recibimiento. En 1990 el PROCUP asesinó a dos vigilantes del diario La Jornada y desde entonces no dio espacios a sus comunicados ni cobertura de héroes a sus comandantes.
Ahora el EZLN quedó relegado y el EPR toma su lugar en sus páginas informativas y editoriales. El mismo “Marcos”, convertido en promotor de candidatos del PRI en Chiapas, que alguna vez dijo que más a la izquierda del EZLN estaba el terrorismo, “legitima” las acciones eperristas.
No entiendo qué pasa con el EPR ni con la izquierda mexicana. En la discusión y análisis sobre la reaparición del EPR, la revista digital Índigo el 31 de agosto, 2007, señaló a un grupo de aliados estratégicos del PRI y Peña Nieto, al ex senador René Arce Islas, ex de la corriente Nueva Izquierda del PRD, de ser uno de los altos mandos del EPR, el “comandante Oscar Nahúm Círigo Vázquez”.
En efecto, el ex legislador perredista tiene dos hermanos metidos en el EPR: Naúm y Blanca Estela. El mismo Arce Islas y su hermano Víctor Hugo Círigo Vázquez, formaron parte de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Cuando ambos recibieron la amnistía presidencial, tuvieron facilidades para incorporarse al Partido Socialista de los Trabajadores, de triste memoria.
No entiendo qué pasa. Alguien debe explicar esto. Por ello, quiero citar al muy respetado Roger Bartra apuntó alguna vez que:
“El poder dominante, firmemente anclado en la realidad, desarrolla el espectáculo de una estrategia de simulación que lo conduce a la victoria objetiva, la liquidación de los terroristas, y provoca una cohesión social en torno al gobierno ‘amenazado’ por los terroristas. El modelo de simulación implica que el aparato estatal se introduce en una espiral de represión que se confunde completamente con la naturaleza imprevisible del terrorismo, que usa métodos semejantes en un mundo opaco semisecreto.
“El modelo de simulación es una trampa: mantiene en secreto una serie de acontecimientos (suicidios que parecen asesinatos o viceversa, extrañas desapariciones, agentes dobles, etc.) pero astutamente deja cabos sueltos que permiten entrever una ‘verdad oculta’ que ha de ser descubierta. A la ‘opinión pública’ le queda la tarea de buscar la verdad, los hechos, lo real, bloqueándose así su solidaridad con la virulencia simbólica e imaginaria del terrorista.”
Aquí, tal vez, esté la respuesta a muchas de las interrogantes a lo que está ocurriendo aquí en la Ciudad de México, pero también en Oaxaca, Guerrero y Michoacán.
alexiabarriossendero@gmail.com