29 noviembre, 2012
Escribe ALEXIA BARRIOS G.
Mataron a otra Miss. Impacta la noticia, aunque el tema siga siendo el constante desde hace bastante tiempo. Hace tres años, otra reina de bellezadetenida con narcos inspiró hasta una película de mediana calidad: “Miss Bala”
No son los únicos casos. A mediados de los años 80 del siglo pasado nos sorprendió la relación de una hija de un político de Jalisco con el entoncescapo de capos, Rafael Caro Quintero. Era una jovencita que no resistió la tentación del poder del entonces mayor narcotraficante del país, a pesar del poderío que le daba ser hija de prominente político.
Poco después otro escándalo emergió en la prensa nacional cuando se descubrió que varias estrellas de la televisión nacional y alumnos universitarios de la Ciudad de México pertenecían a un grupo de narcotraficantes que practicaban el satanismo, al cual bautizaron como “los narcosatánicos”.
De los años 80 a la actualidad, en las calles, colonias barrios y pueblos de nuestro país las pandillas tradicionales de jóvenes, tipo los “panchitos” o los “monkies”, han sido desplazadas por otro tipo de grupos e individuos con otro tipo de características. Ya no sólo son más violentos en su actuar, sino que forman parte de redes de protección, distribución, enlace y enganche del narcotráfico. Sus integrantes no tienen ideología, pero sí un objetivo que los mueve a todos: tener mucho dinero fácil para vivir la vida.
En forma acelerada, en menos 20 años en nuestro país la falta de oportunidades que el Estado no les ha dado a los jóvenes ha sido aprovechada por los narcotraficantes.
La detención de Nuestra Belleza Sinaloa en diciembre de 2008 junto con otros presuntos narcotraficantes pertenecientes al cártel de Juárez, y la ejecución esta semana de otra belleza que andaba con sicarios de unos de los cárteles en conflicto en su entidad, no son más que pequeños ejemplosdel otro mundo que hay detrás del crimen organizado en nuestro país.
Ejemplos como éste existen en gran parte del territorio controlado por los distintos cárteles de la droga, donde jovencitas, de todos los niveles sociales, llamadas “cisnes”, son utilizadas como pantallas o consortes de los capos; donde los varones son reclutados para ser informantes y preparados para ser sicarios.
En 1999, salió a la luz pública la sorprendente historia de Catalina, protagonista de “Sin tetas no hay paraíso”, una jovencita de un barrio pobre colombiano cuya máxima aspiración, para dejar atrás la miseria, era ser la consorte de los capos del narcotráfico de su país. Su autor, Gustavo BolívarMoreno, tuvo éxito arrollador al llevar su narración a la destacable industria cultural de su país y de otras partes de América Latina y de España, porque la triste vida de Catalina, de sus amigas, de sus vecinas y hasta de su hermano, era similar a la de muchos jóvenes de nuestros países.
Otra historia similar ocurre con el relato de Andrés López López en “El Cártel de los Sapos”, quien pese a algunas omisiones, da cuenta de cómo piensan y cómo se construyen las redes sociales del narcotráfico en su país, que es muy similar a como ocurre en México, en Centroamérica, en Brasil oArgentina.
La académica e investigadora del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente, Rossana Reguillo, durante su intervención en el primer Seminario Internacional “Mundos Juveniles, Los desafíos de la sociedad contemporánea”, llevado a cabo en Guadalajara en noviembre de 2008, expuso que:
“Lo que puede detectarse en este momento es una extrema vulnerabilidad en los jóvenes en el sentido de que se han convertido en algunos países de América Latina, y de manera especial en México en carne de cañón para el narcotráfico. En los últimos meses ha incrementado el reclutamiento a sus soldados, a sus sicarios entre las filas de los jóvenes más precarizados de los barrios populares de distintas ciudades del país. Los datos están indicando de manera contundente que se está produciendo un fenómeno al cual apenas estamos pudiendo entender de qué está hecho… Los datos van aumentando de manera alarmante”.
El saldo social del neoliberalismo en nuestro país también arrojó este fenómeno, al que el Estado mexicano hizo caso omiso. Ahora vienen los efectos de la crisis del neoliberalismo y se habla de situaciones muy severas para todos, pero en especial a los jóvenes que esperarán en vano insertarse a la institucionalidad, por lo cual no se duda que sean capitalizados por los señores del narco que ofrecen dinero, riqueza y nuevo estatus a sus vidas a pasos agigantados.
alexiabarriossendero@gmail.com