12 diciembre, 2012
Escribe ALEXIA BARRIOS G.
En las condiciones actuales de crisis económica-estructural, que ha repercutido negativamente en el comportamiento del mercado de trabajo, ¿vale la pena estudiar más años, es decir, conviene realizar estudios superiores en orden a posibilitar una inserción laboral privilegiada?
Bajo esta perspectiva, comenzaré diciendo que el empleo de los estudiantes graduados por parte de los sectores de servicios y productivos, se encuentra enmarcado en un complejo sistema de relaciones sociales, económicas, políticas e ideológicas, que no pueden soslayarse si se pretende un abordaje integral del mercado de trabajo de los profesionales.
Las respuestas a esta interrogante no pueden ensayarse sin antes realizar una breve síntesis de algunos de los principales cambios ocurridos en el mundo laboral en México y en particular en el estado de Tlaxcala, que sin duda, operan como condicionantes intervinientes en la relación educación-trabajo (en este caso universitaria).
A partir de allí, se esboza el rol que juega la educación en este proceso para, posteriormente, ensayar algunas respuestas que deben considerarse sólo como aproximaciones que encierran desafíos que merecen ser profundizados en futuros estudios.
En las últimas dos décadas, el mercado de trabajo en México y, consecuentemente en el estado de Tlaxcala, reflejó en su comportamiento de ciclos de expansión y recesión sucesivos, un alto grado de inestabilidad e incertidumbre que caracterizó a la economía del país.
La estabilidad alentó la expansión de la actividad económica, la que fue acompañada por el crecimiento de la oferta de trabajadores y de los problemas de empleo y por una flexibilidad laboral de hecho y de derecho.
En la primera mitad de los noventa, la evolución de la tasa de desempleo abierto en las zonas urbanas, presentaba un marcado de deterioro.
Tomando como base, a título de ejemplo, los datos de /octubre/94, se advierte que en el aglomerado urbano, a medida que se asciende en los niveles educativos existe una fuerte probabilidad de inserción laboral en servicios: los trabajadores con primaria completa representan el 38,6%, con secundaria completa el 50,7%, y con superior o universitario completo el 71,6%.
Hacia octubre/98, la escasa participación histórica en la industria de los que alcanzaron niveles superiores de educación, se encuentra aún más acentuada ya que los guarismos descienden de 4,1% (octubre/94) a 2,4%, mientras que el trabajo en servicios concentra al mayor número de graduados terciarios y universitarios.
Esta constatación guarda relación con las características paradigmáticas que definen el mercado de trabajo urbano provincial: exigüidad del empleo en el sector privado y sobre representación del sector público en relación a los valores nacionales. Tendencia que por su parte se presenta muy marcada para el segmento de población ocupada con nivel de educación superior.
Así, tomando sólo el caso de jefes de hogares con nivel terciario y universitario, el 56,7% trabaja como asalariado del sector público y en el país desciende al 34,3%.
En cambio, la situación se invierte cuando se trata del sector privado: los asalariados como los trabajadores cuenta propia y, en menor proporción, los patrones representan magnitudes significativamente inferiores en la provincia (43,3%) respecto de las cifras para el total país (65,7%).
No hay que olvidar que, hasta no hace mucho tiempo atrás, la educación fue el canal más importante que permitió el surgimiento y consolidación de la gran clase media de México, de ellos hablamos cuando nos referimos al mercado de trabajo de los profesionales.
Parece ser que la formación de recursos humanos, por la que el sistema educativo, en nuestro del nivel superior, proveería tanto en cantidad como en calidad la mano de obra que el sistema económico requiere y que la dinámica de las estructuras productivas absorbería y emplearía adecuadamente, no encuentra confirmación en la realidad dado el grado de desaprovechamiento de los grupos universitarios considerados.
Quienes compartimos el interés por lo social, estas cuestiones se presentan como altamente problemáticas y merecen ser seriamente abordadas y profundizadas en futuros estudios.
Por ello, es urgente y necesario nuestro apoyo como diputados locales, por lo que la propuesta que presenté en el Pleno del poder Legislativo el pasado seis de diciembre, está encaminada a crear una coordinación en las áreas operativas y de planeación, correspondientes a las instituciones de nivel superior descentralizadas, misma que será encargada de promover y asegurar el empleo a los jóvenes.
Dicha propuesta, pretende adicionar la fracción I al artículo 23 de la Ley de la Juventud, para que se promueva obligatoriamente una bolsa de trabajo para emplear y beneficiar a la juventud, además para que los convenios existentes y los que se promuevan con el sector empresarial y de servicios que operen en el estado, empleen y beneficien en primera instancia a la juventud tlaxcalteca.
Por lo cual, como diputado integrante de la LX Legislatura local, impulsaré estas acciones con la finalidad de apoyarlos y contribuir, al mismo tiempo, al desarrollo de nuestra entidad para que sí valga la pena continuar realizando estudios superiores que garanticen la inserción laboral.
*Integrante de la LX Legislatura